Fortines de Los Molinos

Nido ametralladora Balcon de la Peñota

Nombre: Fortines de Los Molinos
Localidad: Los Molinos
Comunidad: Madrid
Tipología: Fortines
Estado: Ruina
Visita: Libre, Propiedad privada
Localización:

La batalla del Alto del León y los combates posteriores

El mismo 18 de julio de 1936, fecha del fallido golpe de estado militar que desencadenó la Guerra Civil, comenzaron las movilizaciones de las milicias de los pueblos serranos para proteger los puertos de Guadarrama (Alto del León), La Fuenfría, Navacerrada, etc., y desde esa fecha hasta finales de marzo de 1939, unos días antes del fin oficial de la Guerra, se mantuvo la actividad militar en la zona de Los Molinos. Se puede decir que el frente del Guadarrama fue el más estable de la Guerra Civil, pues permaneció activo y sin apenas variaciones durante los casi tres años de duración de la misma. De ahí las numerosísimas fortificaciones que se construyeron, gran parte de las cuales todavía se pueden observar.

El 22 de julio de 1936, comenzaron los enfrentamientos en el Alto del León, donde se iba a desarrollar, a partir de ese día, la primera batalla a campo abierto de la Guerra Civil, tras las luchas en las ciudades de los primeros días. Se puede decir que la primera y cruenta fase de la batalla del Alto del León duró hasta el 15 de septiembre, cuando el frente quedó prácticamente estabilizado, al desestimar el ejército sublevado la que fue su primera opción de avance hacia Madrid, por los puertos de la Sierra.

El Alto de León cambió en esos primeros días varias veces de mano, quedando finalmente en manos del ejército sublevado. Los ataques se dirigieron, a continuación, hacia el pueblo de Guadarrama por la carretera Nacional VI, siendo detenidos por las milicias y las tropas leales a la República, a la altura del kilómetro 52. El ejército sublevado enfiló también los ataques por el lado Sur de su frente hacia las cumbres cercanas al Alto, ocupando finalmente el Cerro Piñonero, Cabeza Lijar y las cumbres de Cueva Valiente. Por ese mismo lado, pero hacia abajo, llegaron hasta el Cerro de La Viña, en la zona de La Jarosa, cerca de donde hoy está el muro de la presa. Por el lado Norte de su frente los sublevados mantenían el Cerro de La Sevillana, junto al Alto del León, y hacia abajo (Noreste) llegaron hasta el apeadero de La Tablada, donde su avance fue también detenido.

El frente, en esta zona de la Sierra, iba a quedar estabilizado, pero estaba configurado de una manera inestable desde el punto de vista de las posiciones de ambos ejércitos.
El ejército sublevado ocupaba, en la cuerda de la Sierra que limita las provincias de Madrid y Segovia (y Ávila), el Alto del León, el Cerro de La Sevillana, el Cerro Piñonero y Cabeza Lijar, teniendo también un entrante (que en las tropas republicanas bautizaron como “la bolsa”), que bajaba hacia el pueblo de Guadarrama y se abría por ambos lados de la N-VI.

Las tropas republicanas mantuvieron el pueblo de Guadarrama (que por los efectos de la primera batalla y por los bombardeos posteriores quedó prácticamente destruido y del que hubo que evacuar a la población civil, al igual que la de Los Molinos). Por su lado izquierdo mantuvieron sus posiciones en la zona de La Jarosa, en ese lado del arroyo del mismo nombre, subiendo por las cumbres del Cerro del Cebo de los Lobos, manteniendo la posición avanzada del Cerro de los Álamos Blancos hasta llegar, en la cuerda de la Sierra, al cerro de La Salamanca, junto a Cabeza Lijar, para continuar sus posiciones por toda la cuerda hacia Abantos. Por su lado derecho, las tropas republicanas mantuvieron la zona de la Dehesa de Los Poyales (en Guadarrama), la zona de Las Atalayas, hasta llegar al Cerro de Matalasfuentes (ambas zonas en Los Molinos) y los cerros y puertos que siguen por la cuerda de la Sierra hacia La Peñota (Cerro de la Peña del Cuervo y Cerro del Mostajo, con los correspondientes collados del Mostajo y de Gibraltar). Las tropas republicanas mantuvieron la mayoría de las cumbres, lo que, en contra de una creencia muy extendida, era una situación comprometida, por la exposición a los bombardeos, las dificultades de defenderlas y de abastecimiento de las tropas que allí tenían que permanecer, el frío en invierno, etc. Esto y su estrategia fundamentalmente defensiva, llevó a que el ejército republicano fuera el primero en iniciar las tareas de fortificarlas y de procurar abrigo a sus tropas, primero de manera precaria y poco a poco de una manera más planificada y consolidada.

