Iglesia fortificada de Villamorón

Nombre: Iglesia fortificada de Villamorón, Iglesia de Santiago Apóstol
Localidad: Villamorón
Provincia: Burgos
Comunidad: Castilla y León
Tipología: Iglesia fortificada
Estado: Buena
Visita: Exterior
Localización: N42 28.342 W4 01.481

Iglesia protogótica de principios del siglo XIII, cuya torre se fortificó a finales del XIV, principio del XV, siendo refugio ocasional para un peligro inminente y breve, aunque no ante un ejercito organizado, pero si ante las  las facciones nobiliarias en guerra y las bandas incontroladas que asolaban el territorio en esta época. Curiosamente tanto en esta iglesia como con la próxima de Villegas se contaba con un pozo de agua, elemento inusual en una iglesia.  En esta época los pueblos se encontraban desprotegidos, por falta de un castillo, recurriendose  a refugiarse en caso de peligro en el edificio mas fuerte. A esta época corresponde el recrecimiento de la torre, y su uso como elemento defensivo para refugio de la poblacion y posiblemente también de acopio de víveres y bienes.(1)

Los vecinos de Villamorón levantaron una gran y hermosa iglesia, forzosamente para que les sirviera en sus necesidades de culto, sobre otra primitiva iglesia; lo que nos hace pensar que tal vez existió otro notable templo románico que por no haberse concluido o por no adecuarse a las expectativas del patrono, se decide ampliar de acuerdo al nuevo lenguaje arquitectónico: EL GÓTICO. Esta Iglesia tiene un gran valor artístico y con tantas originalidades que ha merecido estudios detenidos por parte de los especialistas, que la han analizado en todos sus contenidos.

Una de sus principales singularidades es que este templo es el primero concebido en estilo gótico en las tierras burgalesas, cuando la reforma del cister transformó la austeridad y magnificencia del románico en un arte limpio y lleno de simetría. El edificio actual de la Iglesia pertenece al tardorrománico protogótico según algunos o al gótico pleno según otros.

Algunas de las dudas acerca de su origen así como un estudio exhaustivo de su arquitectura y belleza, llevado a cabo por D. Jaime Nuño González, lo encontramos en la Enciclopedia del Románico en Castilla y León, producida por la Fundación Santa María La Real de Aguilar de Campoo en el año 2002. Este estudio se encuentra en el Libro sobre Burgos, Vol. I, páginas 625-632, y en es estas páginas donde D. Jaime Nuño nos habla de Villamorón y nos describe perfectamente nuestra Iglesia, de esta manera:

“Casi como una catedral, la iglesia de Villamorón sobresale en medio del llano de Villadiego, elevándose sobre el pequeño y prácticamente deshabitado caserío, sembrado de ruinas. La monumentalidad del edificio es símbolo inequívoco de que en los siglos medievales corrieron mejores tiempos para el lugar y la comarca que la angustiosa decadencia y despoblación en que se halla hoy sumida. (……………)

El viajero queda sorprendido cuando se acerca a esta iglesia, tanto por su imponente arquitectura, ubicada en tan menguada localidad, como por el ostensible abandono del edificio, pues a pesar de su monumentalidad, y aún estando declarada Bien de Interés Cultural, cuando se escriben estas líneas (aun en 2004), el conjunto del templo, al menos toda su fachada occidental, está a punto de venirse abajo.

Su estudio plantea una serie de interesantes cuestiones que se enmarcan en el irresoluble debate de hasta dónde llega el arte románico y desde cuándo puede empezar a hablarse de arte gótico, Así el P. Serrano la consideraba como románica, B. Valdivielso la encuadra en el “románico tardío”, F. Palomero y M. Llardia “dentro de las iglesias habitualmente consideradas de transición”, S. Andrés Ordax habla de “templo protogótico” y A. Bartolomé la encuadra en lo que él llama “estilo gótico puro”, llevándola hasta el siglo XIV. En todo caso, la marginación que sufre el edificio se manifiesta igualmente en la total falta de un mínimo estudio, pues las referencias al mismo casi siempre no pasan de la simple mención, a pesar de que todos esos autores elogian su importancia artística e incluso algunos de ellos lo sitúan “en uno de los primeros puestos de conjunto de los templos hispanos del momento”.

