Letra T


GLOSARIO


Tabernáculo

Sagrario donde se guarda el Santísimo Sacramento.

Tablacho tapiador

Dispositivo para el bloqueo semipermanente de un acceso por medio de un acceso por medio de una compuerta de tablones encastrados en las jambas, que permite tapiar la entrada con tierra y piedras acumuladas entre la cara interna de los portones y la compuerta provisional mencionada

Tablazón

Agregado de tablas, que en las armaduras, se coloca sobre el plano de pares y contrapares.

Tabiya

Denominación árabe de la tapia.

Taifa

Facción. Se emplea con «de» para designar los reinos en que se dividió el reino musulmán al disolverse el califato de Córdoba, así como a sus reyes. (Es impropio usarlo con este significado en plural diciendo, por ejemplo, «reinos de taifas».) Reunión de gente despreciable.

Talud

Con la llegada de la artillería se adoptan nuevos procedimientos de ataque, rebajando las alturas de los muros construyéndose en forma de talud y ensanchándose los adarves para poder asentar la artillería. Refuerzo defensivo de una fortificación, situado en la parte baja de los muros y torres y dotado de una fuerte inclinación que impide la labores de zapa del enemigo y mantiene a distancia las máquinas de asalto.

Tambor

Cilindro o anillo donde se apoya la semiesfera de la cúpula. Torre cilíndrica o cubo. Generalmente se asocia con torres anchas y poco altas.

Tapia

Muro realizado con la técnica de tapial.

Tapial

Técnica constructiva consistente en la realización de un encofrado de madera, que era rellenado por piedras y hormigón (mezcla de cal, arena y agua). Esta técnica constructiva consiste en el uso de encofrados de diversa anchura rellenos de todo tipo de materiales mezclados con cal que de por sí no son resistentes, pero que mezclados y sometidos a secado y presión, adquieren gran dureza. Cada encofrado tenía, aproximadamente unos 90 cm. de altura. Las sucesivas superposiciones obtenían la altura deseada.

Cada uno de los dos tableros, que a modo de moldes y sujetos entre sí por tirantes o agujas, forman un hueco entre ambos donde se va introduciendo el material de construcción apisonado y un aglomerante para construir un muro o una pared. Este material puede ser de barro y paja, o de piedras y calicanto, u hormigón y ripios. Cuando se ha rellenado totalmente se deja secar o fraguar, al menos parcialmente, y se retiran los tapiales para seguir construyendo otra porción de muro. Los tirantes se pierden, quedando insertos en la obra. A veces se denomina tapial a la obra realizada con este sistema. A veces se usa como sinónimo de tapia.

Taqueado jaques

Ajedrezado característico del románico jaqués. Bandas horizontales de gruesa cinta con tres filas de tacos o billetes.

Tambor

Torre cilíndrica o cubo. Generalmente se asocia con torres anchas y poco altas.

Tapia

Muro realizado con la técnica de tapial.

Tapial

Cada uno de los dos tableros, que a modo de moldes y sujetos entre sí por tirantes o agujas, forman un hueco entre ambos donde se va introduciendo el material de construcción apisonado y un aglomerante para construir un muro o una pared. Este material puede ser barro y paja, o piedras y calicanto, u hormigón y ripios. Cuando se ha rellenado totalmente se deja secar o fraguar, al menos parcialmente, y se retiran los tapiales para seguir construyendo otra porción de muro. Los tirantes se pierden, quedando insertos en la obra. A veces se denomina tapial a la obra realizada con este sistema. También, en ocasiones, se emplea como sinónimo de tapia.

Tégula

Teja.

Teja

Pieza de barro cocido en forma de canal, utilizada para cubrir los edificios. Se colocan de tal manera que, al llover, una vierten el agua en otras y las últimas lo hacen al terreno, a un canalón, a una limahoya o a otro tejado. Según la colocación de la tradicional teja árabe, ésta se denomina canal si presenta a la lluvia su superficie cóncava y cobija si presenta la convexa. Las cobijas desaguan en dos canales laterales mientras que estas lo hacen en otra canal inferior. También es frecuente el caso de tejados en los que, por economía, solo se colocan tejas canales.