En mayo de 1937 el ya constituido como Ejército Popular de la República lanzó una ofensiva en varios frentes para quitar presión a los avances del ejército franquista en el norte de la Península. Se produjo el ataque republicano conocido como la Batalla de la Granja, intentando tomar ese pueblo, mientras que en nuestra zona se atacaron las posiciones del Alto del León, también como maniobra de distracción del ataque principal, que fue el que se dirigió hacia el pueblo de la Granja y amenazar Segovia. El principal de estos ataques de distracción partió de Los Molinos, concretamente del Cerro de Matalasfuentes y del Cerro en el Cerro de la Peña del Cuervo, en una maniobra en la que se atacó el Alto del León flanqueándolo por el lado Oeste del Cerro de La Sevillana (La Sevillanita).

La fortificación de la línea del frente en la Sierra

Después de esta nueva batalla, tras la cual las posiciones se mantuvieron prácticamente igual que antes de la misma, el frente quedó definitivamente estabilizado y ambos ejércitos pusieron en marcha unos planes de fortificación sistemáticos. Con la evidencia de la baja actividad en el frente, limitada a duelos artilleros, tiroteos, alguna incursión, encuentros fortuitos, etc., los trabajos de fortificación se redoblaron en 1938 por ambos lados, lo que les permitía mantener las posiciones no sólo con mayor seguridad, sino también con menos efectivos, que eran necesarios en frentes más activos.

En la zona republicana de la Sierra se fueron construyendo fortificaciones en profundidad, pudiendo observarse hasta tres líneas de defensa, la tercera de las cuales llegaba hasta Collado Mediano, donde existe, entre otros restos, una trinchera en zig-zag, de más de un kilómetro de longitud, reforzada con muros internos de piedra y en magnífico estado de conservación, situada en el Cerro del Jaralón, así como algunos restos de casamatas en esa zona y casas refugio en la Sierra del Castillo.

Las construcciones de la primera línea del frente en Los Molinos

En el término municipal de Los Molinos, las fortificaciones más numerosas se realizaron en los Cerros de Matalasfuentes y en el Cerro de la Peña del Cuervo, y en los correspondientes Collados, llegando las mismas hasta las cumbres de La Peñota (donde quedan restos de varias casas-refugios y de un observatorio en la cumbre central). Esa línea de fortificaciones continuaba hacia el Collado de Cerromalejo y el Pico del Águila, al Norte, en los términos de Cercedilla y El Espinar y, atravesando las cumbres de la Sierra de Guadarrama, llegaban hasta Somosierra.

Desde el Cerro de Matalasfuentes se extiende la primera línea del frente, situada en gran parte en las cumbres, que enfrentaba las posiciones del ejército franquista en el Alto del León, punto muy fortificado, y en los valles del término municipal de El Espinar. En ella podemos encontrar en la actualidad restos de casamatas (o bunkers), casas-fuertes, larguísimos parapetos de piedra seca con aspilleras o troneras, nidos de ametralladora hechos con piedra seca, plataformas artilleras, puestos de tirador, observatorios, decenas kilómetros de trincheras de acceso o de defensa… y, sobre todo, casas-refugios de sillería, para las tropas, varias de ellas de muy buena factura y equipadas con chimeneas, que todavía se conservan, elemento imprescindible para resistir los inviernos a más de 1.500 metros de altura. En esta zona actuó principalmente la 29 Brigada Mixta.

Debajo del Cerro de Matalasfuentes las fortificaciones bajaban hacia la zona del Puente del Lomito, girando hacia la zona de Las Atalayas, para seguir hacia la Dehesa de Los Poyales, en el término de Guadarrama, donde se situó un importante puesto de mando, en la posición conocida como “Tomillares”.

