Castillo de las Guadalerzas

Nombre: Castillo de las Guadalerzas
Localidad: Los Yébenes
Provincia: Toledo
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Castillo
Estado: Ruina
Visita: Finca privada
Localización: N39° 27.439′ W3° 48.537′

 El Castillo de las Guadalerzas se encuentra en el extremo N‐E de los Montes de Toledo, próximo a la carretera N‐401, a 17 kms. de Los Yébenes, sobre un pequeño cerro en un estrecho paso en el camino de Toledo a Córdoba, junto al río Bracea se encuentra el castillo de Guadalerzas, un enclave con las características propias de estos recintos. Pero esta fortaleza reúne además unas particularidades que la diferencian de las peculiaridades de estos conjuntos defensivos, nacidos con la clara finalidad de proteger un territorio o comarca previamente definido.Desde época romana pasaba por este lugar una calzada que unía Toledo y Córdoba. Conscientes los árabes del valor estratégico del lugar, construyeron una fortificación para defensa del desfiladero conocido por Congosto. Este recinto estaba formado por una muralla de planta cuadrangular, una torre en cada esquina y un patio de armas en el centro. En la actualidad los escasos restos que se han conservado permanecen ocultos bajo un montículo.

Después de la conquista de Toledo (Alfonso VI, 1805) esta comarca se convierte en frontera y por tanto en área de continuos enfrentamientos entre cristianos y musulmanes, prolongándose esta situación hasta principios del siglo XIII.

Aunque el territorio de Guadalerzas perteneció durante un tiempo a los hospitalarios, quien construyó la nueva fortaleza, que pretendía consolidar la defensa del entorno fue, a finales del siglo XII, la Orden de Calatrava. La fecha de ejecución nos es hoy desconocida, pero en la década de los años setenta, los calatravos fundaron allí el hospital de “Godalferga”, pues según documento fechado el 17 de enero de 1179, Alfonso VIII dona unas viñas en Aceca para dicho hospital.

Rades y Andrada nos detallan de la siguiente manera la fundación del hospital: “Era de mili y dozientos y diez, (año 1173). El Maestre viendo que muchos de los cavalleros desta orden y otros vasayos suyos salían de las batallas heridos, y para mejor curados convenís aver una casa en ¡a Orden disputada para ello, fundó un hospital en el castillo de Guadalerza, que es dos leguas de Yébenes; y dotóle de todo el término redondo que al presente tiene”. Tras la derrota de la batalla de Alarcos (1195), Guadalerzas vuelve a manos musulmanas. Su recuperación definitiva no se producirá hasta el épico enfrentamiento de las Navas de Tolosa (1212). Jiménez de Rada nos cuenta cómo fueron dos vasallos de Alfonso VIII, Alfonso Téllez y Rodrigo Rodríguez, los que cercaron la torre de Guadalerzas, la “batieron con máquinas” y la tomaron por la fuerza.

Después de la batalla de las Navas la línea defensiva pasa del Tajo a Sierra Morena, y por tanto esta tierra dejó de ser escenario de batallas. El hospital de Guadalerzas ya no servirá tanto para curar heridos, sino más bien para alojar tropas que irían a luchar al sur contra los musulmanes, y sobre todo para hospedar a los viajeros y mercaderes que cruzan estas tierras con sus productos de Toledo a Córdoba y viceversa. Los privilegios y derechos del hospital de las Guadalerzas no pararon de aumentar; así a toda una serie de Concordias a lo largo del siglo XIII que reafirmaban su posición, en el siglo XIV el monarca Fernando IV le concede al Comendador de los calatravos los derechos de montazgo a los ganados trashumantes a sus paso por el puerto de Guadalerzas y Enrique II otorga a la Orden de Calatrava quinientos maravedís sobre las aljamas de los judíos desde el hospital hasta el puerto del Muradal y Villa Real.

La documentación sobre el origen y primeros pasos del desarrollo hospitalario en Occidente es muy escasa, pero afortunadamente se conoce su expansión por los países del Mediterráneo Oriental y dominios bizantinos. En ellos, parece ser, no se puede olvidar la influencia del Xenodoquio de Pammachio en Roma, obra del siglo IV, y de los hospitales árabes. Casualmente, y esto le une más con nuestro entorno y posible influencias e intercambios, la Orden de San Juan de Jerusalén destacó desde el inicio de las cruzadas en la fundación de ese tipo de instituciones.

