Castillo de Torregalindo

Nombre: Castillo de Torregalindo
Localidad: Torregalindo
Comarca: Ribera del Duero
Provincia: Burgos
Comunidad: Castilla y León
Tipología: Castillo Medieval Militar
Estado: Ruina
Visita: Libre
Localización: N41 35.004 W3 45.289
En los documentos de los primeros siglos medievales, esta localidad aparece ya citada en ocasiones simplemente como “Torre”. Galindo es un nombre típicamente navarro, lo que puede deberse al hecho de que alguno de sus primeros señores procediera de aquellas tierras y se asentara en este lugar en las décadas, las primeras del siglo XI, en que Castilla se encontraba bajo la tutela del rey navarro Sancho III el Mayor. Durante los siglos XIV y XV se vio sometida a un continuo cambio de señores, hasta integrarse en el señorío de don Beltrán de la Cueva.
Pocos restos quedan de lo que fue un importante castillo. De planta irregular, tiene forma elíptica, adaptada al cerro, de unos 60 metros de longitud por 16 de ancho. En uno de sus vértices tiene una maciza torre del homenaje, de planta triangular, adosada posteriormente al primitivo recinto, todo de material pobre a base de tapial, guijarros y tosca mampostería, con muros de 1,60 metros de espesor, y donde se conservan trozos de los lienzos de unos 13 metros de lado. En la pared del Sur-Oeste se aprecian los restos de la escalera que ascendía hasta las diversas plantas.
En el otro extremo dispone de un cubo o torre albarrana de planta circular, separada del cuerpo del recinto amurallado, reforzado con troneras,. Su construcción se lleva a cabo en 1479 por don Beltrán de la Cueva, que según los documentos del Archivo de su casa ducal asigna 20.000 maravedís para esta obra y el resto de las reparaciones. De la barrera exterior apenas quedan muy pocos restos, como pervivencia de las obras anteriormente citadas.

Esta fortaleza dispuso también de otro cerco de protección, quizá no completo, formado por murallas de menor altura que formaban un camino de ronda a los pies del recinto principal. En términos generales el estado de conservación del recinto es muy deficiente, ya que ha perdido la mayor parte de sus muros y los que aún conserva prácticamente no cuentan con sus elementos de coronación o remate. No obstante, aún conserva su impronta y su imponente imagen dentro de un entorno, que no parece haberse modificado mucho en los últimos diez siglos.

En general los problemas estructurales que presenta son los ocasionados por el abandono y la desprotección frente a los agentes agresivos del medio. La pérdida de los remates de coronación de los muros y la exposición permanente a las aguas pluviales genera la disgregación de las fábricas de los rellenos y la consiguiente pérdida de la capacidad mecánica y unidad de los elementos resistentes. No se observan cedimientos del subsuelo ni la cimentación; todos los daños están causados por las disgregaciones ya comentadas.

Los lienzos de orientación Norte y Sur que aún se conservan en pie, están en muy malas condiciones, con pérdida de la hoja interna del muro y la mayor parte del relleno, y precisan una intervención muy urgente para evitar su ruina final. La hoja externa de los muros también presenta muchas pérdidas.

 La torre del homenaje sólo mantiene en pié uno de sus muros. La planta parece triangular, pero no puede determinarse sin la necesaria excavación arqueológica. Será necesario en cualquier caso asegurar la estabilidad de este paño mediante el atado o arriostramiento del mismo.

La torre albarrana aún conserva su bóveda, pero ya presenta importantes deformaciones. En general, todo el conjunto ha perdido parcialmente, debido a las importantes mutilaciones y pérdida de elementos, lo que desde su construcción lo hizo meritorio de interés: su carácter específico y unitario como elemento arquitectónico, cultural, social e histórico.Es imprescindible por tanto, devolverle, aunque sean mermadas, sus posibilidades de expresión y de lectura arquitectónica e histórica.

