Castillo de Peña Amaya

Nombre: Castillo de Peña Amaya
Localidad: Amaya
Comarca: Odra-Pisuerga
Provincia: Burgos
Comunidad: Castilla y León
Tipología: Castillo
Estado: Vestigios
Visita: Libre
Localización: N42 39.099 W4 10.070

El Castillo de Peña Amaya se localiza sobre un destacado cerro amesetado, del que sólo quedan vestigios. Ascendiendo a la cumbre del castillo, encuentraremos los restos de la fortaleza, una muralla de aparejo ciclópeo de una altura de metro y medio aproximadamente. Habitada desde la Prehistoria, la presencia humana en la Peña Amaya comenzó a destacar a finales de la Edad del Bronce (siglo X a.C.), para convertirse durante plena Edad del Hierro en uno de los principales castros del territorio cántabro.

Los romanos, con el propio emperador Octavio Augusto al frente de las tropas de asedio, conquistaron la imponente fortaleza en el año 26 a.C., durante el transcurso de las Guerras Cántabras, fundando la ciudad de Amaya Patricia.

Una vez tomada Peña Amaya los romanos le dan un uso exclusivamente militar que irá complementándose con el civil con el paso de los años. Desde aquí mantendrían un control sobre la vía que unía Pisoraca (Herrera de Pisuerga), Julióbriga (Retortillo-Reinosa) y Portus Blendium (Suances), siendo Pisoraca el asentamiento de la Legio IV.
Castillo de Peña Amaya 5

En el año 574, el rey visigodo Leovigildo asaltó las murallas como parte de un plan para acabar con el reino suevo de Galicia. Durante el reinado de Ervigio, la ciudad se constituyó en una de las principales plazas del ducado de Cantabria y en fortaleza contra las incursiones de grupos de cántabros y vascones no sometidos.

Amaya se transformó, durante el dominio árabe de la península, en refugio de muchas familias huidas del sur y en frontera de la Reconquista cristiana. Pero en el año 734, el caudillo Tarik la arrasó y a partir del siglo XII se despobló. En el año 860, el conde de Castilla Rodrigo, por mandato del rey asturiano Ordoño I, repobló la urbe ya bajo dominio castellano.

Amaya se convirtió de esta manera en otra fortaleza del frente asturiano. No obstante, aun en el año 989, las huestes de Hisham II pusieron cerco y arrasaron de nuevo la población en lo que fue la última batalla librada bajo sus murallas. Con los avances fronterizos perdió importancia y quedó en un segundo plano estratégico. Pasó por las manos de diversos nobles hasta su abandono definitivo, posiblemente en el s. XV.

Constituye un yacimiento arqueológico peculiar no sólo por su dilatada ocupación y el protagonismo que dentro del marco regional que umplió en algunas de esas etapas, sino también porque en el imaginario popular se envuelve en un halo legendario que ha convertido a la capital del ducado visigodo en capital de los cántabros prerromanos, cuando lo cierto es que no aparece citada por los historiadores clásicos.

Fuente

 

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com