Cerro del Bú

 

Nombre: Cerro del Bú
Localidad: Toledo
Provincia: Toledo
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Yacimiento arqueológico
Estado: Vestigios
Visita: Libre
Localización: N39° 51.166′ W4° 01.112′

En el yacimiento del Cerro del Bú contemplamos dos fases de ocupación: un prehistórica  (2.0000 a.c) y otra medieval (s. X). Ocupado inicialmente durante la Edad del Bronce, y en el creció un extenso poblado asomado al río tajo en un punto concreto: el paso a la otra orilla.

Este gran poblado, único en la comarca, debió instituirse como centro de referencia para otras aldeas y poblados menores del entorno. Fue abandonado de forma gradual al final de la Edad del Bronce, trasladandose sus habitantes al otro lado del río, en el peñón de la actual ciudad de Toledo.

El poblado prehistórico de cerro del Bú esta situado en lugar estratégico que le permite ejercer control directo en un punto de paso por el río hacia el norte de la Meseta. Los caminos medievales, herederos de los romanos, aún conservaban un trazado que ponía de relieve la importacia de este espacio de tránsito, y que ya existían desde época prehistórica.

El cerro reuperó protagonismo en el periodo andalusí, cuandose levanta sobre el una fortificación, no demasiado grande pero con dos recintos amurallados dotados de torres-contrafuertes, al poco de proclamarse el califato (siglo X). Durante los siglos VII al X, Toledo mantuvo una actitud rebelde hacia el centro de poder político establecido en Córdoba. La ciudad fue sitiada repetidas ocasiones para sofocar los levantamientos. El cerro del Bú ofrecía una posición ventajosa sobre la ciudad para ejercer cierto control militar y del paso por el río.
La intervención arqueológica en el Cerro del Bú ha tenido como objetivo profundizar en el conocimiento de los restos que en él se han conservado.
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Introdución a un poblado de la Edad del Bronce
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Los cimentos que se conservan en la ladera este del cerro están levantados con piedras de la zona (granito) y sujetas con tierra. Alrededor de los pequeños zócalos encontramos restos de los adobes que se han descompuesto con el paso de los años tras derrumbarse las cabañas, y que formaban parte de ellas.
En la base del cerro aún se conservan muros que sirvieron para abancalar las laderas desde la base. Algunos de estos muros, que en ocasiones superan 1 m. de espesor, que fueron aprovechados como paredes para las propias cabañas.
La ocupación del cerro en época prehistórica no se limita  a la zona superior sino que se extiende también por las laderas hasta alcanzar una extensión total de casi 1,5 Ha.
Tanto en el costado sur del cerro como el la ladera este podemos observar las numerosas piedras que formaban parte de las cabañas y que se han ido derrumbado poco a poco. En concreto, la ladera este se muestra un extenso manto de tierra bajo el cual se coservan aún los cimientos de estas cabañas, y que se prolongan hasta el propio cauce del arroyo de la Degollada.
Al pie del cerro, por la ladera sur, un recorte en la roca muestra la existencia de un foso que además de una eventual función defensiva fue también utilizado como zona de paso hacia el río.
Al sureste del cerro aún se pueden observar las huellas de un camino que desciende hasta el río y que pudo estar en uso ya en época romana. Caminos como este fueron muy transitados tambén en la Edad de Bronce, en torno al que adquiere su sentido un poblado como el del Crerro del Bú.
 
Los poblados de la Edad de Bronce que existen en el entorno del Cerro del Bú se sitúan cerca de tierras fértiles y cultibables a lo largo del cauce del río Tajo y junto a arroyos secundarios. El poblado del Bú conectaba ambas orillas sirviendo de enlace y punto de referencia para todos ellos.
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Plataforma superior del cerro. Ocupación prehistórica
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Se han identificado agujeros circulares excavados en la roca que servían para alojar los postes que sujetaban las paredes y cubiertas de las cabañas del poblado prehistórico. En la planta, estos agujeros dibujaban amplias cabañas de forma ovalada.
Además de los dos recintos amurallados de la fortificación aldalusí, existió en el cerro un cerramiento anterior, también amurallado y del mismo periodo, pero de mejor calidad constructiva.
En la ladera sur se han encontardo cabañas de la edad del Bronce de planta ovalada y alargada, con zócalos de mampostería y restos de adobe y piedra en su inferior, mezcaldo con abundante material cerámico.
Asentamiento en la ladera. Cabañas de época prehistórica
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Las inclinadas laderas debieron causar frecuentes problemas en las estructuras de las cabañas prehistóricas y éstas debán ser reconstruídas continuamente. Al rehacer las paredes y recomponer los espacios interiores se servían de lo anterior para levantar la nueva construcción, quedando debajo toda la edificación anterior.
 