Tejaroz

Alero del tejado.

Telamón

Atlante. Cada una de las estatuas de hombres que, en lugar de columnas, se ponen en el orden atlántico, y sustentan sobre sus hombros o cabeza los arquitrabes de las obras.

Templete

Armazón pequeña, en forma de templo, que sirve para cobijar una imagen, o forma parte de un mueble o alhaja

Tenante

Cada una de las figuras de ángeles u hombres que sostienen el escudo.

Tendel

Llaga horizontal entre dos hiladas de ladrillos, sillares o mampuestos.

Tendido

Porción plana de tejado comprendida entre el caballete y un alero.

Tenencia

Cuando un nombre tiene la fortaleza en nombre del rey sin ser suya.

Tercería

Tenencia interina de un castillo, hasta que se resuelva la demanda hecha por dos litigantes.

Terra sigilata

Céramica romána, de superficie fina, brillante y de color rojo que muestra en el fondo el sigilum o sello del taller donde se fabricó.

Tesela

Pieza en forma de pequeño cubo de mármol, piedras de color o barro vidriado que se emplea en la confección de los mosaicos.

Testero

Pared de un edificio que se encuentra frente a la entrada principal. Tambien se le relaciona con el muro de la cabecera de la iglesia.

Tetramorfos

Conjunto de los simbolos de los cuatro evangelistas según el Apocalipsis (hombre = San Mateo, buey = San Lucas, león = San Marcos y águila = San Juan)

Timpano

Superficie plana que se sitúa sobre la puerta de una iglesia a modo de frontón.

Tinell

En Catalunya se le denominaba así a la sala del castillo en que se solían celebrar las fiestas y los banquetes.

Tinelo

Comedor de la servidumbre.

Tirante

Aguja.

Tizón

Cualquiera de las dos caras más cortas de un sillar o un ladrillo. Se dice que una pared está construida a tizón cuando a la vista se ofrece esa superficie. Cuando de forma alternativa una pared presenta sogas y tizones, se denomina a soga y tizón.

Tondo

Adorno decorativo circular donde se inserta una pintura, grabado, bajorrelieve etc. Similar a un medallón.

Tongada

Capa de material que en una obra se extiende sobre una superficie. En la construcción de muros, bóvedas, etc. se aplica a aquellas porciones de obra ejecutadas en un mismo proceso, en relación a otras que, aún siendo del mismo material, se han efectuado con antelación o con posterioridad.

Torre

Término derivado del vocablo latino “turris” que designa uno de los elementos más comunes dentro de una fortificación. Este término se aplica tanto a los “cubos” adosados a un castillo o muralla, como a las construcciones exentas, siendo una cualidad común a ambas que sean de determinada altura para que cumplan su función de vigilancia o defensa. A este respecto en el Fuero General de Navarra se recomienda que su altitud sea mayor de la que pueda alcanzar una lanza tirada por un hombre a caballo. Normalmente la torre, dentro de una fortificación, puede tener una función militar o acoger dependencias habitables. Dependiendo de su función o estructura, pueden recibir distintos nombres: “torre del homenaje”, “albarrana”, “vigía”, etc.

Edificación más alta que ancha, de varios pisos, que por dominar su entorno sirve de vigía y defensa. Pueden encontrarse aisladas o integrada entre lienzos. Está presente y es elemento principal de defensa en la práctica totalidad de la arquitectura militar medieval. Presenta muy diversas formas (poligonal, planta redonda, semicircular, troncopiramidal,…) y funciones (torre del homenaje, torre albarrana, torre refugio, torre de almenara, torre de puerta,…). Cabe destacar, entre otros, varios tipos de torres especialmente significativos: torre albarrana, torre del homenaje, atalaya, torre caballera o caballero, torre pentagonal en proa, torre flanqueante, torre de la vela, torre de vigilancia, etc..

Torre albarrana

La construida fuera del recinto fortificado, a mayor o menor distancia del mismo y con el que suele estar unida por medio de un puente, coracha o mina, asumiendo una función poliorcética particular y distintiva según su ubicación que el dispositivo general de defensa de la posición.

