Acueducto Romano de Toledo

 

Nombre: Acueducto romano de Toledo
Localidad: Toledo
Provincia: Toledo
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Acueducto
Estado: Vestigios
Visita: Libre
Localización: N39° 51.461′ W4° 01.049′, N39° 51.466′ W4° 01.072′, N39° 51.460′ W4° 01.009′

El conjunto de abastecimiento hidráulico nacía en la presa de Alcantarilla en Mazarambroz, en el arroyo Guajaraz. Iniciada su construcción en el siglo I, los mismos romanos ampliaron esta presa desviando hacia la misma también el curso del arroyo de San Martín de la Montiña, hasta alcanzar una capacidad de 3,5 millones de metros cúbicos, es decir 3 hectómetros cúbicos y medio, que no está nada mal.

Desde esta presa comenzaba el specum o canalización a traves de los 38 kilómetros que separan Alcantarilla de Toledo. A veces enterrada, a veces elevada, la canalización iba de este modo salvando las dificultades orográficas. El punto más difícil llegaba al acercarse a Toledo, ya que las fuertes pendientes que conducen al Valle del Tajo hacían que el agua pudiera alcanzar fuertes velocidades con peligro de perder toda la carga. Los ingenieros romanos lo solucionaron empleando las denominadas torres acuarias donde el agua se almacenaba en un depósito intermedio, caía a otro al rebosar este y de nuevo, ya sin fuerza y purificada por decantación, dicha agua era recanalizada con una pendiente pequeña, hasta llegar a la siguiente torre acuaria si el desnivel persistía (había 4 torres acuarias cerca de Toledo). Estas torres acuarias están aún en pie en el paraje de La Sisla y fueron fotografiadas ya en el siglo XIX y comienzos del XX (cuando el vulgo las llamaba “horno del vidrio”).

Pero la principal dificultad consistía en salvar la hoz del Tajo en Toledo, justo antes de adentrarse en el promontorio rocoso de Toletvm. Aún hoy son patentes los estribos de mortero de esta obra, desprovistos de la sillería de piedra por diferentes expolios y avatares, anclados a la roca madre justo a la altura del puente nuevo de Alcántara.
En ese lugar los romanos se vieron obligados a construir un acueducto, del que esos estribos eran la sujección y que salvaba el tajo que el río había allí generado en su secular discurrir por el lecho rocoso.
¿Y como era el Acueducto? Pues bien, dado que dejó de funcionar hacia el siglo IX (estuvo en pie unos 1000 años, nada menos), sus recreaciones no dejan de ser algo aventuradas.

Rey Pastor, a principios del siglo XX propuso un acueducto de 70 metros de altura, con tres arcadas:

Más tarde, Ortiz Dou lo propone con igual altura pero con sólo dos pisos. Años después Fernández Casado y Smith propusieron la recreación hasta ahora más aceptada. Su hipótesis resta altura al acueducto al considerarlo acueducto-sifón, es decir, un sistema hidráulico que, mediante vasos comunicantes, podría tener un tramo descendente, un tramo central horizontal (vientre de sifón) y un tramo al otro lado ascendente que permitiría recuperar el nivel del agua del otro lado del río mediante el citado principio de vasos comunicantes. De este modo, el acueducto de Toledo se correspondería con un vientre de sifón más o menos horizontal situado entre las cotas superiores de los dos extremos del valle. De este modo, la altura del acueducto sería de unos 50 metros. Aún así sería uno de los más majestuosos del Imperio Romano. Recordemos que el de Segovia tiene 34 metros y el de Nimes (Pont du Gard) 48,7 metros. El agua circularía en este sifón por tuberías de plomo o cerámica para soportar mejor la presión. Esta es la recreación de Fernandez Casado-Smith:
Una vez en la ciudad, el agua era almacenada en grandes cisternas o depósitos (Castellum aquae). Los recientes hallazgos en Las Cuevas de Hércules en San Ginés parecen corresponderse con este sistema de almacenamiento.
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