Históricamente constituye uno de elementos clave del proceso repoblador de la Castilla condal, en los siglos X y XI, junto a la localidad de Haza. Esta localidad aparece documentada con tal denominación en 11101 (Cadiñanos, 1987: 326), aunque a veces fue denominada únicamente como “Torre”, mientras que se atribuye al apelativo “Galindo” una etimología de raíz navarra, pretendiéndose ver en ello la ocupación del lugar por un tenente navarro en tiempos de Sancho III el Mayor. Por su parte, López Mata (1963: 414)2 indica que en 1157, en un documento del monasterio de San Florencio, se indica que el mismo se encuentra cercano a esta villa, “in rivo de Aza et est iuxta de Tor de Galindo et de Montegho” de Serrezuela. Este lugar conoce a lo largo de su dilatado y complejo proceso histórico numerosos cambios de propiedad, formando parte de diferentes señoríos y encontrándose en ocasiones en manos de la propia corona. Así, mientras en 1216 parece ser el Monasterio de Bujedo la entidad que tenía ciertas prerrogativas en la localidad3, pocos años después, en 1236, la encontramos asociada a las aldeas de Fuentenebro y Campillo bajo el dominio y control de Gómez González, a la sazón señor de Roa en ese momento (López Mata, 1963: 414).

A finales del siglo XIII se encuentra bajo el dominio de la familia López de Haro, formando parte por tanto del señorío de Vizcaya, e iniciado el siglo XIV (1308) la villa de Torregalindo pertenecía a la hija de don Diego López de Haro, casada con don Juan Núñez de Lara, de quien consta que abasteció la fortaleza con otras cercanas durante las luchas mantenidas con Fernando IV (Cadiñanos, 1987: 326).

La Crónica de Fernando IV relata pormenorizadamente las vicisitudes hereditarias de dicho señorío, que se incorpora a la corona bajo el reinado de Pedro I. Sin embargo, Torregalindo será desligado del señorío vizcaíno al ser entregado como dote a su hija María, casada con el conde Gonzalo de Guzmán. Más adelante, ya en 1437, durante el reinado de Juan II, figura propietaria la hija de aquellos, María de Guzmán, casada con Alonso Muñoz de Castañeda, señor de Hormaza, quienes fallecen sin descendencia
(López Mata, 1963: 414; Domingo Zapatero, 2002: 264-3094). Aunque la villa y fortaleza de Torregalindo fue incluida en 1458 en el mayorazgo de la familia, poco después fue vendida al portugués Fernando de Silva, aunque unos años más tarde, en 1464, se había incorporado de nuevo a la Corona (Cadiñanos, 1987: 326)5.3

Ese mismo año de 1464, Enrique IV y don Beltrán de la Cueva llegan a ciertos acuerdos por los cuales éste renunciaba al Maestrazgo de la Orden de Santiago y recibía el título de duque de Alburquerque, con las villas y fortalezas de Molina, Atienza, Roa, Cuéllar, Aranda de Duero, Torregalindo, Alburquerque y el castillo de Anguix, junto con su jurisdicción y derechos.

Sin embargo, la entrega de estos lugares al parecer no se hizo efectiva en estos momentos, ya que se documenta el señorío en manos de Alfonso de Sequera7 a quien se la confiscaron los Reyes Católicos en 1478 por ser partidario del rey portugués. Es notoria su participación en diversos episodios conflictivos, como se relata en los diversos procesos que se siguen contra él, por haber puesto su fortaleza frente al poder de la corona.

Así, en este citado año de 1478, Rodrigo de Ulloa y don Beltrán de la Cueva, litigan sobre la posesión de la villa y fortaleza de Torregalindo9 siendo concedida a éste último, que nombró a Juan Alvarez Delgadillo tenente de la fortaleza (Cadiñanos, 1987: 326). A su muerte, se la disputan sus hijos Cristóbal, conde de Siruela, y Pedro, caballero de la Oden de Santiago10 (Bernard Remond, 2000: 79). Tras diversos pleitos entre los herederos por el reparto del mayorazgo, la villa y fortaleza de Torregalindo se integrará en 1540 en el señorío del condado de Siruela, para pasar ya en el siglo XIX al duque de Alba (Cadiñanos, 1987: 317).