Desde principios del siglo XII, el maestre Gerard reestructuró y amplió el más antiguo de los hospitales, constituido al parecer por comerciantes amalfitanos. Su actividad en calidad de Orden hospitalaria‐caballeresca posibilitó multitud de fundaciones desde finales del siglo XII en sus dominios o en zona de influencia.

En la Península Ibérica la organización más densa y atendida se encontraba donde era más necesaria, sobre todo en el Camino de Santiago y en la retaguardia de la frontera meridional, predominando en el norte los de enfermedades diversas y específicos de leprosos y en el sur los de cautivos. La frontera creó unas modalidades hospitalarias muy características, especialmente en el reino de Toledo, donde se desarrolló durante la época “el hospital de cautivo”, dado que ningún pueblo de Occidente había sufrido más que el castellano este tipo de apresamiento y el de “heridos de guerra”.

En diferentes documentos ha quedado patente el espíritu de que en época cristiana albergó la fortaleza de Guadalerzas. Su carácter hospitalario marcó una orientación nueva y diferente en lo que respecta a estos conjuntos amurallados. Su uso y aprovechamiento nos aproxima a un exponente poco estudiado y del que tenemos escasa información. El objetivo primordial de esta institución, nacida con un fin de ayuda y protección, pretendía crear un refugio, asegurar el cobijo y cuidar del necesitado bajo un techo protector que ha conservado el nombre hasta nuestros días: “hospital”, derivado de la palabra latina hospes = huésped. En su condición de albergue, podría servir igual para dispensar cobijo o morada temporal. Además del cuidado a los enfermos no podemos olvidar el momento y época en la que se construyen; en particular las Guadalerzas, en frontera de moros, donde es fundamental preparar el cuerpo y el espíritu para lo que pueda acontecer en cualquier momento. Sus moradores estaban sujetos a la disciplina militar y espiritual, determinándose el número de personas que se podían acoger, distribución espacial por el recinto y el tiempo que podían permanecer en sus instalaciones. La idea fundamental estribaba en que todos los moradores del hospital formasen, con las reglas del lugar, una comunidad; en la que es posible satisfacer todos los requisitos indispensables de la vida humana; vivir, comer, dormir, pero también mantener vivo el espíritu religioso. Él fundamento espiritual era un objetivo básico del hospital medieval.

Elemento indispensable de las Guadalerzas como hospital medieval en su configuración arquitectónica fue7a Sala”. Ésta era básicamente un espacio rectangular, dotado de ventanales en costados o zonas que facilitasen la ventilación. Esta sala era en esencia el hospital, cumpliendo todas sus funciones bajo un sólo techo. Los asilados hacían vida exclusivamente en la estancia habilitada para ellos, aunque estaban separados en función de sus necesidades y afecciones.

La omnipresencia del consuelo divino se manifestaba en el altar, orientado hacia los lechos de los enfermos, potenciándose la comunicación directa entre las esferas terrenal y espiritual.

La primitiva unidad de lo que es hoy el núcleo principal de la torre del homenaje de la fortaleza de Guadalerzas, fue una torre rectangular aislada, con escasos vanos, una altura que oscila en función de la nivelación del suelo entre los 18 y 20 metros y con insuficientes elementos defensivos. El aparejo que predomina es la mampostería, aunque el ladrillo aparece en las zonas más elevadas en los múltiples añadidos a través de diferentes encintados. El acceso a las diferentes dependencias de la torre estaría en alto, como es frecuente en las construcciones cristianas similares de la época.

Las transformaciones y usos a lo largo de los siglos han imposibilitado la conservación de los principales elementos y distribución primitiva. Los pisos existentes en el interior de la torre del Homenaje nada tienen que ver con el siglo XII, que seguramente estarían realizados en madera.

El arco de medio punto de acceso también es posterior, al igual que las demás ventanas que han llegado hasta nosotros, que por su elevado número y tamaño no son características del siglo XII. Las origínales serían seguramente los dos huecos cegados que hay en el muro oeste del núcleo originario.

