Fortines de La Peña de los Pájaros

Nombre: Fortines de La Peña de los Pájaros
Localidad: Valsaín
Provincia: Segovia
Comunidad: Castilla y León
Tipología: Fortines
Estado:Vestigios
Visita:Libre
Localización: N40 52.399 W4 00.832 – N40 52.408 W4 00.863- N40 52.360 W4 00.795 – N40 52.337 W4 00.811 – N40 52.346 W4 00.823 – N40 52.334 W4 00.869
 

En este ocasión recorreremos el sendero balizado de La Peña de los Pájaros, donde conocimos las construcciones militares realizadas entre los años 1936 y 1939, hoy recuperadas, formando un variado conjunto compuesto por trincheras, refugios, observatorios, puestos de tirador, casamatas, fortines, parapetos… por uno de los itinerarios autoguiados, que ofrece el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM).

“…la visita a un antiguo campo de batalla puede ser mala o buena, según quién te guíe por él. Si dejamos a un lado la demagogia patriotera barata y la otra demagogia estúpida que se niega a aceptar que la Historia y la condición humana están llenas de tantas luces como ángulos en sombra, un lugar así puede convertirse, para las generaciones jóvenes, en una excelente escuela de lucidez y tolerancia.”

Arturo Pérez-Reverte

Al acabar la contienda se fundó la Dirección General de Regiones Devastadas, organismo creado para la reconstrucción de las poblaciones destruidas por la guerra. En los años cincuenta, Patrimonio Nacional reforestó las laderas del Cerro del Puerco, plantando miles de pequeños pinos, y también arando el terreno con bueyes para sembrar los piñones a voleo. Aunque en los mapas no se refleja, desde entonces, los vecinos de Valsaín nombran a este paraje como “La Pinochera”.

Puesto o también llamado pozo de tirador. donde, normalmente, se metían uno o dos soldados armados con fusiles. Se construye al final de un ramal que sale de la trinchera de comunicación.

En este caso, al ser un ramal tan avanzado, seguramente se utilizaría también como un puesto de centinela. Desde este punto se podía contactar visualmente con la posición 34, junto a la carretera, aunque el arbolado ahora nos lo impide. La función de este puesto debía ser evitar infiltraciones del enemigo por el espacio existente entre las dos posiciones reseñadas.

Trincheras. Durante las ofensivas, los propios soldados eran los encargados de cavar trincheras y construir parapetos para protegerse. Cuando el frente se calmaba, estos trabajos eran desarrollados por compañías de fortificación, que estaban compuestas por hombres mayores, no aptos para el combate, por especialistas en oficios relacionados con la construcción (albañiles, canteros, carpinteros…),

que resultaban más útiles con el pico que con el fusil y, en muchas ocasiones, por prisioneros de guerra y presos políticos. Observando el terreno, donde aflora continuamente la roca, podemos imaginar la dureza de estos trabajos.

Nos encontramos en la retaguardia de esta posición y aquí, camuflada y al abrigo de estas rocas que en el pueblo llaman La Peña de los Pájaros, podemos ver los restos de una construcción que se usaba como puesto de mando de la sección que defendía este enclave.

Desde este puesto se mandaba a los soldados que servían como enlaces, para transmitir órdenes, partes, o lo que fuera necesario, hacia los diferentes puntos de esta posición y a las posiciones cercanas.

El puesto tenía dos entradas que comunicaban con dos ramales de trinchera. Una de las puertas se tabicó posteriormente.

Esta fuente, que se conoce como la Fuente de la Peña de los Pájaros, ha permanecido abandonada durante mucho tiempo. Es casi seguro que esta fuente estaba aquí antes de la guerra, pero también es cierto que, a tenor de los materiales utilizados, durante este periodo se arregló la toma y se atrincheró el entorno.

En este punto observamos varios ramales de comunicación. Gracias a estos ramales se podían comunicar los distintos elementos de la posición defensiva.

Como ya observamos, su trazado en zigzag y su adaptación al terreno permiten una circulación segura y una defensa fácil ante una ocupación de la posición por el enemigo durante una ofensiva.

Un parapeto es una barrera hecha con piedras, sacos de arena u otros materiales, que sirve para protegerse detrás de ella en un combate. Al contrario que las trincheras, que son excavadas, los parapetos se levantan sobre el nivel del suelo. En ocasiones se hacían también construcciones mixtas de trincheras rematadas con un pequeño parapeto. Aquí se aprovecharon las rocas como defensa natural y se levantaron paredes sólidas con este mismo material, la piedra de la zona. Los huecos que se dejan para poder disparar se llaman aspilleras o troneras, dependiendo del tamaño.

El Abrigo. Así se denomina a la construcción destinada al descanso de los soldados.

Las compañías de zapadores se encargaron de perfeccionar estas construcciones hasta llegar a los abrigos enterrados con cubierta protectora de hormigón armado, como los que aún se conservan en la posición de la Cruz de la Gallega. Al final de la guerra se construyó un tipo de abrigo denominado “de doble curvatura” o “de estructura de cáscara”, que se levantaba con ladrillos. Soluciones técnicas de última hora Se trata de estructuras con forma de media bóveda y construidas con ladrillo.

Este tipo de construcciones presentaban bastantes ventajas: economía de transporte y acarreo de materiales, rapidez de la construcción, sencillez de ejecución, impermeabilidad e incombustibilidad y al ser curvas, facilidad de enmascaramiento frente a la aviación enemiga. Una vez construida la bóveda, era muy fácil reforzar con nuevas capas de blindaje. La construcción que tienes delante se realizó al final de la guerra y no se llegó a blindar. Por este motivo no ha perdurado. Aquí puedes ver lo poco que queda de un barracón, destinado al descanso y abrigo de la tropa, construido con esta técnica. Por sus dimensiones estaría destinado a un pelotón, unos 12 soldados.

Sendero balizado, que seguiremos por la primera parte de esta excursión.

El Fortín. Hemos llegado al punto más fuerte de esta posición. Aquí se ubicaba una de las ametralladoras que defendían el enclave. Las armas automáticas se colocaban donde pudieran resultar más efectivas, pudiendo barrer con tiro rasante una zona muy amplia. Para comprenderlo tienes que imaginar, de nuevo, el paisaje despejado, sin árboles a tus espaldas.

Escudo de Falange y el castillo que identifica a los ingenieros en el ejército. Del blindaje quedan los hierros cortados del forjado.

La necesidad hizo lo que no pudieron hacer las bombas. Al acabar la guerra se reventaron muchas construcciones para extraer el metal y, mediante su venta, hacer frente a la penuria que hostigaba a la mayoría de los habitantes de un país que había quedado devastado.

Imaginando la construcción cubierta por el hormigón podremos hacernos una idea del ambiente claustrofóbico que se respiraría en su interior.

Fuente

Paisajes de la guerra 

Enlace a la ruta

 

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com