Castillo del Pico Jana

Nombre: Castillo del Pico Jana, Picu’l Rey, Picu Las Torres
Localidad: Peñamellera Baja
Comunidad: Principado de Asturias
Tipología: Yacimiento arqueológico
Estado: Vestigios
Visita: Libre
Localización: N43° 20.436′ W4° 34.078′

EL PICU JANA: UN ENCLAVE ESTRATEGICO EN EL ORIENTE DE ASTURIAS

El interés por el estudio de los restos arqueológicos del Picu Jana no es sólo el de su análisis individualizado co­mo una fortificación más, sino, y sobre todo, aquel que se deriva de su probable relación con otros enclaves de­fensivos del oriente de Asturias. Se enmarca, por tanto, en una investigación más ambiciosa que tiene por objeto el estudio de una línea estratégica, de un sistema defensi­vo, en sentido amplio, articulado entre los ríos Sella y De­va que comprende las torres de Picu Rales, Picu Soberrón y Picu Las Torres.

Nuestra investigación, paralizada en este momento, se inició con una primera prospección visual del conjun­to de las cuatro torres (Alvarez Estrada, F. y Moure Ferreiro, J.A., 1985) y ha continuado con la excava­ción completa del Picu Las Torres, en Llovio, y con una primera campaña de excavación en el propio Picu Jana.

El Picu Jana, también llamado “Picu’l Rey” o “Picu las Torres”, está situado en la Sierra de Cuera, entre las poblaciones de Narganes y Alevia, en el concejo de Peñamellera Baja. Con una altura de 608 metros sobre el nivel del mar, constituye el punto más elevado del extremo orien­tal de la Sierra del Cuera.

Excelentemente situado (sus coordenadas son 43° 20’ 35” N y 0o 53’ 10” W, de la hoja 32, Llanes, del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico y Catastral de Espa­ña, Ed. de 1943), domina la zona costera desde el concejo de Llanes hasta Comillas, incluidas las rasas prelitorales y litorales, y la cuenca media y baja del río Deva, que lo bordea por las laderas Sur y Este, hasta su desembo­cadura.

En las primeras prospecciones visuales que realiza­mos en el yacimiento observamos la existencia de una construcción de forma oval de unos 45 m. x 20 m. En el interior de este pequeño cinturón se apreciaban los restos de dos estructuras turriformes situadas en los ex­tremos NE y SO que apuntaban a una forma cuadra­da, aunque su estado de conservación (prácticamente están arrasadas, en particular la situada en el ángulo NE) no nos permitió determinar sus dimensiones. Am­bas fueron construidas con sillarejo de caliza de peque­ñas dimensiones, escasamente trabajado y unido con mor­tero de cal.

La torre situada en el ángulo NE domina toda la plata­forma costera, desde Llanes a Comillas, y desde la propia Sierra del Cuera hasta el mar; mientras que la situada en la punta SO lo hace sobre el valle que forma el cauce me­dio del río Deva, controlando el paso hacia el desfiladero de La Hermida y hacia Cabrales, cuya confluencia se en­cuentra en Panes.

Vista desde la localidad de Nargana Pico Jana

La existencia de dos fosos en la ladera Oeste, la de más fácil acceso, confiere a este enclave, de carácter fundamen­talmente estratégico y de vigilancia, una impronta de­fensiva que se explícita en estos elementos de fortifica­ción.

El tercer elemento importante y llamativo es la existen­cia de un aterrazamiento de piedra, a modo de pequeña escalera, en el exterior del lienzo Sur del cinturón que en­globa a las dos torres. En su construcción, al igual que en el resto de las estructuras, se utilizaron sillares de cali­za de tamaño mediano, de factura más cuidada que la utilizada en las dos torres, sin que aparentemente se ob­servaran vestigios de utilización de algún tipo de mor­tero.