Según su posición, y consecuente función táctica, pueden establecer cinco dispositivos, y con frecuencia de coordenadas espacio-temporales distantes.

a) Torres albarranas de flanqueo, aisladas o en batería. Es el tipo más autóctonamente andalusí, tradicionalmente con orígenes cronológicos en las fortificaciones almohades de la segunda mitad del siglo XII. Su función táctica es generar un flanqueo/envolvente estático, sobre todo en las zonas perimetrales más vulnerables a la agresión. Su nexo de unión con el recinto principal, en las versiones cristianas, es preferentemente a base de arcos, y no solamente para permitir el recorrido de la liza, tras la acitara sino, quizás para en caso de zapa evitarle daños excesivos al lienzo matriz con el desplome.

b) Torres albarranas del homenaje. La idea de segregar el elemento que difusamente denominamos torre del homenaje del recinto principal arranca de su propio origen conceptual, y así se presenta por gran parte de Europa occidental en la alta Edad Media, bajo la forma de mota y aldea.

c) Corachas, de acceso y / o control puntual. (Véase Coracha)

d) Barbacana (véase el término Barbacana). En el sentido de esta voz en la castellología en inglés, francés, alemán e italiano, como obra exenta de defensa para la protección y control del paso en una entrada, es evidente su condición de albarrana, tanto sobre foso acuático, como en seco, siempre dentro del esquema estructural y funcionamiento “medieval” pre abaluartado. Con el acondicionamiento estructural de las fortificaciones a la naciente pirobalística surgen nuevos elementos, que pueden mover a confusión por una cierta similitud formal, que no funcional. Tal ocurre, con frecuencia, con los revellines, posiciones exentas, preferentemente triangulares, para la protección de un lienzo entre baluartes, y cuya gola suele ser la contraescarpa, e incluso con las caponeras, concebidas para batir de flanco el fondo del foso. Pueden coexistir con las fortificaciones tardo-medievales, particularmente en el área perimetral.

e) Albarrana de aproches. En ocasiones, ciertas circunstancias, como la existencia de padrastros demasiado próximos incluso para un mundo táctico anterior a la pirobalística de avancarga, aconsejaban emplazar en la vecindad de una fortificación, otra menor que cubriera la deficiencia, generando una especie de albarrana muy distante, pero dependiente del reducto matriz.

Torre de almenara 

Atalaya que, en emplazamiento topográficamente adecuado, percibe y transmite señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio.

Las almenaras efectuadas desde torres o cualquier otro emplazamiento favorable constituye uno de los dispositivos de seguridad más antiguos y constantes en la vigencia, que en los siglos medievales heredaron, perfeccionaron y transmitieron, generando una tipología tan depurada y funcional de torres específicamente concebidas para ello, que habrían de subsistir hasta bien entrado el siglo XIX, e incluso para la mera perfección de información óptica y su transmisión por cable u onda electromagnética hasta cincuenta años atrás, como en las grandes torres de hormigón armado construidas por los alemanes en las ocupadas islas británicas del Canal. Las torres de almenara podían servir tanto para la vigilancia de la costa como de los territorios del interior, los cuales en algún momento de su historia fueron tierra de frontera o, en cualquier caso, insegura. Con las unificaciones políticas sobrevenidas a lo largo de la baja Edad Media se atenúa la espese red de fronteras interiores, subsistiendo el confín litoral, agravado por una intensificación de la navegación hostil, por lo que se acentúa la vigilancia costera al tiempo que se abandona la de un interior relativamente pacifico, aunque éste último vería prodigarse de nuevo unas efímeras líneas de torres cuadrangulares de nueva planta en el siglo XIX, con la breve implantación del telégrafo óptico.

Estas torres de marina, mucho más frecuentes en las costas mediterráneas que en las atlánticas, presentan una variedad tipológica considerable, aunque en la mayoría de los casos concretos responde a la paulatina acumulación de reformas y añadidos, productos de los cambios de circunstancias como la generalización de la artillería, con la consiguiente difusión de parapetos a la barbeta, afuste de colisa ola construcción de baterías a pie de torre. También la distensión del peligro inmediato puede traducirse en cambios formales, como disminuir la seguridad del acceso elevado mitigando su incomodidad con la construcción de un patín con puente retráctil e incluso de paso directo, o de una barraca junto a la torre para alojamiento y estancia fuera de servicio.