Los autores que han abordado el estudio de esta fortificación plantean para la misma un origen dentro del proceso de reconquista del valle del Duero, que se produce a principios del siglo X, más concretamente a partir del año 912, cuando los condes castellanos –actuando como delegados de la monarquía asturiana- Gonzalo Téllez, conde de Lantarón y Cerezo, ocupa Osma, el conde de Castrojeriz, Munio Núñez, avanza hasta Roa, y Gonzalo Fernández, conde de Burgos, ocupa la fortaleza de Haza. Cadiñanos (2001: 151) 11 afirma que las antiguas atalayas corresponden a este siglo, siendo ampliadas dichas construcciones en los siglos posteriores durante las luchas nobiliarias, por lo que las reparaciones y ampliaciones debieron ser constantes y prolongadas.

No obstante, la peculiar planta ovalada del recinto, perfectamente adaptada al perfil del cerro donde se asienta, nos ha llevado a tener en cuenta lo expuesto en un reciente trabajo por el profesor Manuel Riu (1998: 159)12, según el cual se puede llegar a proponer la aplicación de un modelo musulmán en el diseño original de esta fortaleza, comparando entre otras variables, el sistema administrativo del territorio, la utilidad del castillo, la denominación toponímica y la estructura de la fortaleza13. Esta posibilidad introduce nuevos e interesantes elementos de juicio a tener en cuenta, no sólo en lo que respecta a la propia articulación y desarrollo de esta fortaleza desde una perspectiva crono-cultural, sino sobre todo por lo que podría afectar a la clarificación del complejo proceso histórico que experimenta este territorio entre la dominación árabe a principios del siglo VIII y el avance castellano de principios del siglo X.

Las referencias históricas sobre “Torre Galindo” a principios del siglo XII indican la existencia de un elemento fortificado en manos de un tenente navarro, quien probablemente erige la torre ubicada al Oeste, adosada a la muralla, y que se correspondería con una primitiva torre erigida en el siglo XI. La estructura arquitectónica del castillo, la diversidad de elementos inconclusos, nos hacen pensar en diversas épocas de construcción, que se corresponderían con los diferentes señores que lo poseyeron, hasta llegar al siglo XV, cuando don Beltrán de la Cueva realiza las obras de mayor trascendencia que se corresponden, en buena medida, con buena parte de los restos conservados en la actualidad.

En este sentido, la mayor parte de los elementos constructivos presentan modificaciones posteriores. Así se puede observar en el cubo que defiende la fortaleza en su lado Este, que fue reforzado con troneras en su derredor. Por su parte, la torre ubicada al Oeste, adosada a la muralla, se corresponde en principio con una torre erigida en el siglo XI y reformada en el XV, como se ha señalado con anterioridad. De igual modo se aprecia un retranqueo y reforzamiento de los muros con mampostería, especialmente los que miran hacia el Sur, protegiendo el pueblo. Cadiñanos (1987: 326-327) describe minuciosamente la estructura del castillo, apuntando que la obra del siglo XV efectuada por Don Beltrán de la Cueva consistió esencialmente en la reparación y reforzamiento de la fortificación existente, adaptando algunos elementos nuevos para la defensa de la misma por medio de armas de fuego. En la descripción que hace de la fortificación, indica que “el castillo semeja un navío que ocupa todo el montículo alcanzando unos 60 metros de longitud por 23 de anchura en su centro. La proa se halla reforzada con una torre triangular que todavía conserva trozos de paramento de unos 13 metros de lado en los que se abren tres grandes ventanales; se correspondería con la torre del homenaje. En la pared del suroeste se aprecian los restos de la escalera que ascendía hasta las diversas plantas. La torre se halla yuxtapuesta a la cerca, lo que indica construcciones de diferentes épocas. El material utilizado es tierra con mezcla de pequeña piedra. Los lienzos disminuyen claramente de grosor a medida que ascienden”.