Las construcciones de la segunda línea del frente en Los Molinos

Existe también una segunda línea de frente, cuyas construcciones más sólidas debieron ser levantadas a partir de 1937 y, fundamentalmente, en 1938. En esta segunda línea (que nunca entró en combate) están los ejemplos mejor conservados, más conocidos y visitados, por su cercanía a la actual zona urbana de Los Molinos (alguno está incluso en el jardín de una urbanización que, dicho sea de paso, lo ha respetado, conservado y mantenido de manera ejemplar). Nos referimos a la línea de bunkers (casamatas de hormigón armado de cemento y piedra) que, según Ricardo Castellano, experto en la materia, se construyeron dentro de un plan de fortificación denominado PLAN 2-A1.

Se trata de casamatas, bunkers o nidos, para una ametralladora con sus dos servidores, dotadas de dos troneras al frente, que cubren prácticamente 180o, con entrada por la parte posterior a través de una pequeña puerta y que tienen en su interior un bloque cilíndrico de cemento, que en el centro de su parte superior tenía un eje sobre el que se asentaba y giraba la ametralladora.

Estas casamatas están hechas de hormigón armado, con cemento de muy buena calidad. El ancho de sus muros está entre los 100 y los 50 cm, según la zona. En su parte superior tiene además un “gorro” o copete de cemento rugoso mezclado con piedras, cuyo fin debía ser el camuflaje, además de servir de protección suplementaria a los impactos artilleros (en la casamata de Los Veneros, se distingue en ese copete huellas de pisadas que debieron ser hechas de manera intencional para contribuir a darle un aspecto irregular). Estas casamatas suelen tener su entrada a través de una trinchera que en algunos casos tuvo que excavarse en roca.

En Los Molinos están localizadas 6 casamatas de este tipo, y otras 2 en Guadarrama, y son de las mejor conservadas que conocemos en todo el Estado. Forman un arco que parte de las cercanías de la carretera M-622, en el término de Guadarrama, hasta las faldas de La Peñota. La primera en Los Molinos está en la zona de Los Huertos y la sexta en Los Veneros, cerca de la vía del ferrocarril. Esta última casamata tiene grabado en el hormigón “AÑO 1939” (con la ñ al revés, como se estilaba en alguna tipografía de la época), por lo que debió ser una de las últimas que construyó el Ejército Popular de la República, al ser concluida en enero o febrero de ese año. Nos queda la duda de si existió o existe, enterrada o dentro de una construcción, una séptima casamata entre la de Los Huertos y la primera en Guadarrama, en la zona donde se construyó la urbanización La Cerca de La Mora, teniendo en cuenta la distancia excesiva entre esas dos casamatas citadas, aunque la existencia de un humedal, hoy desaparecido, en la zona del cementerio hace también presumible que no se tuviera que construir en esa zona.

Además de esas seis casamatas o bunkers, hay otras cuatro y restos del faldón de hormigón de una quinta, por encima de la vía del ferrocarril. Son un poco más grandes y algo diferentes en su forma. Están forradas con piedras planas de la zona, tienen el techo plano y ligueramente inclinado hacia el frente, fueron construidas con cemento mezclado con mucha arena y con piedras de la zona y “armadas” de manera irregular con piquetas que debieron provenir de las vallas ganaderas y otros elementos de hierro.

Tres de estas cinco casamatas (las dos de Majalcamacho y la de Las Encinillas), fueron, probablemente, voladas desde el interior, como demuestran los restos de hormigón esparcidos alrededor, especialmente visibles en la del Barranco de las Encinillas. Estas explosiones controladas seguramente tuvieron lugar después de la Guerra, para recuperar el acero de los numerosísimos proyectiles de artillería que quedaron sin explosionar en la zona y que, por la calidad de su acero, eran de gran valor. Parece que los proyectiles se ponían en el interior de las casamatas y se hacían explotar, facilitando la recolección de la metralla de acero, como hemos podido leer en algún documento militar de la época. Por esto esas tres casamatas carecen de la parte posterior y de gran parte del techo y están en peor estado de conservación.

Una cuarta casamata, la de La Molinera, tiene desprendido su frente, que está caído en tres grandes bloques. La quinta, la de Las Encinillas, se encuentra en muy buen estado de conservación.

Otra particularidad, que también las diferencia de las anteriores casamatas, es que su cubierta interior estaba hecha con troncos, “rollizos”, sobre los que se habría vertido el cemento y el hormigón, haciendo a la vez de encofrado y de protección suplementaria, como se puede observar por el dibujo que han dejado en el cemento y por los restos de troncos que quedan todavía hoy en la casamata de Las Encinillas. Las otras casamatas, las situadas debajo de la línea férrea, no tenían esa cubierta interior de madera, pero contaban con una armada con una rejilla de hierro, de la que quedan las marcas, pues fueron arrancadas y, seguramente, reutilizadas una vez finalizada la Guerra.

