Fortines del frente de Somosierra

Nombre: Fortines del frente de Somosierra

Localidades: La Serna, Gandullas, Piñuécar, Paredes de Buitrago

Comunidad: Madrid

Tipología: Nidos de ametralladora, puestos de tirador, trincheras

Estado: Ruina consolidada

Visita: Libre

Desde el inicio de la Guerra Civil (1936-1939), Madrid fue uno de los escenarios principales de la contienda. El general Mola, responsable del frente Norte, organizó varias columnas militares que desde Pamplona y Burgos partieron hacia el puerto de Somosierra, principal obstáculo en el camino para tomar la capital. Era el inicio del golpe militar, los sublevados querían acabar rápidamente con la República y para ello debían tomar Madrid. Mola debía cortar los suministros para que una vez sitiada la capital se rindiese, el objetivo era dejarles sitiados sin agua y sin luz, la capital caería en menos de un mes. El principal objetivo, era controlar los embalses de Puentes Viejas y el Villar, los únicos que la abastecían.
En la Sierra Norte hay dos objetivos: el principal son los canales y pantanos que abastecen de agua a Madrid, el secundario es el túnel  del ferrocarril, (aún sin uso por no estar terminado, tenía estaciones, andenes, pero no tenía raíles ni traviesas) que atraviesa el alto de Somosierra, de 11 m, de unos 4 km para pasar de un lado a otro del puerto de Somosierra.
Un grupo de gente joven, liderado por los hermanos Carlos, Luis y Manuel Miralles, de Renovación Española, partidarios del alzamiento, se había ofrecido al general Mola para cualquier misión, recibiendo el encargo de ocupar el puerto de Somosierra hasta que llegasen las de tropas nacionales.
El 17 de julio llegan desde Madrid a dicho puerto, donde quedan 16 personas, continuando el resto hacia Burgos en busca de armas. El 19, un peón caminero de paso divisa al grupo y, sospechando algo irregular, lo comunica al alcalde de Buitrago, Víctor Rodrigo, que se presentó inmediatamente en el puerto con hombres armados, tomando prisioneros a los que estaban de guardia, mientras que los restantes que dormían en el túnel, no se enteraron de lo que estaba ocurriendo hasta el día siguiente.
Rápidamente se ponen en contacto con lo que habían ido en busca de armamento, y toda la partida vuelve al puerto. Cuando, al enterarse de la situación, se presenta de nuevo el alcalde de Buitrago con más hombres, se establece un tiroteo que obliga a retirarse a la gente de Buitrago. Ante el temor de nuevos asaltos, la guerrilla de los Miralles se retira hacia Cerezo, donde se une a Carlos, que había conseguido reunir más voluntarios, y todos juntos, unos cien hombres, vuelven a situarse en el puerto el día 20, aunque al encontrarse sin apoyo retroceden hasta Aranda de Duero.
Museo de Paredes de Buitrago
En la noche del 19 al 20 salía de Burgos la columna del coronel José Gistau, con un batallón de San Marcial, artillería y algunos voluntarios, con instrucciones de tomar el puerto. En Aranda son atacados por la aviación, decidiendo continuar la marcha solamente por la noche como medida de precaución, lo que ralentiza su marcha.
El día 20, parten hacia la Sierra un millar de soldados republicanos subiendo hasta Somosierra junto a cientos de milicianos al mando del Coronel Castillo, los capitanes Galán y Hernández Gil, y el comandante Burillo, quienes diezman a las milicias de Miralles tomando el puerto el día 22.