“La cerca tiene base de piedra, sobre la que se elevan tapiales encintados. Los agujeros para las hormas se aprecian perfectamente. Con el barro se mezclaron guijarros. En el patio de armas todo es de tierra, pero al exterior se reforzaron de mampuesto, especialmente bien conservado en el paramento que mira al pueblo. En este lado los muros se apoyan directamente en la arenisca del cerro, por lo que para darle mayor solidez se le retranqueó resultando un perfil ligeramente apiramidado. Destaca la solidez de estos muros que tienen por término medio 1,60 metros de grosor”.

“El cubo defiende a la fortaleza por el lado más accesible y, por tanto, el más vulnerable. Está reforzado con troneras en todo su derredor, coronándose mediante un cuerpo algo saliente, que ensanchaba el
adarve, apoyado en una serie de canes aún bien apreciables. Todo es de buena mampostería a base de pedernal. El interior es de excelente calidad y perfección, cubierto con bóveda Ievemente apuntada. El cubo alcanza unos siete metros de altura, y está unido a la fortaleza por un lienzo de dos metros de grosor, reforzamiento de otro más antiguo”.

Para la construcción del castillo se emplean diferentes materiales, especialmente la piedra. Pero cuando ésta es más compleja se utilizan tapiales de barro mezclados con canto rodado y forrado de mampostería.

Como se puede deducir de lo señalado hasta ahora, los elementos conservados en la actualidad se corresponden en gran parte con las obras de reforma efectuadas a finales del siglo XV por don Beltrán de la Cueva, poco después de tomar posesión de la localidad, tras el enfrentamiento por la misma con Rodrigo de Ulloa. En efecto, en el año 1479 (febrero, 5) mandó reparar la fortaleza adecuando su uso a los modelos constructivos imperantes en el momento, erigiendo nuevos elementos defensivos que permitieran hacer frente a las armas de fuego. Para ello, ordena a su tesorero Juan González de Curiel, que entregue a su mayordomo, Alfonso Rodríguez de Aza, la cantidad de 20.000 maravedís “para que los gaste en la obra que yo mando labrar en la fortaleza de la mi villa de Torregalindo de esta manera…”.

El documento es ampliamente clarificador, ya que en el mismo se describen las cantidades reseñadas para cada partida de dichas obras:
Yo, el duque de Alburquerque, conde de Huelma, mando a bos, el thessorero Juan Gonçales de Curiel, que de los maravedis que por mi avedes de… cobrar de las rentas de las alcaualas de la mi villa de Roa… este año… dedes a Alfonso Rodriguez d’Aça, mi mayordomo, veynte mill maravedis para que los el gaste en la obra que yo mande labrar en la fortaleza de la mi villa de Torregalindo este dicho año en esta guisa:

Para hacer la obra de la obrerisa: Para la obra que se a de facer en el petril e (al)menas del cubo con el escalera, tres mill y quinientos maravedis. Para el sacar de la piedra para la dicha obra del otro cubo e escalera, dos myll e diez y seys maravedís.
Para piedras de troneras y cabo para dicho cubo, trescientas sesenta maravedis.
Para el facer de la alberca, tres myll y seiscientos maravedis.
Para la piedra de la dicha alberca, ochocientos e sesenta y quatro maravedis.
Para acabar el petril e (al)menas de la banguarda que esta entre la torre e la barrera, mill y doscientas y sesenta maravedis.
De piedra para la dicha vanguarda, mill y ciento y noventa maravedis.
Para la banguarda que a de aver con la puerta a la esquina de la torre con la piedra e menas, seyscientos maravedis.
Para el estribo de la torre seca cabo el Alberca, piedra e menas, mill maravedis.
Para la obrerissa e otras cosas nescessarias a la dicha obra, cinco mill y seyscientos e diez maravedis
Que son los dichos veynte mill maravedis. E dadselos e pagadselos segun e en la forma e manera que vos los demandare segun se acostumbran a pagar los maravedis que se suelen librar para mis obras porque toda la suso dicha obra se labre en tienpo debido.
Yo, a cinco dias de febrero año del mill e quatrocientos y setenta y nuebe años. El duque.”

