Alcázar Real de Guadalajara

On by Pedro Mª Vargas



  • Nombre: Alcázar Real de Guadalajara
  • Localidad: Guadalajara
  • Provincia: Guadalajara
  • Comunidad: Castilla La Mancha
  • Localización: N40 38.272 W3 10.144
  • Tipología: Alcazar
  • Estado: Ruina
  • Visita: Exterior


El Alcázar Real de Guadalajara es una fortificación de origen andalusí del siglo IX situada en Guadalajara, convertida a lo largo del tiempo en palacio real, fábrica de sarguetas y cuartel militar.

Forma un recinto fortificado de algo más de una hectárea sobre el barranco del Alamín y junto a la antigua carretera de Madrid. Desde su origen ocupa un espacio en la entrada oeste de Guadalajara junto a la puerta de Bradamarte y separa el barrio artesano de la Alcallería o de Cacharrerías del resto de la ciudad. Su principal función como fortificación andalusí es la de proteger la entrada a la ciudad y vigilar el paso por el valle del río Henares y la Campiña. Durante la época cristiana cumple las funciones de palacio real a imagen de los Reales Alcázares de Sevilla y del Alcázar de Córdoba, que datan de la misma época, hasta su abandono y conversión, primero, en fábrica de sarguetas y, después, en cuartel militar, última utilidad que tiene hasta quedar destruido definitivamente en 1936. Desde 1998 se están llevando a cabo una serie de excavaciones y estudios arqueológicos que han ido dejando al descubierto las distintas capas y estancias correspondientes a cada época.

Alcazar de Guadalajara 6La construcción del Alcázar de Guadalajara se realiza a lo largo del siglo IX en plena batalla en época emiral entre los clanes bereberes Banu Salim y los muladíes Banu Qasi. Hacia el 862 el ejército de Musa ibn Musa sitia Guadalajara y asalta el Alcázar, donde se alojaba su yerno Izraq ibn Muntil, por hacerse con el control de la ciudad. Musa cae herido en la batalla y muere en su posterior llegada a Tudela.

El primitivo Alcázar termina de construirse en el siglo X de manos del califa Abd al-Rahman III, cuyas estancias visita con cierta asiduidad y utiliza como base militar, por ser lugar de paso hacia las batallas con los reinos cristianos del norte de la península Ibérica. Así, en 920, durante la campaña de Muez, Abd al-Rahman III utiliza el Alcázar como base de operaciones para planear las estrategias en las batallas.

En el año 1085 Guadalajara cae en manos cristianas por la conquista llevada a cabo por las tropas de Álvar Fáñez, al servicio del rey Alfonso VI de León y Castilla, y pasa a formar parte del Reino de Castilla. Se inicia con ello una nueva etapa para el Alcázar, que pasa a destacar por sus funciones de palacio real, lejos de su función defensiva primitiva.

Alcázar Real de Guadalajara 5Con la conquista cristiana de la ciudad por parte de las tropas de Alfonso VI, el Alcázar pasa a ser lugar de estancia para los reyes castellanos, quedando documentadas especialmente las del propio Alfonso VI, Alfonso VIII, Fernando III, Sancho IV y Alfonso XI. Este último manda edificar en su interior una iglesia dedicada a San Ildefonso y la dota de “grandes posesiones e instituyendo capitanías”.

Será precisamente en tiempos de Alfonso XI, durante el siglo XIV, cuando el Alcázar de Guadalajara goce de su mayor esplendor. Bajo su reinado, tras las reformas impulsadas por la infanta Isabel de Castilla, señora de Guadalajara entre 1292 y 1311, junto con las del Convento de Santa Clara, el Alcázar se convirtió en un auténtico palacio real al estilo mudéjar construyéndose las alhanías, el patio central, las albercas, la qubba, los baños, los sótanos y la torre que un siglo después, en tiempos de los Reyes Católicos, sería el conocido como Peso de la Harina. Para la profunda reforma llevada a cabo los arquitectos se basan en planos de los palacios del Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas, del Convento de Santa Clara de Astudillo y del de León y en los alcázares de Córdoba y de Sevilla. De hecho, el patio central pudo haber sido una recreación del patio de Doncellas del de Sevilla.

Tal fue el esplendor y el prestigio con que goza el Alcázar durante el reinado de la dinastía Trastámara, herederos de la dinastía Borgoña, que se celebran en sus dependencias las Cortes de Castilla en 1390, siendo rey Juan I, y en 1408, siendo regentes por la minoría de edad de Juan II, Catalina de Lancáster y Fernando de Antequera. En 1436 se celebra allí la boda del que sería años después segundo marqués de Santillana y primer duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza y Figueroa, con María de Luna, que en 1448, con el afianzamiento de la familia Mendoza en Guadalajara reciben de manos de Juan II el nombramiento de Alcaides del Alcázar de Guadalajara.