El día 21 se adelanta hacia el puerto el grupo Miralles con unos setenta hombres, lo sobre pasan y llegan hasta Robregordo, desde donde observan que una columna de fuerzas gubernamental avanza hacia Buitrago por los altos de la Cabrera. Retroceden hasta el puerto, donde queda medio centenar de combatientes al mando del capitán Luis Ortiz, y Carlos Miralles, con los restantes, continúa hacia Cerezo, para encontrarse con la columna Gistau. Mientras el grupo de los Miralles avanzaba hacia Somosierra por el norte, salió de Madrid hacia el puerto una columna al mando del coronel Castillo, formada por dos batallones de milicias, tropas de caballería, varias compañías de guardias de asalto, guardia civil, carabineros, infantería y el grupo de artillería del comandante Jurado, dirigidos por el capitán excedente de la Guardia Civil Francisco Galán Rodríguez y por el también capitán Hernández Gil. En total, unos dos mil hombres con varias piezas de artillería de el 75, del 105 y del 155. Llegan a Buitrago e inician el avance hacia el puerto en la mañana del día 22, encontrando fuerte resistencia por parte del pequeño grupo de los Miralles. Carlos cae mortalmente herido en la lucha y tienen que retirarse a Cerezo de Abajo, muriendo también el capitán Ortiz en esta retirada. El puerto de Somosierra queda en manos de las tropas republicanas. Otro de los hermanos Miralles, Luis, moriría también en Somosierra el 22 de septiembre de 1936. Manuel caería el 26 de mayo en el frente de Teruel.

Paredes de Buitrago

El día 22 de julio, el coronel Gistau emprende la reconquista del puerto, ocupando previamente ambos flancos, los Gargantones al Oeste, y los altos de la Cebollera al Este. Para alcanzar la Cebollera Vieja, el comandante Angulo con dos compañías, acompañado de un guía, parte en la noche del 22 al 23, pero se pierden en el camino y no vuelven a aparecer hasta la tarde del día 23.

En la mañana del día 23, creyendo tener fuerzas ya situadas en ambos flancos, el coronel Gistau emprende la subida al puerto, pero su columna es batida, bombardeada y rechazada por las fuerzas de Galán, teniendo que replegarse. Ante el fracaso de la operación, el coronel Gistau es relegado del mando, que pasa a manos del teniente coronel Cebollino, del regimiento de España, mientras se ordena al coronel Francisco García Escámez, que se incorporé urgentemente con su columna a las fuerzas que trataban de tomar el puerto de Somosierra. García Escámez llega a Aranda en la tarde del mismo día 23 de julio, haciéndose cargo de todas las fuerzas de Somosierra.

En la tarde del día 24 el coronel Rada, con dos compañías de Sicilia, consigue alcanzar y conquistar la Cebollera Vieja, sorprendiendo al desprevenido enemigo. Simultáneamente una compañía del Regimiento de América, al mando del capitán Díez de la Lastra, ocupa las alturas de los Gargantones, al oeste del puerto, por encima de Robregordo y la Acebeda. El teniente coronel Cebollino, protegido por artillería y aviación, toma el puerto el día 25 de julio, resolviendo con rapidez un problema que parecía enquistado. El puesto de mando y el depósito de municiones se establecen dentro del túnel del ferrocarril en construcción, que cruza la sierra bajo el puerto mismo. Desde el nordeste se dirigen hacia Somosierra, la del Coronel José Gistau procedente de Burgos y la Navarra del Coronel Francisco García Escamez que salió de Pamplona, asumiendo e mando de ambas columnas.

La plataforma del ferrocarril Madrid – Burgos (que no entraría en funcionamiento hasta 1966, tras reconstruir todas las estaciones e instalaciones destruidas durante la contienda), todavía sin tendido de vías, pero con los diversos túneles ya perforados al pie de la sierra, con el más largo, de cuatro kilómetros de longitud, bajo el puerto, constituía una excelente vía de penetración hacia Buitrago por parte de los sublevados.

El día 25 el ejercito nacional con tropas bien entrenadas y armadas atacan fuertemente la línea de Somosierra y consiguen retomar el puerto y túnel ferroviario, que es utilizado como puesto de mando, polvorín y hospital de campaña e intentan avanzar hasta Buitrago, pero la columna del capitán repúblicano Francisco Galán (brigada 13) que estaba en Buitrago del Lozoya los detiene en seco a la altura de Madarcos, aunque gracias a la intervención de la aviación alemana y los bombardeos de los Stukas, hacen retroceder a la  brigada 13 republicana hasta la Peña del alemán donde se fortifican. El general José Riquelme toma el mando de las fuerzas republicanas que operan en Guadarrama.