La ya mencionada necesidad de vigilar los accesos, tanto terrestres como marítimos, del territorio a proteger, generó ya en época protohistórica un tipo de unidad básica de fortificación que había de mantenerse en uso, con algunos retoques, hasta mediados de este siglo, en un fenómeno de perduración único en la historia de la arquitectura defensiva.

Particularmente frecuente en el litoral marino, siempre frontera, se plasmaría en una estructura de fábrica, incombustible, más alta que ancha, con acceso al interior intencionadamente dificultoso, pequeña superficie y emplazamiento de buscadas visuales teóricas. Con plantas,  materiales y dimensiones variables, las características enunciadas configuran la generalidad de las torres de almenara litorales de todo el mundo de cultura occidental, con independencia de la época y lugar, aunque la concurrencia de factores como las tradiciones edilicias locales, la coyuntura económica del momento e, incluso, la personalidad del constructor, pueden coadyuvar a la aparición de ejemplos excepcionales, como la torre toscana de Marzocco (situada entre la costa de Livorno y Pisa).

Con el desarrollo de la artillería pirobalística se duplico la funcionalidad de estas torres, pues al dotarlas de cañones se añadió a su tradicional labor de vigilancia y enlace  óptico, la de control de posibles puntos de desembarco, lo que combinado con cierta defensa en profundidad, apoyada en retaguardia, daba tiempo para el despliegue de fuerzas territoriales.

Torre atalaya

Ver atalaya.

Torre caballera

La que destaca sobre el terrado de una torre de mayor superficie y volumen.

Es una disposición conocida y practicada en la fortificación bizantina al menos desde la época de Justiniano I (482-565), en la que añadió en medio de cada torre una estructura circular sobre-elevada que proporcionaba adarves adicionales y superpuestos para hostilizar al asaltante.

Torre cuadrada

Generalmente su finalidad era de edificio de defensa y de vigilancia así como de contrafuerte en los ángulos de las murallas.

Torre de almenara

Atalaya que, en emplazamiento topográficamente adecuado, percibe y transmite señales ópticas vinculadas a la seguridad del territorio. Jiménez Esteban da este nombre a las torres de vigilancia costera y el de atalaya a las emplazadas en el interior.

Las almenaras efectuadas desde torres o cualquier otro emplazamiento favorable constituye uno de los dispositivos de seguridad más antiguos y constantes en la vigencia, que en los siglos medievales heredaron, perfeccionaron y trasmitieron, generando una tipología tan depurada y funcional de torres específicamente concebidas para ello que habrían de subsistir hasta bien entrado el siglo XIX.

Las torres de almenara podían exigirse tanto para la vigilancia de la costa como de los territorios del interior, los cuales en algún momento de su historia fueron tierra de frontera o, en cualquier caso, insegura. Con las unificaciones políticas sobrevenidas a lo largo de la baja Edad Media se atenúa la espesa red de fronteras interiores, subsistiendo el confín litoral, agravado por una intensificación de la navegación hostil, por lo que se acentúa la vigilancia costera al tiempo que se abandona la de un interior relativamente pacificado, aunque éste último vería prodigarse de nuevo una efímeras líneas de torres cuadrangulares de nueva planta en el siglo XIX, con la breve implantación del telégrafo óptico.

Estas torres de marina, mucho más frecuentes en las costas mediterráneas que en las atlánticas, presentan una variedad tipológico considerable, aunque en la mayoría de los casos concretos responde a la paulatina acumulación de reformas y añadidos, productos de los cambios de circunstancias como la generalización de la artillería, con la consiguiente difusión de parapetos a la barbeta, afuste de colisa, re eje acusado, o la construcción de baterías a pie de torre. También la distensión del peligro inmediato puede traducirse en cambios formales como disminuir la seguridad del acceso elevado mitigando su incomodidad con la construcción de un patín con puente retráctil e incluso de paso directo, o de una barraca junto a la torre para alojamiento y estancia fuera de servicio.

