Castillo de Jadraque

Nombre: Castillo de Jadraque, Castillo del Cid
Localidad: Jadraque
Provincia: Guadalajara
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Castillo
Estado: Ruina cosolidada
Visita: Exterior
Localización: N40 55.090 W2 56.071

El castillo de Jadraque se alza sobre el cerro más perfecto del mundo, según dijo Ortega y Gasset, a orillas del río Henares, a las afueras de la localidad de Jadraque, formando parte de una serie de construcciones defensivas siguiendo la ruta romana. El nombre de Jadraque procede del tiempo en que estas tierras fueron dominadas por los árabes, y por ellos fue puesto el castillo en lo alto del estratégico cerro, vigilante de caminos y del paso por el valle.

   

Tras su reconquista definitiva en el año 1085 el rey Alfonso VI, Jadraque quedó en principio en calidad de aldea, en la jurisdicción del común de Villa y Tierra de Atienza, usando su Fuero y sus pastos comunales. Pero más tarde, a comienzos del siglo XV, consiguieron independizarse de los atencinos y constituirse en Común independiente, con una demarcación de Tierra propia y un gran número de aldeas sufragáneas.

Se llama también Castillo del Cid pues aparece citado en el poema épico del siglo XII (1140) el Cantar del Mio Cid, cn cuyas páginas se hace referencia a este castillo junto con otras localidades de la actual Guadalajara. Los propietarios del edificio tuvieron la denominación de Duques de Cid, en relación también con la obra medieval.

En 1434 el rey Juan II hizo donación de Jadraque, de su castillo y de un amplio territorio en torno, a su parienta Doña María de Castilla (nieta del rey Pedro I el Cruel), en ocasión de su boda con el cortesano castellano Don Gómez Carrillo. El estado señorial así creado fue heredado por Don Alfonso Carrillo de Acuña, quien en 1469 se lo entregó, por cambio de pueblos y bienes, a Don Pedro González de Mendoza, a la sazón obispo de Sigüenza, y luego Gran Canciller con los Reyes Católicos.

Fue este magnate alcarreño quien inició la construcción del castillo de Jadraque con la estructura que hoy vemos. En un estilo que superaba la clásica estructura medieval para acercarse al carácter palaciego de las residencias renacentistas, a lo largo del último tercio del siglo XV fue paulatinamente construyendo este edificio que ya en el momento de su muerte entregó a su hijo mayor y más querido, Don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués de Zenete y conde del Cid. Casó este bravo soldado, querido de corazón por los Reyes Católicos y admirado como uno de sus más valientes e inteligentes soldados, con Leonor de la Cerda, hija del Duque de Medinaceli, en 1492.

A la muerte de su primera esposa, cinco años después de la boda, casó segunda vez con Doña María de Fonseca, viviendo con ella desde 1506 en la altura del castillo, y naciéndole allí entre sus muros la que sería andando el tiempo condesa de Nassau, Doña Mencía de Mendoza, quien siempre guardó un gran cariño hacia la fortaleza alcarreña, y a ella se retiró a vivir en 1533 cuando quedó viuda de su primer marido Don Enrique de Nassau. El boato de las nobles cortes mendocinas, de aire inequívocamente renacentista, cuajó también en estos tiempos en los salones de este castillo, que fue morada del amor y el buen gusto.

El castillo de Jadraque fue abandonado de sus dueños a finales del siglo XIX, puesto a la venta y adquirido por el propio pueblo en la simbólica cantidad de 300 pesetas. Era el año 1889.

El castillo de Jadraque corona un cerro de proporciones perfectas. Su alargada meseta, estrecha y prominente, que corre de norte a sur está cubierta por las edificaciones de este edificio de planta rectangular. El acceso se encuentra al sur, al final de un estrecho y empinado camino que asciende entre olivos desde la base del cerro. la entrada queda defendida por dos fuertes torreones semicirculares.

La silueta o perímetro de este castillo es muy uniforme. Sus muros son altos y muy gruesos, sin ventanas, vanos ni saeteras, y reforzados a tramos por seis torres de forma circular y otras dos de forma cuadrada, adosadas al muro principal. No existe torre del homenaje ni estructura alguna que destaque sobre el resto. Los murallones de cierre tienen su adarve almenado, y las torres esquineras o de los comedios de los muros presentan terrazas también almenadas, con algunas saeteras para disparar las armas.

Su doble funcionalidad se puede comprobar perfectamente en el interior, dividido en dos zonas: la dedicada a la defensa y la que se destinó a la residencia de sus propietarios. Esta es una característica propia de estas fortalezas construidas para defender sus zonas circundantes y con el paso del tiempo se convierten en viviendas habituales.

El interior está completamente vacío, y en él se ve el antiguo patio de armas, en cuyo suelo aparece un enorme foso cuadrado, hoy cubierto con maderamen para evitar caídas accidentales, y que bien pudo servir de sótanos y almacenamiento de provisiones y bastimentos. A través de una escalera incrustada en el propio muro del norte, se asciende al adarve que puede recorrerse en toda su longitud. En el seno de la torre mayor, de planta rectangular, que ocupa el comedio del muro del mediodía, se ha puesto hoy una pequeña capilla en honor de Nuestra Señora de Castejón, patrona del pueblo.

El recinto está construido en sillarejo, con piedra escasamente trabajada y con sillares perfectamente elaborados y colocados en hiladas. Al estar derruido y reconstruido con posterioridad la piedra utilizada se caracteriza por su color blanco, dándole una nota distintiva al edificio.

El castillo fue subastado por la familia Osuna en el año 1889 debido a su estado ruinoso. El cariño que siempre tuvieron los jadraqueños por su castillo, en el que acertadamente siempre han visto el fundamento de su historia local, les llevó hace cosa de 30 años a restaurarlo en un esfuerzo común, mediante aportaciones económicas y hacenderas personales, reconstruyendo sus muros y devolviéndole el aspecto majestuoso que tuvo en otros momentos históricos.

Fuente

www.castillosnet.org

 

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com