El 26 de julio tropas de García Escámez al mando del teniente coronel Cebollino, con los Batallones San Marcial y Bailén ocupando el cordal de las Cebolleras, al Este del puerto, y la parte alta del cordal principal de la sierra, por el Oeste, controlan totalmente la carretera de subida al puerto desde Buitrago. García Escámez avanza hacia el Sur, ocupando Braojos, Piñuecar, Prádena del Rincón y Montejo de la Sierra, disponiendo la artillería al suroeste de Braojos, en los altos de los Cerrillos, y al norte de la cabeza de Piñuécar.

Por su parte, la artillería del ejército republicano situada a ambos lados del Portachuelo, controlaba la bajada hacia Buitrago y la carretera de Burgos. La aviación republicana bate las posiciones nacionales de Somosierra, recibiendo ayuda de la URSS, con carros de combate y aviones soviéticos, haciendo retroceder esta vez al bando nacional.

El día 27 García Escámez continúa su avance hacia Madrid, tras un duro combate, adelantan su línea del frente de Somosierra hasta cerca de Buitrago de Lozoya, cayendo las localidades de Prádena del Ríncon, Montejo de la Sierra, Paredes de Buitrago y Puebla de la Sierra, avanzando miles de tropas hacia las presas del Lozoya. Aunque son detenidos cerca de Buitrago por las milicias republicanas al mando de Francisco Galán Rodríguez, que ofrecen fuerte resistencia, especialmente en la denominada “Peña del Alemán”, en cuya defensa llegaron a intervenir más de mil hombres, impidiéndole proseguir su avance.

Al verse contenido frente a Buitrago, García Escámez decide seguir avanzando por la zona oriental, intentando hacerse con los embalses de Puentes Viejas y el Villar, que suministraban agua potable a Madrid. Sus tropas se dirigen hacia Paredes de Buitrago, ocupando las alturas próximas desde las que poder batir la zona.

El día 28 las milicias republicanas acuden rápidamente a la zona por la carretera de la Cabrera, el Berrueco y la Berzosa (no existía el embalse del Atazar), ocupando Serrada y poco después Paredes.

 Paredes de Buitrago

Durante más de un mes se peleó sin interrupción entre los breñales de Paredes de Buitrago, Prádena del Rincon, La Serrada y Puebla de la Sierra, donde poco a poco fueron surgiendo las primeras fortificaciones, la primera línea defensiva, la segunda y mas tarde la tercera, formándose en pocas semanas una intrincada red de trincheras, fortines y parapetos entre el los dos bandos enfrentados, atrincherados en los cerros de la zona, con tan solo unos 500 metros del enemigo.

El 3 de septiembre se nombra Jefe de Estado Mayor de las fuerzas republicanas de Somosierra al comandante Segismundo Casado y el general Bernal es sustituido por el teniente coronel Enrique Jurado. Se lucha durante más de un mes para evitar que los nacionales se hagan con la línea de embalses, mientras se construye una intrincada red de trincheras, parapetos y fortines a ambos lados de la carretera de Paredes a Prádena del Rincón, al pie y a lo largo del cordal de Peña el Águila y por las alturas del cerro Pelado, estableciendo una línea ofensivo/defensiva que perduraría hasta el final de la guerra.

Las tropas de Galán pusieron gran empeño en defender los embalses del Lozoya, consiguiendo rechazar a los nacionales. En septiembre del 36 la Tercera Compañía, mandada por el capitán Luis Rivas, relevó a la Brigada de Galán.