En esta segunda línea de frente, hay también otras construcciones y un complejo trazado de trincheras de defensa, de acceso y de comunicación, además de algunos restos de construcciones que presumiblemente guardaban las rutas de abastecimiento hacia la primera línea. Una de estas rutas partía, al parecer, desde Cercedilla, atravesaba el Collado del Rey, en la cuerda de la Peñota, hasta alcanzar el Cerro del Mostajo y el poblado en el Cerro de la Peña del Cuervo, donde hubo un puesto de mando y un poblado del que sobreviven restos notorios de más de una veintena de casas.

La tercera línea del frente en esta zona, estaba fundamentalmente en torno a Collado Mediano (El Jaralón, La Jarahonda…), con algunas posiciones en Navacerrada (La Golondrina), Cercedilla (Peña del Sol) y el lado Este de Guadarrama (La Serranilla). En Los Molinos hay rastro de trincheras en el monte de El Chaparral, lindante con Collado Mediano, pero sin que hayamos localizado restos de mayor importancia.

Los numerosos restos que hemos encontrado en Los Molinos y catalogado en 141 fichas, dan una idea aproximada de la magnitud de las construcciones defensivas en la Sierra, teniendo en cuenta que sólo han sobrevivido las más sólidas, las más alejadas de los núcleos urbanos y las que sus materiales no han podido ser reutilizados. Para hacer una idea de lo que fueron hay que tener en cuenta que las construcciones estaban protegidas con alambradas, que obviamente fueron reutilizadas después de la Guerra, contaban con parapetos de sacos terreros, algunas tenían techo de madera y tierra, la mayor parte estaban camufladas con arbustos que eran regularmente renovados, había chozas de precaria construcción (“chavolos”) para las tropas de reemplazo que subían cuando el tiempo era menos duro, mientras las casas de mejor factura eran para las tropas que permanecían durante el invierno en alturas que iban de los 1.500 hasta los más de 2.000 metros, etc.

Existieron también casas o refugios de madera, como nos ha contado un excombatiente, sin que ninguna, lógicamente, haya llegado hasta nuestros días. La práctica totalidad de los restos que han sobrevivido son de piedra, piedra y cemento o de hormigón y algunos ladrillos macizos. Una excepción, de la que no sabemos si existe alguna otra en la Comunidad de Madrid, es el bunker-observatorio de Las Atalayas, hecho con bloques regulares de hormigón, gran parte de los cuales fueron sacados y deben formar parte de los muros de otra construcción cercana. Algunas construcciones fueron destruídas cuando, después de la Guerra y en renovados intentos, se emprendió la repoblación forestal, pasando sus piedras a formar parte de los muros de las terrazas que se construyeron. Los techos de teja de las casas (muchas de ellas provenientes de los de los chalets de Los Molinos), fueron, con toda certeza, desmontados posteriormente y ese valioso material reutilizado después de la Guerra, como atestigua el que no hayamos encontrado una sola teja entera, aunque sí numerosísimos pedazos. En algunos casos sabemos, por testimonios directos, de la reutilización de las piedras de alguna posición o casamata para nuevas construcciones (Padros Monteros) y suponemos que en otros muchos casos, las piedras mejor cortadas de las casas-refugio más cercanas al pueblo también lo debieron ser, así como muchas volverían a las vallas de las fincas de las que salieron, o fueron utilizadas para construir nuevas vallas.

Una mención especial requiere los grabados en la piedra que hicieron los combatientes, en las largas jornadas sin combates en las que transcurrió la mayor parte de la Guerra. En Los Molinos hemos encontrado siglas de grupos políticos y sindicales (JSU, CNT), varias hoces y martillos, una estrella de cinco puntas, fechas, siglas que no sabemos a qué responden, lo que puede ser alguna consigna o reseña, precarios dibujos, marcas que podían tener una utilidad para el asentamiento de armas, etc.(1)

En Los Molinos están localizadas 6 casamatas de este tipo y otras 2 en Guadarrama (junto a la M-622). Hay, además, otras 4 y restos de una 5a, por encima de la vía del ferrocarril, algo más grandes, forradas de piedra y de menor calidad en su construcción y conservación. Forma parte de una segunda línea de frente construida a finales de 1938 y principios de 1939, dentro del PLAN 2-A (Ricardo Castellano, “Los restos de la defensa. Fortificaciones de la guerra civil en el frente de Madrid. Ejército republicano”. Ed. Almena). El uso previsto de este tipo de casamatas o bunkers, era para una ametralladora y sus dos servidores.