En superficie recogimos varios fragmentos de cerá­micas medievales a las que atribuíamos una cronología entre los siglos XI y XIII dada su similitud con las apa­recidas en los niveles correspondientes a esa época en las excavaciones realizadas en la Catedral de Oviedo bajo la dirección de D. Emilio Olávarri y con otras cerámi­cas del área cántabra (Boñigas Roldán, R., 1986).

La existencia de estos elementos en el Picu Jana nos llevó a pensar en la posible relación de este enclave con otros núcleos estratégico-defensivos del oriente de Asturias (Picu Rales, Picu Soberrón y Picu Las Torres), en el sentido de que todos ellos podrían configurar un sistema defensivo articulado para esta zona. Por lo que se refiere a su situación y emplazamiento presentan una uniformidad clara; aparecen en zonas elevadas, en general cumbres escarpadas que dominan los valles de los ríos importantes de la zona. Las estructuras defen­sivas son sencillas y endebles: un pequeño cinturón amu­rallado y pequeños fosos en las laderas de fácil acceso. En todos los casos los topónimos ofrecen similitudes evidenciando connotaciones de carácter militar y forti­ficado (Las Torres, Picu Castiellu) y, en general, están rodeados de leyendas que se refieren a su origen regio o a la “época de los moros” (Picu Jana = Picu’l Rey, Picu Las Torres = Picu’l Rey…). Por último, también es semejante la ordenación del espacio interno, marca­do con la construcción de dos torres relacionadas, ex­cepto en el caso de Soberrón, encerradas en un recinto amurallado.

Nuestra intervención arqueológica, iniciada con la ex­cavación en Llovio del Picu Torres, se inscribe en la línea de determinar la existencia de este sistema articulado en la zona oriental asturiana.

El Picu Jana posee unas características morfológicas que lo convierten en el enclave básico para el conoci­miento de este sistema. De una parte, contamos con la existencia de un aterrazamiento de piedra en la parte ex­terior del cinturón amurallado con una configuración aparentemente distinta a la de las dos torres, tanto por el tratamiento y dimensión de los sillares empleados en su construcción, como por la aparente ausencia de mor­tero en la fábrica de las escaleras, lo que nos llevó a pensar en dos momentos de construcción: uno medie­val en el que se han construido las dos torres, fecha­das por la cerámica, y otro anterior que corresponde a las escaleras.

Torre SO

De otro lado, la toponimia parece haber “fosilizado” esos dos momentos. En este sentido, Fernández Ochoa (Fernández Ochoa, C., 1982, p. 320), siguiendo a la doc­tora Bobes (Bobes, C., 1960, 1961), alude a la “existencia de ciertos establecimientos de carácter religioso como Fano (Gijón), Fana (Colunga) y Pico Jana (Narganes, Peñamellera Baja) referidos a fanum=Templo”, lo que vendría a reforzar nuestra hipótesis inicial, con un posible origen romano.

El Picu Jana ha sido objeto de algunos trabajos a mediados de este siglo. En 1951 J. Carvallo presentó una comunicación al II Congreso Nacional de Arqueolo­gía, celebrado en Zaragoza, en la que relacionaba este enclave con otros castros y túmulos de Cantabria, atri­buyéndoles una cronología prerromana, tomando co­mo base su parecido a los castros gallegos (Carvallo, J., 1952, p. 303-308). Calderón de la Vara excavó parcial­mente esta fortaleza en 1948, y en 1971 publicó unas notas sobre su actuación (Calderón, V., 1968-71, p. 105-6). En ellas asigna al Jana un origen celta, y señala su im­portancia como “atalaya o punto de observación y vi­gilancia”. Más adelante añade: “los restos de una construcción que afecta forma triangular, se ven en el centro del castro”; nosotros solamente hemos podido observar una serie de manchas de argamasa sobre un afloramiento natural en el centro de la cima, pero la existencia de un Vértice Geodésico en ese punto no nos permite hablar con seguridad de una tercera cons­trucción.