La toma de Guadalajara en 1460 por parte de las tropas de Enrique IV para expulsar a los Mendoza, que se habían hecho poderosos en la villa, deja el Alcázar en parte destruido lo que provoca que, una vez devuelta la ciudad a los Mendoza, Íñigo López de Mendoza y Luna, segundo duque del Infantado, promoviese la construcción del Palacio del Infantado como nuevo lugar de residencia familiar. Así, el Alcázar Real comienza a caer en desuso y los posteriores duques del Infantado empiezan a utilizar sus dependencias como almacenes y, en lo poco que quedaba en pie, como sede concejil. La destrucción casi total de lo poco que queda del palacio que formaba el Alcázar sucede en 1520 con el acuartelamiento en sus dependencias de la nobleza y el pueblo de Guadalajara para sumarse a la causa de los Comuneros de Castilla. Con la toma de Guadalajara por parte de las tropas de Carlos I lo poco que quedaba del complejo palaciego que formaba el Alcázar Real de Guadalajara queda destruido casi en su totalidad.

En 1718 Felipe V, tras la Guerra de Sucesión que le alza al trono y de su boda con Isabel de Farnesio en el Palacio del Infantado, como agradecimiento a Guadalajara, otorga la posibilidad de instalar una manufactura real en la ciudad. Se trataría de una Real Fábrica de Paños. La ubicación sería el palacio de los Marqueses de Montesclaros, justo enfrente del Alcázar y del palacio de los Duques del Infantado. Para acometer las mejoras precisas que adaptasen el viejo palacio en fábrica se decide utilizar materiales procedentes de los restos del Alcázar.

Pronto se quedan pequeñas las instalaciones de la fábrica en el palacio de Montesclaros para la producción prevista por sus responsables y deciden ampliar las instalaciones. Se presentan proyectos para levantar otra fábrica de paños en Brihuega, San Fernando de Henares y Torrejón de Ardoz, o bien realizar una ampliación en los terrenos del viejo Alcázar de Guadalajara. Finalmente se toma la decisión de levantar las de Brihuega y San Fernando y ampliar la de Guadalajara.8 Con ello, en 1778 se derruyen parcialmente los restos del Alcázar para instalar allí la ampliación de la Real Fábrica de Paños bajo los trazos diseñados por el Maestro de Obras de la Real Fábrica, Diego García. Esto provoca que terminase de demolerse el viejo palacio medieval dejando en pie tan solo sus muros perimetrales que servirían de sustento del edificio de la fábrica. El nuevo edificio tomaría el nombre de Real Fábrica de Sarguetas de San Carlos. Esta utilidad de fábrica de paños y sarguetas se mantiene hasta la “guerra de la Independencia”, cuando vuelve a servir como cuartel militar recuperando su función primigenia como alcázar, donde queda inhabilitada como fábrica en 1812 como consecuencia de los daños sufridos. En 1833 queda definitivamente definido como cuartel militar al instalarse allí la Academia Superior de Ingenieros de Guadalajara, lo que lleva a que en 1860 se reformase profundamente las instalaciones del alcázar y del palacio de Montesclaros para adecuarlos a su nueva función.

Durante la última Guerra Civil las tropas rebeldes se acuartelan en el cuartel de San Carlos. La respuesta de las tropas republicanas se produce el 22 de julio de 1936 con el ataque al cuartel mediante bombas incendiarias que dejan el edificio en llamas y en desuso. El ataque aéreo perpetrado por los rebeldes sobre Guadalajara el 6 de diciembre de ese mismo año, el mismo que destruye el palacio del Infantado y gran parte de la ciudad, acaba con lo que quedaba de las instalaciones del Alcázar dejando en pie los pocos muros que hoy se ven. Desde entonces, el Alcázar Real de Guadalajara pasaría 69 años de abandono absoluto hasta que en 1998 se comenzaron las primeras excavaciones arqueológicas para el estudio y consolidación de los restos que deja esta fortificación

.En los muros del Alcázar Real se pueden distinguir las capas correspondientes a cada fase constructiva.

Las excavaciones y los estudios arqueológicos que se llevan realizando desde 1998 han dado como resultado la posibilidad de identificar entre sus restos cuatro fases constructivas en el recinto del Alcázar Real de Guadalajara: una primera correspondiente al alcázar andalusí, otra al palacio mudéjar, una tercera a la fábrica de paños y la cuarta correspondiente al cuartel de San Carlos.

El alcázar andalusí fue levantado en el siglo IX y perduró en pie hasta la conquista cristiana de Guadalajara en el siglo XI. Apenas quedan restos del antiguo alcázar originario, si acaso la estructura trapecial, casi rectangular, con torres propia de las fortificaciones, además de los cimientos de los muros originarios sobre los que se levantó el posterior palacio mudéjar y de los materiales extraídos de éstos usándolos para las posteriores edificaciones. Este alcázar original fue construido a base de argamasa de cal, material que sería aprovechado en posteriores procesos constructivos.