La ya mencionada necesidad de vigilar los accesos, tanto terrestres como marítimos, del territorio a proteger, generó ya en época protohistórica un tipo de unidad básica de fortificación que había de mantenerse en uso, con algunos retoques, hasta mediados de este siglo, en un fenómeno de perduración único en la historia de la arquitectura defensiva. Particularmente frecuente en el litoral marino, siempre frontera, se plasmaría en una estructura de fábrica, incombustible, más alta que ancha, con acceso al interior intencionadamente dificultoso, pequeña superficie y emplazamiento de buscadas visuales teóricas. Con plantas, materiales y dimensiones variables, las características enunciadas más arriba configuran la generalidad de las torres de almenara litorales de todo el mundo de cultura occidental, con independencia de época y lugar aunque la concurrencia de factores como las tradiciones edilicias locales, la coyuntura económica del momento e, incluso, la personalidad del constructor, pueden coadyuvar a la aparición de ejemplos excepcionales.

En las costas españolas, especialmente en las mediterráneas, los dos tipos más frecuentes entre los siglos XIV y XVI son uno de planta circular, altura entre 1’5 y 4 veces su diámetro, muros evolucionando de la verticalidad al atalutamiento con re eje pronunciado, entrada a una altura de suelo que oscila entre los tres y los cinco metros, cubierta superior de bóveda  y parapeto a la barbeta en el terrado para un afuste a la colisa en las más tardías y evolucionadas; y el segundo modelo de planta cuadrada

Torre de homenaje o macho

Así denominada por ser en ella en donde se realizaba el juramento de fidelidad feudal, recibía también los nombres de Torre mayor o “Macho”. Era la de mayor importancia dentro de una fortaleza o castillo, tanto por su disposición , (situada normalmente en un lugar estratégico de defensa), como por sus grandes dimensiones. Era el lugar más seguro dentro de un castillo, pudiendo ser independizada, en caso de necesidad, del resto de la fortificación. En ocasiones los pisos superiores eran utilizados como residencia, y los inferiores como almacén o mazmorra.

Torre de marina 

Sinónimo antiguo de Torre de Almenara, usado por algunos tratadistas de los siglos XVI y XVII como don Luis Bravo de Laguna, don Cristóbal de Rojas y don Luis Bravo de Acuña, aludiendo a torres de atalaya costeras que ya podían estar artilladas.

Torre pentagonal en Proa 

Aquella, tanto de flanqueo como exenta, que muestra como característica más destacada la planta que le da el nombre, y resulta de prolongar la superficie de una torre cuadrangular con un esperonte que cubre por completo una de sus caras.

Cuña de contraste de la fortificación bizantina, con la que se identifica la torre pentagonal en proa tiene muy probablemente orígenes helenísticos, recogidos por Filón de Bizancio hacía el 120 a.C., siendo incorporada tardíamente a la fortificación romana en los años de Valentiniano II (c.371-375/392), aunque muy esporádicamente. La  poliorcética bizantina hizo suya la traza, con creciente asiduidad a partir de mediados del siglo VII, en la devastación de romanos, persas y árabes, cuando Constante II Heraclio (630-641/668) construye la muralla de la ciudadela de Ankara, con poderosas batería de torres pentagonales en proa cuyos parámetros muestran una ininterrumpida sucesión de esculturas, capiteles e inscripciones reaprovechados, estela del paso de los bárbaros de la periferia.

Torre-Puerta 

La que da cobijo al ingreso en una fortaleza y cuyo pasaje, recto o acodado, la atraviesa.

Los accesos resultan los elementos más vulnerables de una muralla, y de ahí la concentración defensiva que puede comprobarse para las puertas en la mayoría de los casos. Incluso en los recintos altomedievales con estacadas de madera, tipo mota y aldea, en ocasiones su primera incorporación de mampostería no se lleva a cabo en el macho sino en el acceso de la albarrada, sustituyéndola por una torre-puerta más o menos desarrollada.