Las labores propiamente arqueológicas fueron diseña­das para atender a dos cuestiones fundamentales: la natu­raleza del yacimiento, su cronología medieval y una posi­ble construcción anterior y la articulación de este estable­cimiento dentro del sistema defensivo al que hemos aludi­do antes.

El primer problema a resolver fue el de comprobar si existía alguna relación estructural entre la torre situada en el ángulo SO y la muralla que rodea toda la plata­forma del pico, dado que el arrasamiento de la torre no permitía diferenciarlas. Una vez excavado el área pudimos comprobar el carácter exento de la torre y que su cons­trucción se había realizado independientemente de la mu­ralla, a la que sólo aparece unida por el talud de los mu­ros Este y Norte, cuya función es la de asegurarlos y protegerlos.

La torre posee una planta irregular, que tiende al rec­tángulo, con ángulos distintos en cada una de las esqui­nas. Las dimensiones, tomadas en el habitáculo interno son las siguientes: Lienzo Norte = 215 cm„ Lienzo Este = 321 cm., Lienzo Sur = 208 cm., Lienzo Oeste = 217 cm.

Son unas dimensiones muy reducidas, en comparación con las que tienen las dos construcciones del Picu Las Torres de Llovio (Alvarez Estrada, F. y Moure Ferreiro, J.A. 1989); este tamaño nos lleva a pensar que seguramen­te responden a una ocupación no permanente, bien adaptada, sin embargo, a la función de vigilancia y se­ñalización. La construcción descansa directamente so­bre el lecho de caliza, sólo preparada por una débil ca­pa de cascotes y argamasa, lo que explica la necesidad de construir un talud para mantener la torre.

La relación entre la muralla y las torres interiores apa­rece mucho más diáfana en la torre situada en el ángulo NE del Jana. Aquí torre y muralla aparecen relacionadas en dos puntos: a) el lienzo Norte de la torre se superpone al trazado de la muralla, b) una plataforma de cimenta­ción une el trazado de la muralla con el muro Este de la torre.

Torre NE

Un sector importante para conocer la naturaleza de la fortificación era analizar el espacio delimitado por la muralla en la zona en la que fueron construidas las esca­leras.

Hay que destacar, en primer lugar, que no existe una evi­dencia clara de que la muralla, en este sector, tuviera un trazado rectilíneo en su cara interna (lam. 3). Es pre­maturo hacer una afirmación definitiva sobre este tra­mo; hay que apuntar, no obstante, que los hallazgos de cerámicas abundan sobre la capa de argamasa depo­sitada sobre la roca madre, en el espacio en forma de “U” que aparece diseñado entre los afloramientos y los primeros sillares importantes que se conservan “in situ”. Este dato nos hace pensar en que el relleno que existe corresponde a una etapa posterior a la construcción de la muralla, afirmación que mantenemos como hipó­tesis hasta tanto se pueda observar en correspondencia estratigráfica con otro sector. Parece claro que ha ha­bido un relleno desde las escaleras hacia el interior del espacio delimitado por la muralla, buscando el contac­to con los afloramientos naturales, y que esta prepara­ción acabó formando un pasillo al nivel de esos aflo­ramientos. Se puede observar cómo desde el perfil ex­terior de la muralla se han ido colocando grandes silla­res asentados con argamasa aparentemente sin seguir un trazado rectilíneo, para buscar el contacto con la ro­ca madre mediante un relleno de piedra menuda y ar­gamasa. En este relleno han aparecido abundantes res­tos de concha de ostra y una mandíbula de animal con restos de argamasa utilizados como aglutinante.

La secuencia estratigráfica que resultó en este sector es la siguiente:

  • Un nivel superficial de potencia variable; se trata del tapiz vegetal, con raíces y algunos fragmentos de cerá­mica.
  • Un nivel de piedra suelta, de tamaño mediano, con tierra de coloración negruzca.
  • Un nivel de relleno de piedra menuda, con abun­dantes restos de argamasa, con una coloración más cla­ra debido a la argamasa y con abundancia de cerámi­ca.
  • Un nivel de afloramiento de caliza de montaña.

