Fortines de Villanueva de Perales

 

Nombre: Fortines de Villanueva de Perales, Fortines de la Cañada Real Segoviana, Fortines cruciformes de la 20 División, Posición Encrucijada

Localidad: Villanueva de Perales

Comunidad: Madrid

Tipología: Fortines cruciformes

Estado: Bueno

Visita: Libre

Desde agosto de 1938, hasta el final de la guerra, la 20 División del Ejército Nacional se encargó de cubrir el sector de frente comprendido entre la orilla izquierda del río Perales (zona de Perales de Milla) y la Cuesta de las Perdices (km. 9 de la carretera de La Coruña). Fue precisamente en ese periodo de tiempo cuando se construyeron en la zona oeste y noroeste de Madrid la mayor parte de las fortificaciones franquistas cuyos restos han llegado hasta nuestros días. 

Todos ellos son resultado de un proyecto elaborado en noviembre de 1938 por la Comandancia de Ingenieros del Ejército Centro para proteger las carreteras de una posible penetración enemiga. Este proyecto respondía a una orden emitida por el Cuartel General del Generalísimo en octubre de ese mismo año. Dicha orden disponía la construcción de elementos de resistencia a base de solidos fortines de hormigón en todas aquellas vías que, en caso de ruptura del frente, pudieran ser aprovechadas por el enemigo para una rápida incursión en la retaguardia propia.

El objetivo que se perseguía con la construcción de estos núcleos fortificados a base de conjuntos de fortines cruciformes era posibilitar que pequeñas guarniciones fueran capaces de hacer frente a fuerzas muy superiores en número y material. Para ello, los fortines debían de tener un blindaje capaz de resistir impactos de artillería ligera. Su forma de cruz permitía hacer fuego hacia todas las direcciones, de tal forma que era posible mantener la defensa aun en el caso de haber sido rodeados por el enemigo. Todos ellos contaban con un abrigo subterráneo, al que se accedía por pozos de hasta 8 m de profundidad, donde la guarnición podía aguantar los bombardeos de artillería y aviación. Desde este abrigo en caverna se abrían diversas galerías que eran empleadas como polvorines y depósitos de víveres y material, permitiendo a la vez la comunicación bajo tierra entre los diferentes fortines. Todo ello, pensado para que la posición fuera capaz de resistir durante largos periodos de tiempo, incluso, si era sometida a un férreo asedio que la dejase aislada e incomunicada de su retaguardia.

 

VP 1 Nido ametralladora

 Alzado y planta del nido conjugado situado en la M-522. Dibujo de Pablo Schnell, publicado en “Arquitectura militar de la guerra civil. Sector de la Batalla de Brunete”, Castellano, R. y Schnell, P. DGPH de la CAM, Madrid, 2011, p. 133.

Estos núcleos de resistencia se establecieron en grupos de dos o tres fortines, muy cercanos entre sí, ubicados de tal manera que sus respectivos campos de tiro se complementaban para evitar la existencia de ángulos muertos y desenfiladas. Las características básicas de estas fortificaciones pueden resumirse de la siguiente manera: planta en forma de cruz griega formada por cuatro nidos abovedados de hormigón armado (modelo CGIS), con una tronera para arma automática en el muro frontal. El acceso es subterráneo y suele situarse en uno de los laterales de la fortificación protegido por un parapeto, también de hormigón, que forma un ángulo de 900 adosado exteriormente al fortín. En el interior de todos ellos se abría un profundo pozo que conducía a varias galerías subterráneas que, como señalábamos antes, eran empleadas como refugios, depósitos y polvorines, además de comunicar entre sí a los diferentes fortines de una misma posición, o dar salida a un camino de evacuación ubicado, discretamente, a cierta distancia de los fortines.

Los denominados “nidos CGIS” que conformaban estas fortificaciones respondían a un modelo desarrollado en la segunda mitad de 1938 por la Comandancia de Ingenieros del Ejército Centro para unificar la tipología de los nidos de ametralladoras de toda la División. Los nidos CGIS (siglas cuyo significado exacto desconocemos), eran de planta rectangular, con cubierta abovedada, una única tronera en su frontal y acceso trasero. Construidos en hormigón armado, el tamaño y grosor de los muros podía variar bastante de unas posiciones a otras, especialmente, si eran posiciones de primera línea (donde los trabajos se revisten de una especial dificultad por el constante hostigamiento del enemigo), o de segunda línea (en donde se podía trabajar más cómodamente, e incluso hacer uso de maquinaria).

VP 2 Nido ametralladora

A tenor de los restos que se conservan hoy en día en distintos puntos de lo que fue el sector de la 20 D, el modelo de nido CGIS permitía una variada construcción de fortificaciones. De esta manera, podemos encontrar fortines sencillos (Posición Rubio, en Las Rozas de Madrid), dobles (Camarines, en la Cuesta de Las Perdices), triples (Los Rosales, cerca de La Raya del Palancar), o, como es el caso que tratamos en este artículo, cruciformes, formados por la conjunción de cuatro nidos.

Actualmente, encontramos magníficos ejemplos de fortines cruciformes junto a las carreteras M-600, M-522 y M-501, todos ellos, construidos desde finales de noviembre de 1938, y en un plazo de tiempo bastante corto, por el Batallón de Zapadores Minadores nº 8.

Según documentación consultada, para finales de 1938 se encontraba ya ultimado el grupo de tres fortines cruciformes que hoy en día podemos encontrar en las proximidades de la M-501, cerca del vértice Encrucijada, dentro del término municipal de Villanueva de Perales:

VP 3 Nido ametralladora

“Se trabaja actualmente en la construcción de dos grupos de fortines de tres elementos cada uno, de las mismas características que el de vanguardia de Brunete en el cruce de la carretera de Chapinería con el camino a Perales de Milla.”

Uno de estos grupos de fortines se encuentra en el interior de una finca privada, por lo que solo pueden verse desde la valla. El otro grupo flanquea la Cañada Real Segoviana, y aunque alguno de los fortines ha perdido el parapeto de hormigón que protegía su acceso, en general se encuentran en buen estado.

En el interior se conservan todavía algunos listones y tableros de madera adosados a los muros, que fueron empleados para el encofrado. Exteriormente, existen algunas inscripciones que fueron grabadas en los muros antes de que el cemento fraguara.

Apenas tres meses después de la construcción de estas fortificaciones la guerra llegaba a su fin. Las posiciones de uno y otro ejército eran abandonadas, quedando estos fortines a merced del paso del tiempo y el olvido. Los elementos metálicos que eran fáciles de extraer (compuertas, cierres, etc.) fueron recuperados para ser vendidos como chatarra; los pozos, abrigos y galerías subterráneas fueron poco a poco hundiéndose y el interior de los fortines se fue llenando de todo tipo de residuos y desperdicios. Pero la solidez con que fueron construidos ha permitido que, casi ocho décadas después, todavía permanezca su firme presencia en un paisaje del que ya forman parte, y al que dotan de una personalidad e identidad propias.

JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ

Fuente

http://frentedebatalla-gerion.blogspot.com

 

 

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com