El flanqueo de una puerta por sendas torres enlazadas por adarves, prefigurando la torre-puerta que a partir del siglo XII se prodigará en la fortificación medieval, es un recurso habitual en las murallas urbanas de época clásica, e incluso en la castrametación de carpintería bajo-imperial romana.

La misma acumulación de obstáculos defensivos en las puertas, como puentes retráctiles, buhederas, rastrillos, habas, tablachos tapiadores y, sobre todo, accesos en recodo, impide que el pasaje de ingreso en el mero grosor del muro habilite esta concentración de dispositivos, algunos muy voluminosos por sí o por la maquinaria necesaria para su maniobra, de forma que hubo de prolongarse el trayecto haciéndolo discurrir por el interior de una torre, emplazada a caballo en la muralla.

Torre de la Vela

Torrecilla muy destacada en el coronamiento de una fortificación.

Torre de vigilancia

Cualquier torre cuya misión fuese la de vigilar los accesos a la fortificación.

Torre Flanqueante

Torre de planta cuadrada que sobresale de la muralla para favorecer su defensa.

Torre – Puerta

La que da cobijo al ingreso en una fortaleza y cuyo pasaje, recto o acodado, la atraviesa.

Los accesos resultan los elementos más vulnerables de una muralla, y de ahí la concentración defensiva que puede comprobarse para las puertas en la mayoría de los casos. Incluso en los recintos altomedievales con estacadas de madera, tipo mota y aldea, en ocasiones su primera incorporación de mampostería no se lleva a cabo en el macho sino en el acceso de la albarrada, sustituyéndola por una torre-puerta más o menos desarrollada.

El flanqueo de una puerta por sendas torres enlazadas por adarves, prefigurando la torre-puerta que a partir del siglo XII se prodigará en la fortificación medieval, es un recurso habitual en las murallas urbanas de época clásica, e incluso en la castrametación de carpintería bajo-imperial romana.

La misma acumulación de obstáculos defensivos en las puertas, como puentes retráctiles, buhederas, rastrillos, habas, tablachos tapiadores y, sobre todo, accesos en recodo, impide que el pasaje de ingreso en el mero grosor del muro habilite esta concentración de dispositivos, algunos muy voluminosos por sí o por la maquinaria necesaria para su maniobra, de forma que hubo de prolongarse el trayecto haciéndolo discurrir por el interior de una torre, emplazada a caballo en la muralla.

Torre – Refugio

Torre considerablemente más alta que ancha, con mínimas condiciones de habitabilidad y máximas para la defensa, de reducida superficie y, normalmente, acceso único elevado.

Si la torre constituye desde hace algunos miles de años la célula matriz de toda fortificación, la torre refugio es funcionalmente su versión más prístina, previa a cualquier otra especialización o perfeccionamiento. De existencia ubicua y persistente, aparece asociada con cualquier estadio de culturas sometido a peligros básicos, desde una muraghe sarda del segundo milenio antes de la Era, hasta la torre refugio británica de los años cincuenta en la Kenia de Mau-Mau.

Ciñéndose a las tierras y tiempos del Medievo europeo, estas unidades básicas para la supervivencia surgen acompañando a núcleos de habitación a los que sirven, núcleos de muy variada condición religiosa o laica, colectiva o familiar, rural o urbana, y aunque con notorias variaciones en cuanto a planta, aparejo, volumen o calidad de construcción, estas torres refugio comparten las características básicas de su condición, con absoluto predominio de la verticalidad: acceso elevado, o único y exiguos; muy reducida superficie horizontal, superpuesta y difícil comunicación interior. Se trata de un reducto con capacidad de resistencia esencialmente pasiva, concebido para soportar una agresión violenta pero breve, algunas horas o unos pocos días a lo sumo, y en ningún caso para sostener un asedio mínimamente

Cualificado. Nunca fue vivienda habitual, para la que no reúne las menores condiciones.