Debido al terreno, la ruta se divide en dos tramos. Un Tramo A que discurre la mayor parte del tiempo por zona urbana, y un Tramo B que se adentra en zonas naturales de Los Molinos como la Peñota, por lo que la dificultad es mayor.

Tramo A

Los seis primeros búnkeres fueron levantados entre 1938- 1939, dentro del PLAN 2-A y son de los mejores conservados de España. La parte superior está coronada con una especie de “tapadera”, en la mayoría de los casos circular, realizada con los mismos materiales que las anteriores pero en vez de con troncos en el interior con unas rejillas de hierro de las que sólo quedan las marcas.

Nido de ametralladora de La Porqueriza

Nido de ametralladoras de hormigón con dos troneras, estructura trasera poligonal, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Pertenecía a la serie de nidos republicanos construidos entre los pueblos de Guadarrama y Los Molinos, cuya misión era detener el posible intento de descenso de las tropas nacionales desde el Alto del León y sus posiciones avanzadas. La serie formaba parte a su vez de un plan divisionario para reforzar la línea de sostenes de la 2ª División con cuarenta fortines.

Nido de ametralladora de Los Huertos

Nido de ametralladora que tiene la particularidad la existencia de una doble visagra en un marco sobre la puerta trasera, lo que indica que en algún momento dispuso de un cierre con puerta metálica. Dispone de dos troneras al frente que cubren 180 grados. En el interior con una plataforma circular de cemento, para apoyar la ametralladora. Construída en hormigón armado de muy buena calidad. El ancho de los muros entre 100 y 50 cm. La parte superior es de cemento rugoso con piedras, como camuflaje. Entrada a través de una trinchera poco marcada. Octubre 1938-enero 1939.

Nido de ametralladora del Sanatorio de Marina

Nido de ametralladoras de hormigón con dos troneras, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes, con las troneras cegadas y la puerta de acceso apenas sobresale la parte superior. Su estado de conservación en muy bueno, aunque ha desaparecido la plataforma interior cilíndrica, destinada al apoyo de la ametralladora. Está dentro del Sanatorio de Marina, en el pinarcillo de repoblación. Puede verse desde la vereda que va hacia el Cerrillo de la Guerra (Paseo de los Transeúntes). Octubre 1938-enero 1939.

Nido de ametralladora de Majaltobar

Nido de ametralladora situado junto al arroyo de Majaltobar, en el Cerrillo de la Guerra (llamado así, no por la Guerra Civil, sino por un combate que allí se produjo en la Guerra de Sucesión). Nido de ametralladoras de hormigón con dos troneras, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Recientemente desenterrado y puesta en valor. En techo tiene, posiblemente, un impacto de un proyectil. Construído de hormigón con dos troneras, estructura trasera poligonal, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Octubre 1938-enero 1939.

Nido de ametralladora de Matamaillo

Nido de ametralladora situado en la finca privada de Matamaillo. Nido de ametralladoras de hormigón con dos troneras, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Se accede a la misma a través de una trinchera excavada, en la roca. En torno a la casamata se observan perfectamente un complejo trazado de trincheras. Tiene también una zona, en su parte superior, socavada por lo que podría haber sido el impacto de un proyectil. Construído de hormigón con dos troneras, estructura trasera poligonal, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Octubre 1938-enero 1939.

Nido de ametralladora del Balcón de la Peñota

Nido de ametralladora situado dentro de la urbanización El Balcón de la Peñota, encima de una de las plazas interiores, en un jardín. Nido de ametralladoras de hormigón con dos troneras, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Se puede visitar y entrar en ella por la zona ajardinada. Construído de hormigón con dos troneras, estructura trasera poligonal, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Octubre 1938-enero 1939.