La ocupación continuada del cerro durante un milenio originó el considerable volumen de sedimentos y restos que ahora encontramos.
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Restos prehistóricos de la Edad de Bronce
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Bajo la muralla este, se ha conservado el zócalo de una cabaña ovalada que se extiende hacia el oeste bajo la fábrica del muro. En su interiór, piedras y restos de adobes que formaron parte de la vivienda aparecen mezclados con cerámicas realizadas a mano con acabados de excelente calidad.
 Plataforma superior del cerro. Ocupación medieval
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Los únicos restos de la ocupación bajomedieval del Cerro se han conservado en la muralla este. Para la construcción de cabañas o chamizos desmontaron parte de la muralla hasta conseguir una superficie mas o menos plana que sirviera para resguardo y almacenamiento de aperos y enseres.
Las habitaciones que pertenecen al fortín andalusí, son  de planta rectangular y tienen accesos independientes desde el patio, y cumplian funciones de almacén y alojamiento del guarnición al cargo. Al pié de la puerta mas septentrional hemos encontrado numerosas tejas (con restos de pintura roja) que pudieron fomar parte de un tejadillo que la protegiera.
Al oeste de la plataforma superior, la superficie de la roca fue regularizada hasta quedar allanada para servir como patio o zona abierta. Hacia el este, el fuerte desnivel que presenta el terreno hizo necesario que se levantaran pequeños muros de piedra que les permitiera abancalar y aterrazar la parte mas orientar. En la roca se pueden distinguir agujeros de plantación de vides, cuando sirvió de majuelo durante la ocupación bajomedieval del Cerro.
 
El recinto superior tiene planta triangular y está cerrada por todos los laterales, aprovechando la roca del cerro para la cimentación de las estructuras. Este espacio cuenta con un amplio patio y dos pequeñas habitaciones tectangulares adosadas a la cara interna de la muralla en el extremo noroeste.
Asentamiento en la ladera. Cabañas de época medieval
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La construccón de la fortificación en el siglo X se realizó con la expanación mínima imprescindible para que la nueva edificación tuviera cierta perdurabilidad. el desmonte que se realizó para la nueva cimentación apenas afectó a los restos del poblado de la Edad de Bronce que se encontraba a mayor profundidad.
 
Supuso la explanación del cerro desde la plataforma superior hasta media ladera, afectando a los restos del poblado prehistórico. en la mitad inferior de la ladera las cimentaciones andalusíes nos alcanzaron a la totalidad de los restos de las cabañas prehistóricas, conservandose gran cantidad del asentamiento sepultado bajo las tierras originadas tras los derrumbamientos de todas estas construcciones.
 
Las murallas muestran una fábrica poco cuidada, con piedras dispuestas en tongadas sin carear, que buscan solo la horientalidad (sin conseguirlo en muchos casos, como ocurre en la muralla del recinto inferior), lo que confirma lo apresurado de su construcción.
Los trabajos de reconstrucción que se han realizado han reproducido la técnica constructiva empleada en las murallas andalusíes. Se han respetado la disposición en tongadas imitando su disposición y el barro que las traba.
Las murallas de los recintos de la fortificación andalusí fueron dotadas de torreones cuadrangulares que, además de contribuir a la defensa del lugar, también sirvieron de contrafuertes para reforzar la estabilidad de la construcción.
El carácter efímero del amurallamiento andalusí supondría a corto plazo problemas estructurales que debieron ser resueltos  con la construcción de torreones que ayudaran a sostener la estructura. Hacia el oeste, los afloramientos de granito facilitaron el apoyo del cerramiento del recinto superior sin necesidad de estos torreones resultaron imprescindibles para su estabilidad, dotándose en algunos casos con refuerzos de piedra al pie de los mismos.
La muralla se construyó en tramos escalonados para adaptarlos a los desniveles del cerro para poder contar con una superficie sobre la que asentar el tapial. Construyéndose con zócalos de piedra de poco de 1 m de altura, y una anchura de 1,70 m sobre la que levantaban encofrados de tapial (solo conservados en el lateral oeste de la muralla).
Los torreones, que en muchos casos se adosan a la cara exterior de la muralla, sirvieron para sostener su fábrica en las zonas de la ladera mas inclinadas. Por este motivo, solo hay una torre en el flanco oeste y cuatro en el este.
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Fuente
Panales informativos