A finales de 1936 el frente quedó prácticamente estabilizado en esta zona de la sierra. El batallón 108 de la 4ª Cía. de la 27ª Brigada Mixta, los “Leones Abisinios”, cuyo puesto de mando estaba en Puentes Viejas, mantuvo hasta el final de la guerra las posiciones desde Paredes hasta el cordal del Bañaderos.
El frente se estabiliza al no conseguir el ejército sublevado pasar de Buitrago ni tomar los embalses, aunque dominaría los puertos de Somosierra y de Lozoya y los pequeños pasos del cordal principal entre las vertientes segoviana y madrileña, el frente del Sector Oriental en esta zona quedó prácticamente estabilizado.

La retaguardia del ejército sublevado quedó más o menos en la línea Montejo, Prádena, Piñuecar, Braojos, mientras las alturas de la sierra situadas al este de Prádena y Paredes (altos de Peña el Águila, Peña Parda, la pared de Prádena), pasaban a manos de las tropas republicanas en enero de 1937.
El ejército republicano tuvo observatorios en el Picazuelo, pico del Águila, Peñas Blancas, loma Quemada, pico Bañaderos, la Atalaya (finca del Bosque), Villavieja, lomo Gordo, Mata Aguda y la Cachiporrilla. También hubo un observatorio en el alto de la Dehesilla, entre Madarcos y Prádena del Rincón, desde el que se dominaba la zona de Horcajuelo, Montejo, Prádena y la carretera de la Puebla, prontamente tomado por los sublevados.

Entre Piñuecar y Gandullas, los republicanos en la Peña del Alemán y los nacionales en Cabeza Piñuecar y la Retamosa (La Muralla de Acero), una vez establecidas sus posiciones las líneas de cada bando permanecieron inalterables durante toda la contienda, por lo que durante la guerra estos embalses se mantuvieron en manos republicanas.

Las posiciónes republicanas y Buitrago de Lozoya, se bombardean día y noche con artillería, morteros y aviación (en Septiembre se releva a la 13 brigada de Galan por la Tercera Compañía de Acero: Mandada por el Capitán Luis Rivas, jefes de secciones Aliaga y Ponce, prosiguiendo los combates en la Peña del Alemán y La Muralla).

En el frente completo de Somosierra, el bando nacional contaba con la 2ª Brigada de la división 73, con cerca de 10.000 efectivos, repartidos en diferentes posiciones, y el bando republicano formado por la 26 y 27 brigada mixta. Como curiosidad, también estuvo defendida por unidades del 5ª batallón de la columna Galán, también conocido como “Milicias Taurinas”, por contar entre sus filas con una compañía de Toreros.

El municipio de Paredes de Buitrago, el cual pertenece actualmente a Puentes Viejas, tuvo una gran importancia durante la Guerra Civil, ya que la defensa de los dos embalses principales que surtían a la capital, Puentes Viejas y el Villar, era vital para el abastecimiento de agua a Madrid. Debido a esto se construyeron trincheras, nidos de ametralladoras, refugios, etc., que hoy día se mantienen en un muy buen estado de conservación. En definitiva, algo tan esencial como es el abastecimiento de agua provocó que un número importante de soldados franquistas y republicanos, se dedicaran a defender esta zona creando el Frente del Agua.

Los Nacionales no lograron conquistar el Cerro Pelado, que quedó dividido exactamente por la mitad entre los dos bandos: la cara sur, ocupada por los republicanos, y llamada “Loma Quemada” y la cara norte tomada por el ejército de Franco, conocida como “Loma Verde”. Ambos lados se fortificaron y no trataron de conquistar la zona opuesta durante el resto de la guerra. El Cerro Pelado y todo el sector de Somosierra se convirtió en lo que se llamaría un “frente dormido” hasta el fin del conflicto en 1939.

Precisamente destaca el puesto de mando franquista en la “Loma Verde”; un búnker en perfecto estado, en el que todavía se puede leer sin ninguna dificultad el nombre de la unidad que sostenía el frente en aquel sector: “Las 7ª y 8ª Centurias de Ametralladoras de Falange”. También en la zona republicana se pueden contemplar fortines y nidos de ametralladora en admirable estado de conservación.