Nido de ametralladora de Los Veneros

Nido de ametralladora situado junto al camino del Mostajo. Nido de ametralladoras de hormigón con dos troneras, estructura frontal redondeada y plano inclinado entre techo y las paredes. Tiene grabado en su frente “AÑO 1939”, con la ñ al revés, como se solía hacer y aparece en algunas pancartas de la época. Hay también otros grabados en el cemento de la base de las troneras, en el hormigón y en la parte superior, que, en algún caso, son claramente posteriores. En el cemento del techo hay huellas de botas, lo que se entiende, porque esa capa tenía que tener un aspecto rugoso para cumplir con su papel de camuflaje. Es la más alta de las construidas en hormigón.

Tramo B

Los cuatro últimos están datados en 1937 y se sitúan en la parte superior de la vía de Cercanías. Son más grandes, de menor calidad y están peor conservadas. Su mayor diferenciación se encuentra en la cubierta. Exteriormente es plana e inclinada hacia delante e interiormente están forradas con troncos denominados “rodetes”, que realizaban la función de encofrado del cemento y hormigón y, a la vez, daban mayor protección a la construcción.(2)

Nido de ametralladora de La Molinera

Nido de ametralladora situada en la finca de La Molinera, por encima de la vía del tren. Esta sobre la cuerda que baja de La Peñota, en una finca privada en la que hay numerosísimas trazas de trincheras.
Es la primera casamata de la línea situada por encima de la vía del tren. Está hecha con cemento, piedras y perfiles o barras de hierro. El cemento está muy mezclado con arena. Está forrada con piedras de la zona. Todo su frente está derrumbado en cuatro grandes trozos que se conservan. La parte posterior, así como las trincheras de acceso, están en muy buen estado de conservación. Tiene entrada por una trinchera excavada en parte en la roca y rodeada de restos de trincheras.
Es de tipo diferente y, probablemente anterior (¿1937?) a la línea de casamatas que termina en la de Los Veneros. Su posición es, aparentemente, de dudosa eficacia pues está detrás de la casamata de Los Veneros y bastante expuesta (la mayor eficacia de estos nidos de ametralladora estaba en la sorpresa y se solían situar a media ladera, para hacerlos menos visibles y vulnerables.

Nido de ametralladora de Las Encinillas

Nido de ametralladora situada en Las Encinillas, en la solana de La Peñota. Casamata en muy buen estado de conservación y poco conocida. El techo, inclinado hacia el frente, es plano, de cemento con piedras y estaba sujeto por troncos redondos, “rodetes” que, a la vez, hacían de encofrado, así como un par de viguetas de hierro que refuerzan el techo en la zona de la tronera. Quedan restos de estos troncos quemados todavía sujetos. En su parte superior sobresale un perfil de hierro, cuyo uso probable pudo ser sujetar una red de camuflaje, que solía cubrir las casamatas. Está, como las otras cuatro, por encima de la vía de tren y forrada en piedra. Es de tipo diferente y, probablemente anterior (¿1937?) a la línea de casamatas que termina en la de Los Veneros.

Nido de ametralladora del Barranco de Las Encinillas

Nido de ametralladora situada junto al Barranco de Las Encinillas. Situada encima de la “pista forestal de arriba” y sobre una lancha de granito. Le falta la parte de detrás y parte del techo. A unos metros detrás de la casamata hay restos esparcidos que parecen indicar que hubo voladura de la misma, desde su interior. La falda es de hormigón y la cubierta de cemento y piedras. Está forrada de piedras con las junturas de cemento en relieve. El techo es plano, como las otras tres que están por encima de la vía del tren. Está, como las otras cuatro por encima de la vía de tren, forrada en piedra del lugar. Es de tipo diferente y, probablemente anterior (¿1937?) a la línea de casamatas que termina en la de Los Veneros.

Nido de ametralladora de Majalcamacho

Nido de ametralladora situada en Majalcamacho. En la ladera de La Peñota, junto a la pista forestal “de arriba”, en zona pública. Forma parte de una posición con más elementos. A unos diez metros están los restos de otra casamata o puesto sin techo (queda el faldón de hormigón), restos de parapetos y otra posición, probablemente para mortero. El techo está destruido, probablemente fue volado desde el interior. Se dice que en la limpieza de proyectiles de la zona, se metían dentro de las casamatas para hacerlos explotar y, probablemente, para recuperar con facilidad el acero de los mismos que era de muy buena calidad y, por lo tanto, muy caro en la posguerra. Está, como las otras cuatro por encima de la vía de tren y forrada en piedra. Es de tipo diferente y, probablemente anterior (¿1937?) a la línea de casamatas que termina en la de Los Veneros.(1)