Quizás el modelo más extremo de torre-refugio está asociada con las fortificación eclesiástica, concretamente con  monasterios irlandeses del altomedieval, en cuyos cenobios se yergue el curioso fenómeno del cloictech, espigado borje levemente troncocónico, de acceso elevado, algo más de treinta metros de altura y unos cinco de diámetro, de cuatro a siete plantas de madera comunicadas por alzapones y escaleras de mano, tragaluces,  cubierta de albardilla cónica en piedra, y cuerpo de sillarejo a hueso o retundido. Su cronología parece ceñirse de la primera mitad del siglo X a comienzos del XII, y su uso a vigía y, sobre todo, como refugio en los días aciagos, cobijo para las personas, vasos sagrados y códices del monasterio, según consta documentalmente.

Torres de características similares aparecen en otras muy diversas comarcas, unas veces  vinculadas a colonos extranjeros asentados en territorios vagamente hostiles, como erigidas en el Ática o el Peloponeso (ss. XIII-XIV) por invasores occidentales como catalanes y aragoneses o florentinos, y otras por los propios nativos ante una inseguridad latente, como las existentes en la huerta valenciana en los años previos a la conquista de Jaime I de Aragón en 1238, torres-refugio de carácter comunal al servicio de una alquería próxima, y probablemente con enlace óptico para una red de alerta dependiente de la capital.

Torrejón

Literalmente significa torre de grandes dimensiones. Se designaban como castillos torrejones aquellos que poseían una torre del homenaje que, en muchos casos, tenía unas medidas que significaban el doble del resto de las torres del castillo.

Torreón

Alta construcción de planta y alzado cilíndrico o prismático que, aislada o inserta en los muros de una fortificación, refuerza la defensa de ésta. Tradicionalmente se utiliza como sinónimo de”cubo”.

Torre pentagonal en proa

Torre en forma de pentágono, no regular, construida en base a un rectángulo en la planta al que en uno de sus lados, generalmente uno de los dos más cortos, se ha efectuado un saliente triangular en toda su anchura a modo de proa de un barco. No está clara, en absoluto, la ventaja defensiva de la obra. Incluso en ocasiones aparece en el interior de una estancia rectangular en la que no se manifiesta la forma exterior. En las pocas ocasiones que se dan estas torres, suelen ser edificios principales dentro de un castillo, defensivamente hablando, e incluso suele ser la torre del homenaje. Tampoco está clara la procedencia de su forma, aunque parece ser que se trata de un oscuro atavismo que en cualquier caso nada tiene que ver con un supuesto protoabaluartamiento.

Torre-puerta

La que da cobijo al ingreso en una fortaleza y cuyo pasaje, recto o acodado, la atraviesa.

Torrona

Casa fuerte constituida básicamente por una torre que, aunque presentando amplias concesiones a la habitabilidad doméstica, aun  retiene parte substancial de sus cualidades defensivas.

No son bien conocidos los motivos por los que la baja Edad Media europea experimenta un auge notable en las construcción de torronas, fenómenos especialmente intensos en ciertas zonas de Irlanda, Escocia, los condados septentrionales ingleses o el noroeste de la Península. En algunas de estas tierras su vigencia doméstica y castral fue inaudita, labrándose algunos ejemplares paradigmáticos hasta mediados del siglo XVII, cuando la fortificación privada había quedado proscrita por el desuso o la interdicción varias generaciones atrás en el resto de Europa.

En diversas zonas del noroeste de la Península Ibérica se prodigaron torronas en la baja edad media, hasta bien entrado el siglo XVI. Se ha querido ver en ellas la réplica de la pequeña nobleza septentrional, minifundista, a la torre de homenaje del castillo señorial centro-meridional, latifundista.

En el área asturiano-cántabra parecen corresponder a un periodo que abarca desde mediados del siglo XIV al primer tercio del siglo XVI, con claras influencias del pujante foco vascuence, como la presencia de las pantallas de piedra en funciones de cortafuego, flanqueo para un cadahalso o una solana, de origen urbano, donde encuentra su sentido para separar edificios adosados.

El foco vascuence, probablemente el más temprano y persistente de los de la Península, evoluciona paulatinamente de una preponderancia de la defensa (ss. XIV-XV) a las francas concesiones para mejorar la habitabilidad (ss. XV-XVI), concesiones que acaban por anular los aspectos defensivos, reduciéndolos a mera simbología retrospectiva (ss. XVI-XVII), en la que un pináculo evoca a una escaraguaita y una gárgola a una lombarda.