En la zona externa de la muralla, a la altura de las esca­leras, la intervención arqueológica nos permitió contras­tar dos aspectos fundamentales: 1) que las escaleras, esto es, el aterrazamiento, fue construido y compactado con mortero, hecho que demuestra la homogeneidad de todo el conjunto y que parece eliminar la posibilidad de un momentó constructivo anterior al de época medieval, y 2) se trata de un sector fértil no sólo en cerámica, sino también en materiales metálicos, especialmente puntas de hierro.

La producción material que nos ha ofrecido la primera campaña de excavación en el Picu Jana está compuesta esencialmente por cerámica. No es extraño teniendo en cuenta que los asentamientos medievales asturianos exca­vados presentan equipamientos arqueológicos muy limi­tados; con más razón esa pobreza se manifiesta en cen­tros de ocupación como el que nos interesa ahora, cuya naturaleza estratégico-defensiva no exige un equipamien­to muy abundante y además debemos suponer que su ocu­pación no fue permanente.

Foso Vista superior del castillo

Hay que señalar que el estudio de la cerámica de esta primera campaña no nos ha permitido establecer relacio­nes unívocas entre grupos de materiales y niveles estratigráficos. Los rasgos más sobresalientes de la cerámica del Jana son los siguientes: 1) predominio de la utilización del torno bajo en la elaboración de las piezas, 2) no hay pre­dominio de un ambiente específico de cocción, manifes­tándose un equilibrio porcentual entre las cocciones oxi­dantes y las reductoras, 3) la tipología de las piezas es di­fícil de establecer teniendo en cuenta el escaso tamaño de los fragmentos aparecidos; están representadas las formas de olla, con diámetros en torno a los 15 cm. Destaca la ausencia de vertederas y pitos, que podría ponerse en re­lación a las formas de jarra, aunque esta se halla repre­sentada con un tipo de cuello alto y recto, y 4) existe una gran variedad de técnicas decorativas que abarcan los motivos pintados, estriados e incisos, con claro predo­minio de decoración estriada. Llama la atención el con­traste que existe entre la calidad y variedad de las decora­ciones y la escasa presencia de fragmentos significativos (Bordes, cuellos, asas, bases y pitos), hecho relacionable con la persistente depredación de la que fue objeto este yacimiento.

La cerámica pintada está representada únicamente por un fragmento. Se trata de una pieza cocida en un ambien­te oxidante. La decoración consiste en una sucesión de tra­zos de color ocre dispuestos oblicuamente respecto al eje de giro de la pieza. La presencia de este tipo de decora­ción es problemática; su aparición en las producciones ce­rámicas de los yacimientos medievales en el oriente de As­turias es muy limitada (un fragmento en el Picu Las To­rres, dos fragmentos en Tina Mayor). En otro momento relacionábamos su aparición en esta zona por la proximi­dad a Cantabria; sin embargo, la creciente presencia por­centual de esta decoración en la zona de Villaviciosa, y el hecho de que aparezca siempre relacionada siempre con piezas decoradas con estriado vertical, típico de Asturias, abre la posibilidad a que se pueda hablar de un desarrollo propio en nuestra región (Fernández Conde, J., 1989, 183-187). Es aventurado atribuirle una cronología preci­sa, pero por aproximación al área cántabra se la puede si­tuar entre el siglo XI y fines del siglo XII (Matesanz Vera, P., 1987).

La cerámica con decoración en estrías o peinada es la más frecuente en el Picu Jana. Presenta una gran varie­dad de subtipos, pero no es posible determinar, de momen­to, una relación directa entre ciertos tipos decorativos y las cocciones, ni tampoco entre éstos y las formas de so­porte. Sólo en un caso puede seguirse esa relación; corres­ponde a un tipo de decoración de peinado horizontal muy fino, asociado en todos los casos a ambientes de cocción oxidantes. Esta forma de asociación ya aparecía definida en la producción del Picu Las Torres de Llovio, aunque aquí la decoración alcanzaba también a piezas con coc­ción reductora con postcocción oxidante.