En este elemento defensivo del ejército Nacional, se dispusieron varios nidos de ametralladoras, dos de ellos en primera fila para controlar la carretera entre Paredes de Buitrago y Prádena del Rincón como las defensas republicanas. Su construcción requería además de tecnología y destreza técnica, materiales de calidad, así como el hormigón y el hierro, muy escasos en años de guerra.(2)

La munición

Durante la Guerra Civil (1936-39) los combatientes emplearon armamento fabricado en España y también grandes cantidades de armas y municiones adquiridas en el extranjero. En las excavaciones arqueológicas realizadas en los restos de las fortificaciones del frente de Paredes de Buitrago se ha recuperado abundante munición procedente de Alemania, Austria, Francia, Méjico y Estados Unidos, ademas de producciones nacionales de las fábricas de Toledo y Sevilla para el ejército y las fuerzas de orden público.

El estudio pormenorizado de estos restos (granadas de mortero, fragmentos de proyectil de artillería, etc.) nos permite determinar a que bando pertenecían y el tipo de armamento ligero que se utilizó habitualmente en cada una de las posiciones, compuesto principalmente por fusiles tipo Mauser de los calibres 7×57 y 7,92×57 mm.(3)

La importancia del agua

La importancia estratégica de esta zona de la sierra de Madrid en la Guerrra Civil se centró, en los dos embalses que abastecían de agua a la población de la capital: El Villar (1873) y Puentes Viejas (1922- 1935).
A finales de Julio de 1936 las columnas del ejército nacional avanzaron por el este para controlar los embalses. Según las fuentes documentales, al inicio de la guerra Franco apremió a Mola para asegurar el cerco sobre Madrid, privando de agua a la población. El combate para controlar los embalses y garantizar el suministro de agua a la capital se prolongó mas de un més. En este momento se fecha el inicio del sistema defensivo con la construcción del eje de trincheras, parapetos y refugios, que mas adelante serían reforzados por ambos bandos con nidos de ametralladoras, refugios subterráneos, centros de resistencia, etc, creándose el entramado militar que recorremos en esta ruta.

Alimentación

La alimentación era fundamental para el mantenimiento de la moral de la tropa en ambos bandos. Un rancho caliente y abundante, agua, vino fresco y coñac por la noche, tenían, como señala un mando del ejército republicano ” mucha mas importancia para los combatientes y causaba en su moral un efecto mayor que diez órdenes militares y veinte discursos”.
El rancho de la tropa consistía en productos básicos como el arroz, los garbanzos y alubias, algo de carne café y panecillos. Era común el consumo de comidas enlatadas y se repartían con frecuencia vino y coñac -llamado por los soldados “matarratas”-, y otras bebidas alcohólicas. Cuando las tropas entraban en combate llevaban un rancho frío con latas de sardinas, pan, chocolate y vino.
Igual de temida era la escasez de comida, como los ranchos especialmente buenos con alimentos no habituales porque, como bien sabían los soldados veteranos, solían indicar una ofensiva inminente. La dieta se complementaba con los envíos que recibían de los familiares y las compras o rapiñas a los vecinos de los pueblos cercanos en la línea del frente.

La paga

Cubrir las necesidades básicas del soldado, ya fuera voluntario o de reemplazo, era vital para el mantenimiento de la moral y la lealtad de la tropa. La paga y su reparto a tiempo suponían una recompensa a los sufrimientos y fatigas de los combatientes en las trincheras.
Los soldados republicanos recibían diez pesetas diarias, una de las pagas mas altas de la época, aunque la creciente inflación iría mermando su valor real. En el ejercito nacional la paga oficial de la tropa ascendía a tres pesetas, de las que descontaban dos cincuenta por alojamiento, comida y equipo cobrando al día solo cincuenta céntimos en efectivo. A cambio, a través de las juntas municipales que organizaban las ayudas, sus familias en la retaguardia recibían prestaciones de hasta cinco pesetas por soldado.