Parece ser que es en el siglo XV cuando se reproduce la transformación total de la torre, realizándose la división de estancias, ejecución de bóveda de ladrillo de la planta baja y primer piso, y en el segundo se ejecutan los machones con arcos apuntados. Este consistiría en un gran pabellón dividido en cinco tramos con arquerías de ladrillo. El tercer piso tendría tres salas con sus correspondientes bóvedas.

En el siglo XV, además de las reformas de la torre, se procedió al cerramiento amurallado del conjunto, seguramente por necesidad operativa al aumentar el número de servicios. De esa época debe ser la puerta en recodo, muy típica en esta centuria (XIV‐XV) por sus excelentes condiciones defensivas.

A finales del siglo XVI, en 1572, Felipe II vende el Castillo de Guadalerzas al Cardenal Silíceo para que instale allí el Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, acondicionando las habitaciones en vivienda. Seguramente es ahora cuando se abren los grandes ventanales a la torre.

En 1750 se construye la capilla, añadiendo la espadaña a la torre del homenaje. Como últimas actuaciones ejecutadas en el edificio que albergó el hospital, a finales del siglo pasado (1870‐72) don Matías Nieto Serrano, mandó restaurar y acondicionar el Castillo, construyendo almenas, chimeneas y todo aquello que fuese necesario para rehabilitarlo como una vivienda del siglo XIX.

Aunque sea muy brevemente no quiero dejar pasar la ocasión de recorrer los demás elementos de este conjunto medieval.

La muralla está a escasos metros de la torre del homenaje, destacando su pequeño tamaño para la envergadura del torreón, siendo una construcción (XIV‐XV) muy posterior al edificio original. Tiene la planta cuadrada con torres circulares en las esquinas. El aparejo es de mampostería y ladrillo en las almenas del lado norte. En su interior un adarve recorre la totalidad del recinto, exceptuando el destruido con la construcción de la capilla.

En el lado oeste se alza un recinto almenado construido en el siglo XIX, imitando la fábrica antigua y tratando de adaptar el edificio a las nuevas necesidades. Como elemento defensivo, existen unas troneras, aspilleras en las almenas y matacán sobre la puerta del muro sur. La muralla se realizó en su totalidad en varias etapas, constituyendo toda ella una planta cuadrangular con cuatro torres circulares y concéntricas a las esquinas que rodean la torre del Homenaje. La mampostería utilizada pretende unificar el conjunto del edificio, reservando la sillería para zonas muy determinadas, como la puerta de entrada y las troneras. A finales del siglo XVI el Cardenal Silíceo apenas realizó obras en la muralla, únicamente añadió un escudo a la puerta de entrada, probablemente sustituyendo algún escudo o cruz de Calatrava. En el siglo XIX se vuelven a retocar diferentes partes de lienzos de los muros, especialmente en el lado norte y este.

Para finalizar, la capilla, de planta rectangular está formada por dos volúmenes rectos: la cabecera y la única nave. La primera es cuadrada y más elevada. La nave es rectangular, dotada además de un vestíbulo donde iban las lápidas.

El aparejo es de mampostería y ladrillo formando encintados. En el interior la nave está cubierta con una bóveda de cañón dividida en dos tramos por medio de un arco fajón. Sobre la nave se alza una cúpula que se adapta al espacio cuadrangular por medio de pechinas y descansa sobre cuatro arcos torales. Tiene tres grandes ventanas rectangulares con decoración y cuatro ojos de buey en la zona más alta de la cabecera. La decoración de la bóveda es de molduras imitando ocho gallones con cuatro óculos. La puerta adintelada en mármol negro, se construyó sobre un gran arco de ladrillo que se puede contemplar en la actualidad al desplomarse en el techo del vestíbulo.

Muy lentamente el Castillo de Guadalerzas, importante no por su faceta bélica, pero sí por el fin hospitalario que se le otorgó, se está descomponiendo entre el abandono y la soledad; en un bello paraje que podría ser origen de un elevado número de proyectos que posibilitasen el renacimiento del conjunto, respetando al máximo su ayer pero facilitando su conservación en un área que en el pasado fue un enclave fundamental para el auxilio y protección de los necesitados.

Bibliografía

Guadalerzas, un hospital medieval

Cortesía de Un dron en la mochila