El estriado horizontal también aparece en cerámicas gri­ses, pero a diferencia de las anteriores poseen una sección de púa más ancha.

Es abundante la producción de cerámicas con decora­ción de estrías verticales o ligeramente oblicuas sobre pas­tas cocidas en ambiente reductor. Es una decoración am­pliamente difundida por Asturias, la más típica, sin du­da, y ha sido hallada en los contextos arqueológicos más variados. La cronología atribuible a estas piezas es alto- medieval y no parece razonable, en este momento, en el que los estudios de cerámica están comenzando en Astu­rias, precisar mucho más.

La decoración en retícula es una de las mejor represen­tadas dentro de la producción cerámica del Jana; una re­tícula formada por el cruce de estrías horizontales con otras verticales u oblicuas. Este tipo decorativo tiene también una gran difusión; aparece en la fortaleza de Peñe Manil en Cebia, Cangas de Onís (Martínez Villa, A. y Requejo Pagés, O., 1985, p. 332-346) y en el Picu las Torres, aun­que en esta última fortificación su presencia es residual dentro de la producción global, siendo mucho más nume­rosa la combinación de estrías horizontales y verticales que no llegan a cruzarse. El horizonte altomedieval define la presencia de este tipo de decoración, aunque está clara su prolongación hasta el siglo XIII en el ámbito leonés (Gu­tiérrez González, J.A. y Benéitez González, C., 1989, p. 221).

Aterrazamiento de piedra en la ladera norte

La decoración de acanaladura también está representa­da en el Picu Jana. Se trata de un único fragmento, reali­zado en una atmósfera oxidante, sobre una pasta muy gra­nulosa y con numerosos desgrasantes. No está muy claro si ha sido confeccionada a torno alto.

(c) Un tercer grupo decorativo está formado por cerá­micas que presentan ungulaciones, combinadas con ban­das decoradas con un estriado horizontal y por incisiones aplicadas sobre el cuello de la vasija. Este tipo de decora­ciones incisas es poco representativo de Jana y, contraria­mente a lo que ocurría en el Picu Las Torres donde las in­cisiones se aplicaban generalmente en las asas, se reservan a los cuerpos de las piezas. En esta línea, hay que destacar que las asas, en general de cinta, aparecen sin decorar. Por último en el apartado de las formas se puede afirmar que las bases son en todos los casos de forma plana.

Un segundo grupo de materiales aparecidos en el Picu Jana está compuesto por elementos metálicos. Se trata de un conjunto de cinco puntas de hierro, de sección cuadra­da, de 1 cm. de lado con un extremo afilado.

Como conclusiones provisionales podemos adelantar los siguientes puntos:

La configuración natural del pico basta por sí misma para explicar su función básica de vigilancia, ya que com­bina el control estratégico sobre el litoral del oriente astu­riano con el control de los pasos hacia el interior como ya hemos señalado más arriba. Esta situación natural se complementa con la construcción de dos torres en las es­quinas NE y SO que inciden en los espacios litoral e inte­rior que se pretende abarcar.

A este carácter estratégico se le ha querido dotar de una impronta defensiva con la construcción de la muralla y de los dos fosos en la ladera Oeste, la de más fácil acceso. Estos elementos no constituyen por sí mismos una barre­ra defensiva importante, pero se complementan con lo abrupto y escarpado del pico, resultando esta combina­ción un asentamiento prácticamente inexpugnable.

Hay que destacar que la obra de fábrica busca siempre una adaptación al medio físico; ello explica las distintas soluciones constructivas por las que han optado en la mu­ralla. en este sentido, se explica la construcción de las es­caleras por el interés en salvar el gran escarpe de la ladera sur del pico.