Trabuco

Máquina antigua de guerra con la que se lanzaban grandes piedras contra las murallas, torres, etc.

Trabuquete

Ver almajaneque.

Tranca

Adamúz. Madero que, atravesado en puertas y ventanas, impide su abertura. Puede ir apoyada en la misma hoja de la puerta con soportes metálicos en los marcos o en huecos efectuados en las jambas. En este último caso, muy frecuentemente, la tranca se guarde en el interior del muro, en un hueco preparado al efecto dentro de una de las jambas. Para atrancar la puerta, se desliza el madero hacia fuera hasta que llega a encajar en otro hueco, menos profundo, de la jamba opuesta. Entre el hueco y la tranca podía haber un recubrimiento de madera para facilitar el deslizamiento. También servía para impedir que durante el proceso constructivo del muro la tranca se quedase atorada con el mortero. Para ser una buena tranca de una sola pieza, debía introducirse en el muro a la vez que éste era construido.

Trampa

Sinónimo anfibológico de Rastrillo, de uso ocasional al menos en la primera mitad del siglo XVI.

Transepto

Espacio transversal que aísla el ábside y el coro del espacio de la nave. Sobre él se eleva generalmente el centro arquitectónico o eje vertical mayor del conjunto, cubierto con bóveda y flanqueado de vanos.

Trasdós

Superficie exterior de un arco, de una bóveda o de una dovela.

Trépano

Instrumento que sirve para horadar. En escultura se emplea para hacer profundas incisiones que producen un acusado efecto de claroscuro.

Tribuna

Galeria sobre la nave lateral de un templo donde pueden alojarse los fieles.

Trifora

Ventana de tres vanos.

Triforio

Galería que rodea el interior de una iglesia sobre los arcos de las naves y que suele tener ventanas de tres huecos.

Triglifo

Adorno del friso dórico que tiene forma de rectángulo saliente y está surcado por tres canales.

Triptico

Obra compuesta por tres tablas pintadas, de modo que las laterales se doblan sobre la central.

Trompa

Elementos que sirven para hacer la transición de una base poligonal a otra circular u octogonal. Se usa preferentemente en los cimborrios.

Tronera

La aparición de las armas de fuego hizo preciso la creación de otro tipo de abertura que facilitase el uso de arcabuces y mosquetes. Todas ellas disponen de aberturas circulares más o menos grandes. Dichas aberturas abocinadas hacia dentro por las mismas razones que se explicaron en el caso de las aspilleras. Pero, igualmente, casi todas disponen de una especie de aspillera añadida en la parte superior, en algunos casos en forma de cruz. Carece de sentido para hacer fuego con un arcabuz. La abertura circular sobra para hacer puntería en cualquier ángulo. ¿Qué sentido tendría pues esa abertura superior?

En realidad se trataría de una combinación de tronera con aspillera. O sea, el arcabucero hace fuego desde la abertura inferior (generalmente están dispuestas en los parapetos de forma que el tirador casi siempre tendría que estar tumbado o rodilla en tierra), mientras que por la aspillera superior puede disparar un ballestero situado tras él y en posición erguida. Hay que considerar que la aparición de las armas de fuego no relegaron de inmediato al olvido a las ballestas sino que, en realidad, ambas armas convivieron al menos durante doscientos años. En todos los casos, estas troneras están labradas en piedra, bien en una sola pieza o en varias. La morfología no es idéntica aunque hablemos del mismo tipo. En esto, como en todo lo referente al tema que nos ocupa, no veremos dos exactamente iguales.

Tumba

La tumba es una pequeña edificación o cámara para depositar a los difuntos, con muros, tejado y si se usa para más de un cuerpo, con puerta.

Tumbo

Libro grande de pergamino, donde las iglesias, monasterios, concejos y comunidades tenían copiados a la letra los privilegios y demás escrituras de sus pertenencias.

Túmulo

Armazón de madera, vestida de paños fúnebres, que se erige para la celebración de las honras de un difunto.

Túnel

Paso subterráneo de comunicación.


Pedro Mª Vargas

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