Desde nuestro punto de vista nos hallamos ante un edificio de características netamente góticas, que puede fecharse seguramente hacia mediados o segunda mitad del siglo XIII y en el que aún coletean algunas formas constructivas y decorativas del último románico, lo cual es lógico, porque un cambio de estilo no se produce de un día para otro. Así, la denominación más ajustada creemos que puede ser la que enuncia S. Andrés Ordax y bajo la que cabe englobar a otros monumentales templos de la misma comarca, como son los de Sasamón, Grijalba, Olmos de la Picaza o la colegiata de la Virgen del Manzano de Castrojeriz, entre algunos más. Pero suele ocurrir a veces que no es mucho lo que queda de los edificios que levantan en este mismo momento y estilo, o incluso que su construcción responde a recursos mucho más modestos y rudimentarios, circunstancias que por lo general suelen llevarnos a interpretaciones un tanto sesgadas de la realidad, apareciendo entonces de forma mucho más frecuente la consideración de “románico”. Esto podría ocurrir en el caso de Villamorón si sólo hubiesen sobrevivido algunos retales de muros, algún capitel, lo que llegamos a ver de la portada norte, o algunos canecillos. Y no cabe duda de que ciertos elementos aún son herencia del estilo románico, pero en conjunto, sumando arquitectura y escultura, la balanza estilística consideramos que está más en el lado gótico.

Aún así, y para descubrir las tendencias hacia los nuevos modos artísticos o las herencias del románico, haremos un rápido repaso por el monumento, que se halla construido en sillería caliza, perfectamente escuadrada y concertada, compuesto por una cabecera cuadrada y tres naves de cuatro tramos, con tres portadas, una al sur, otra al norte y otra al oeste, estos dos últimas cegadas. La capilla mayor se eleva en altura dando lugar a una poderosa torre que sufrió algunas reformas en siglos posteriores. En ella, e igualmente en los muros de las naves, vemos contrafuertes en los extremos de cada paramento, un sistema que aparece en la construcción románica, pero en este caso se acompaña ya de vertedores achaflanados, una innovación tardía que más adelante portarán también los contrafuertes en esquina. Exteriormente esa capilla-torre se organiza en cuatro desiguales cuerpos, el segundo de los cuales remata en una cornisa recorrida por arquillos ciegos apuntados, apoyados en mensulillas de distintas molduras -similares a los canecillos-, un recurso que nos encontramos en edificios tan emblemáticos como son el monasterio zamorano de Moreruela o el burgalés de Las Huelgas, o en templos más modestos, como la iglesia de Vallejo de Mena, y que quizá pueden ser un trasunto de los arquillos de medio punto que se hallan bajo el alero de muchos edificios antiguos -por ejemplo en San Pedro de Arlanza-, pero de los que formalmente ya parecen bastante alejados.

Tanto en los paramentos de las cabeceras como en cada uno de los paños de la nave meridional se abre una ventana apuntada, de triple arcuación, pero no es tampoco la estrecha saetera románica sino que por lo general son ya ventanales más amplios que incorporan un alféizar notablemente achaflanado. Este esquema se repite en la nave norte, aunque en este caso es un simple recurso decorativo, puesto que los ventanales son ciegos. Aun así parece evidente una preocupación por dotar de mayor luz al interior del templo, lo que se pone de manifiesto en la multiplicación de vanos, como los pequeños óculos lobulados que se abren a uno y otro lado de la nave central -más alta que las laterales-, o el gran rosetón que preside la fachada occidental, con filigrana de arcos apuntados y serie de pequeños círculos que repiten el mismo esquema de los óculos lobulados, y que nada tiene que ver con los pequeños rosetones que portan algunas iglesias románicas, más próximos al modelo de los laterales.

Los canecillos que decoran los aleros presentan distintas formas geométricas, soportando cornisas con perfil de nacela simple o doble, constituyendo tipos que perfectamente pueden pasar por románicos.

En cuanto a las portadas, la más sencilla debía ser la de poniente, situada a ras de muro, con un arco apuntado, aunque al hallarse completamente tabicada no es posible saber su composición. La del lado norte se dispone sobre un cuerpo avanzado y está igualmente cegada, aunque se aprecia el arco apuntado y un capitel decorado con hojas planas que se enrollan en los extremos. Un terrajoz, a la altura del alero de la nave, corona este cuerpo, repitiendo el mismo tipo de cornisa y canecillos aludidos. La portada meridional es hoy el único acceso, alojándose en un cuerpo idéntico al del lado norte. Con pronunciado abocinamiento, se organiza en seis arquivoltas apuntadas, con el arco de ingreso formado por dovelas cuadrangulares y los otros cinco con profusas molduraciones a base de boceles y mediascañas. Se trasdosa con imposta de nacela y los apoyos son simples pilastras escalonadas, sin ningún tipo de decoración, de lo que parece deducirse que la del lado septentrional estaba dotada de mayor monumentalidad. Este modelo de portada sin embargo aparece en numerosos edificios que se siguen describiendo como tardorrománicos….(2) Seguir leyendo

Fuente

1 Pedro Mª Vargas Arévalo

2 www.amigosdevillamoron.com