Nuestra hipótesis inicial que contemplaba la posibili­dad de un establecimiento anterior al medieval parece resuelta. En efecto, el topónimo Jana y el tratamiento cons­tructivo de las escaleras nos llevaron a pensar en una ocu­pación romana. Sin embargo, el estudio de este sector de la muralla ha revelado un tratamiento uniforme para todo el conjunto; la utilización de argamasas compac­tando los sillares y la aparición de cerámica en los tra­mos de las escaleras redunda en el carácter medieval del conjunto. Por otra parte, el equipamiento arqueológico, sobre todo cerámica, presenta un aspecto claramente me­dieval.

Un elemento a considerar es el de la relación del Picu Jana con el Picu Las Torres de Llovio, ya excavado por nosotros en 1986 y 1987. El primer hecho destacable es la similitud morfológica de ambos conjuntos, tanto en la con­cepción del espacio, como en la relación de las estructuras construidas (dos torres enmarcadas en un cinturón amu­rallado). La búsqueda de la máxima adaptación al medio físico no basta para explicar este hecho; creemos que es la naturaleza eminentemente defensiva y de vigilancia lo que mejor explica esta semejanza.

En esta misma línea, y por lo que se refiere a la produc­ción de cerámica hay que apuntar varios datos: 1) las for­mas básicas están constituidas por el binomio olla-jarra, 2) las decoraciones incisas son en los dos casos las más frecuentes y en ambas está presente la modalidad más es­pecíficamente asturiana de estrías verticales, y 3) el hori­zonte de Jana presenta un acusado predominio del uso del torno bajo en la elaboración de las piezas, frente a la ela­boración mayoritaria con torno alto en el Picu Las Torres de Llovio, lo que parece indicar un espacio cronológico más antiguo, más propiamente altomedieval para el Picu Jana.

 

Bibliografía

BOHIGAS ROLDAN, R.: Yacimientos arqueológicos medievales del sector central de la Montaña Cantábrica. A.C.D.P.S., Santander, 1986.
ALVAREZ ESTRADA, F y MOURE FERREIRO, J.A.: “Torres de vigilancia en la costa Oriental Asturiana”. I. C.A.M.E., Huesca, 1985.
ALVAREZ ESTRADA, F. y MOURE FERREIRO, J.A.: “Informe de la Primera campaña de excavación en el Picu Las Torres, Llovio”. Ovie­do 1990.
FERNANDEZ OCHOA, C.: Asturias en la Epoca Romana. Depar­tamento de Prehistoria y Arqueología U.A.M., Madrid 1982.
BOBES, C.: “Toponimia romana en Asturias”. Emérita, n.° XXVIII y XXIX, 1960 y 1961.
CARVALLO, J.: “Los Castras y Túmulos celtas de Cantabria”. II C.A1A Zaragoza, 1952.
CALDERON, V.: “El Castro del Pico Jana”. Altamira, 1968-71. 1.
MATESANZ VERA, P.: “La cerámica medieval cristiana en el Norte (Siglos IX-XIII): Nuevos datos para su estudio”. II. C.A.M.E., Madrid, 1987.
MARTINEZ VILLA, A. y REQUEJO PAGES, O.: “Aproximación cro­nológica de una serie de hallazgos cerámicos medievales en Asturias”. I. C.A.M.E. Huesca, 1985.
GUTIERREZ GONZALEZ, J.A. y BENEITEZ GONZALEZ, C.: “La cerámica Medieval en I^eón”. En La Cerámica Medieval en el Norte y Noroeste de la Península Ibérica. Universidad de León, León 1989.
FERNANDEZ CONDE, J.: “Secuencias de producción de la cerámi­ca en Asturias durante la Edad Media”. En La Cerámica Medieval en el Norte y Noroeste de la Península Ibérica. Universidad de León, León 1989.

 

Fuente

Fernando Alvarez Estrada, J. A. Moure Ferreiro. EL PICU JANA: UN ENCLAVE ESTRATEGICO EN EL ORIENTE DE ASTURIAS