Este es el elemento documental de mayor importancia que se conoce sobre la fortaleza de Torregalindo. A partir de este momento, la trascendencia del lugar y de su castillo pierden gran parte de su interés. Cadiñanos (1987: 317) indica también que el castillo se vio en parte involucrado en la Guerra de las Comunidades, cuando don Cristóbal de la Cueva, hijo de don Beltrán y doña María de Velasco, emparentado por tanto con los condestables de Castilla, mandaba en su testamento a los alcaides de Roa, Siruela, Cervera, Torregalindo y Villalobón que acudieran “con sus fortalezas… e con toda la artilleria e municion” al condestable y que le fueran “tan servidores como lo he sido yo”.

Con la incorporación de Torregalindo al señorío de los condes de Siruela en el siglo XVI, se produce un paulatino abandono de su fortaleza, ya que los nuevos propietarios se hallarán más preocupados por sus extensas propiedades en Badajoz y Extremadura. A partir de este momento, como indica Cadiñanos (2001: 151), se producirá un progresivo deterioro del castillo que conllevará inexorablemente a su demolición parcial, siendo considerado por los habitantes del lugar como “cantera fácil para sus viviendas y almacenes”. La situación avanzado el siglo XX es descrita por López Mata (1963: 414) en los siguientes términos: “el castillo se presenta en ruinas, con torres desventradas y demolidas murallas en piedras sueltas por el suelo, componiendo la silueta que domina el pueblo y el valle del Riaza”.

En la actualidad el castillo goza de las protecciones especiales como tal fortaleza, siendo declarado también como Conjunto con elementos de Arquitectura Militar (AM) protegidos o incluidos en el Inventario de Protección del Patrimonio Cultural Europeo (IPCE) (García Grinda, 1984: 329)

Juan José Rodríguez Alonso (Historiador-Documentalista) no ha hecho llegar este estudio del castillo de Torregalindo:

“PROYECTO de RECUPERACIÓN Y PUESTA EN VALOR DE ELEMENTOS DE ARQUITECTURA MILITAR EN LA PROVINCIA DE BURGOS” (Aratikos Arqueólogos, S.L. 2002)

Juan José Rodríguez Alonso
(Historiador-Documentalista)
Apartado histórico sobre el Castillo de Torregalindo, perteneciente al estudio: “PROYECTO de RECUPERACIÓN Y PUESTA EN VALOR DE ELEMENTOS DE ARQUITECTURA MILITAR EN LA PROVINCIA DE BURGOS”. (Aratikos Arqueólogos, S.L. 2002)

Este proyecto se realizó para la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, con vistas a su recuperación y puesta en valor. El proyecto englobaba los castillos de Castrojeriz, Frías, Hoyales de Roa, Itero del Castillo, Poza, Sasamón y Torregalindo. A lo largo de estos años y siguiendo este proyecto, se ha intervenido en la recuperación de la torre de Hoyales de Roa, el castillo de Poza de la Sal y en el año 2013 finalizaba la del castillo de Castrojeriz. Estaba prevista la intervención en el castillo de Torregalindo, pero las circunstancias económicas que han afectado tan drásticamente a la Fundación del Patrimonio de CyL han dado al traste con estas espectativas.

Fuente

www.torregalindo.es/lugares-de-interes/castillo

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com