Grafitis

Los restos arqueológicos de Puentes Viejas, no han sufrido apenas vandalismo: las únicas pintadas en paredes y muros parecen ser del mismo periodo de la guerra o inmediatamente posteriores.

Organización defensiva del frente

En el transcurso de la Guerra Civil, la disposición y tipología de los elementos defensivos evolucionan considerablemente. Con el desarrollo uso masivo de armas potentes y mas destructivas, el modelo de construcción de trincheras lineales utilizado en la I Guerra Mundial irá decayendo a favor de estructuras mas complejas y adecuadas para prevenir incursiones enemigas. Se pasa así, a frentes defendidos en profundidad, con varias líneas de trincheras zigzageantes y posiciones estratégicas para controlar un amplio espacio de terreno con un menor número de tropas.
Respondiendo a esta concepción, ambos bandos adoptaron soluciones diferentes en la articulación de sus posiciones: el ejército de la república derivó hacia una configuración en forma de “espinade pez”, mientras que el ejercito de Franco utilizó un sistema basado en la sucesión de “elementos de resistencia” de planta radial fortificados.

Las mujeres en guerra

En las dos retaguardias sobre las mujeres recayó, en gran medida, la carga de asegurar la supervivencia de la población civil entre la destrucción, el hambre, el racionamiento y las duras condiciones de vida impuestas por una larga guerra civil.
Mantener a la mujer en la retaguardia fue un criterio compartido por ambos contendientes. En los primeros meses de la guerra una minoría de mujeres, milicianas de sindicatos y partidos republicanos, estaban preparadas para la lucha, pero un decreto del gobierno republicano prohibió su participación directa en los combates, destinándolas a realizar labores sociales, asistencia sanitaria, ayudas a refugiados o trabajos en fábricas de material bélico. Muchas se comprometieron políticamente en asociaciones como la Agrupación de Mujeres Antifascistas o Mujeres Libres.

En las provincias donde triunfó la sublevación militar se creó el “Auxilio Social” a partir de la sección femenina de Falange, que multiplicó en numero de afiliadas. Al igual que el sector republicano participaran activamente en la obtención de fondos para la obtención de fondos para el esfuerzo de guerra a través de “suscripciones patrióticas” la recogida de ropa y alimentos o trabajo en hospitales y talleres de confección.(3)

Reclutamiento y deserciones

Pasados los momentos iniciales de la guerra, cuando las fuerzas contendientes se formaban en columnas y milicias, compuestas en gran parte por voluntarios, los responsables militares pusieron en marcha mecanismos de reclutamiento obligatorio. la incipiente administración franquista crea inicios de 1937 la Dirección General de Movilización, instrucción y recuperación (MIR), donde se repartía la instrucción básica previo al envío de las tropas a las unidades operativas.
La llamada a filas obligatoria y la larga duración de la contienda hizo que las deserciones generaran, en muchos casos, mas bajas que los propios combates. Familias separadas “en la otra zona”, la perdida de moral, los descalabros militares y la constante propaganda enemiga provocaron numerosas deserciones. En 1937, 1500 soldados del Ejercito del centro franquista desertaron, mientras que un año después, (1938), en la misma zona, se pasaron al enemigo 2175, hombres del ejercito republicano.
En ambos bandos se dictaron duras medidas para evitar estas deserciones, desde penas de varios años de cárcel, hasta la ejecución en el frente, además de represalias contra familiares.(2)

Se sabe que los soldados de los dos bandos llegaron a confraternizar, incluso se organizó un partido de fútbol, aunque poco duró, ya que desde la zona del Portachuelo, donde estaban instaladas las baterías republicanas,se dispararon un par de obuses de aviso para dar finalizado el partido. El intercambio de tabaco por papel –el tabaco estaba en Canarias, zona franquista y el papel en Alicante y Murcia, zona republicana– era muy habitual, incluso cantos flamencos jaleados entre una y otra trinchera ocurrían a menudo en este frente.

 

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Pedro Mª Vargas

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