El palacio mudéjar se edificó sobre el alcázar original y se aprovechó la estructura y los materiales procedentes de las ruinas de la fortificación. Se volvió a usar la argamasa de cal reforzada con el ladrillo para mantener la estructura del palacio. Además, la yesería fue importante para adornar las distintas partes del palacio. Las excavaciones llevadas a cabo a finales de los años 1990 dejaron a la vista las bases estructurales del palacio mudéjar que fue definitivamente destruido en el siglo XVI.

Para la construcción del edificio de la fábrica de San Carlos se aprovechó el recinto suroccidental del antiguo palacio, reforzando los muros preexistentes mediante ladrillo visto y hormigón y abriendo unas ventanas cara al exterior. También se aplicaron las bóvedas para resolver el techo de la planta baja.

Las necesidades de ampliar las viejas dependencias del cuartel de San Carlos instalado en la antigua fábrica de sarguetas supone un nuevo pabellón en la parte sur del recinto exterior del Alcázar, junto a la antigua carretera de Madrid. Fue construido en dos plantas con ladrillo visto y una estructura rectangular alargada.

1. Puerta Norte (S. XIV). El Alcázar contó con dos puertas, una abierta en su lado sur que comunicaba con la ciudad, y otra en el norte que permitía un acceso directo con el arrabal de Cacharrerías.

2. Qubba (S. XIV). La qubba o salón del trono era de planta cua- drada y debió de estar cubierta con un techo de madera no plano. Se ubicó dentro de una de las torres construidas durante el siglo XIV. Estaba precedida por un gran salón abierto a la galería que rodeaba el patio ajardinado.

3. Baños y Letrinas (S. XIV). Inmediato a la qubba, los palacios regios del si- glo XIV contaban con estancias para albergar los baños. Se trataba de una sala con acondicionamiento termal, bañeras y letrinas.

4. Fases y Materiales Constructivos (S. XIII y XIV). Los restos medievales que hoy vemos en el Al- cázar corresponden a dos períodos distintos. La construcción más antigua tuvo planta trapecial, con torreones circulares en las esquinas. En la muralla del Alamín la única que ha llegado hasta nosotros sin ser expoliada se abrían cinco vanos con vistas al barranco. Con el curso del tiempo esta obra fue objeto de una ampliación hacia el norte.

5. Salones y Alhanías (S. XIII y XIV). En la arquitectura residencial andalusí, el salón principal tenía forma alargada y disponía una o dos alcobas en sus extremos. La adopción en la arquitectura palatina cristiana de este modelo estuvo acompañada de algunas transformaciones: apertura de ventanas y un notable aumento de sus dimensiones para dar cabida a la numerosa corte de los reyes.

6. Patio y Alberca (S. XIII y XIV). El patio central del Alcázar estuvo ocupado por un jardín con una alberca central y andenes en forma de cruz. En torno a él se alzaba una galería porticada a modo de deambulatorio.

7. Fábrica de San Carlos (S. XVIII). En 1778, cuando se levantó la Real Fábrica de San Carlos, los muros medievales sirvieron de soporte para la nueva construcción. De esta intervención quedan la impronta de las bóvedas y los huecos abiertos para iluminar los talleres textiles.

9. Puerta Sur (S. XIII). En su frente meridional, y abierta en el lateral de una gran torre, se emplazaba la puerta que comunicaba el Alcázar con la ciudad. Delante del arco de la puerta existía un hueco por el que los defensores podían hostigar a quien se arrimara. Flanqueada la torre había una sala que daba acceso a Caballerizas, Puerta Norte e interior del palacio.

10. Recinto Exterior (S. XIV a XX). En el programa de ampliación del Alcázar se erigió otra muralla externa que le rodeaba por sus lados oeste y sur, generando un espacio libre para la mejor defensa del núcleo palaciego.

11. Pabellón de San Carlos (S. XIX). En 1860 las construcciones de la antigua Real Fábrica de San Carlos fueron renovadas y ampliadas con nuevas dependencias, entre las que destacaba un moderno pabellón con fachada a la calle Madrid.

12. Peso de La Harina (S. XIV. Con motivo de la ampliación del Alcázar se levantó una muralla exterior que reforzaba su de- fensa frente a la ciudad. En ésta se construyó una gran torre en cuya base se dispuso la puerta de entrada. Dentro de esta puerta, posteriormente, se ubicó el Peso de la Harina.

Fuente: Artículo obtenido del artículo de Wikipedia Alcázar Real de Guadalajara en su versión del 25 de Diciembre de 2016, por varios autores bajo la Licencia de Documentación Libre GNU.

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