Muralla de Molina de Aragón

Nombre: Muralla de Molina de Aragón
Localidad: Molina de Aragón
Provincia: Guadalajara
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Muralla
Estado: Bueno
Visita: Libre
Localización: N40 50.691 W1 53.343

El origen de la fortaleza de Molina de Aragón es el alcázar que los árabes levantaron sobre un antiguo castro celtibérico, y en el que situaron la sede de los reyezuelos del territorio taifa molinés. Sus jefes, como Hucalao, Aben hamar y Abengalbón, resuenan en algunas crónicas árabes de la época. Este último fue gran amigo del Cid Campeador, alojando al guerrero burgalés en sus caminares de exilio entre Castilla y Valencia.

El territorio molinés fue conquistado a los árabes por Alfonso I el Batallador de Aragón, en el año 1129. La disputa del territorio, elevado y frío, despoblado casi por completo, pero estratégico en el dominio de los caminos entre Aragón y Castilla, quedó finalmente para Castilla, y su señorío fue entregado en régimen de behetría a la familia de los Lara.

Estos magnates constituyeron en Molina de los Caballeros un fuerte núcleo poblacional al que concedieron un Fuero, promulgado en el año 1154 por su primer conde, don Manrique de Lara. Se creó un poderoso Común de Villa y Tierra, organización propia de la Castilla meridional, cuya cabeza territorial era Molina, sede del señorío, de las instituciones, de los representantes, del mercado, etc., y protegida por una muralla que fue creciendo a partir de la segunda mitad del siglo XII.

El gobierno de los Lara sobre el territorio y la villa de Molina duró hasta finales del siglo XIII. Luego pasó a ser señorío de los reyes castellanos por la boda de su señora, doña María con Sancho IV.

Las fortalezas molinesas, que han permanecido a lo largo de los siglos muy entero y sin necesidad de restauraciones especialmente llamativas, fueron protagonistas de múltiples batallas, tanto en la Edad Media como en la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas.

Además de haber servido de refugio al Empecinado, y sufrido un incendio violento toda la ciudad en 1810 por orden del general francés Roquet, en 1875 el castillo molinés tuvo que soportar el asalto y destrucción de parte de sus murallas por una fuerte columna de carlistas comandada por el general Vallés. Tras haber servido de cuartel durante todo el siglo XIX, la fortaleza de Molina quedó vacía desde principios de nuestro siglo.

A partir del enorme recinto exterior de la alcazaba de Molina, la muralla se fue extendiendo para abarcar la ciudad que progresivamente aumentaba hasta el río Gallo, partiendo de la torre del Vigía cercana a la torre del Reloj, siguiendo por el llamado Castil o Castillo de los Judíos, y descendiendo hasta la puerta del Baño para llegar a la antigua casa de la comunidad del Señorío.

Varias puertas daban acceso a la población. Fueron destruidas en el último tercio del siglo pasado y se denominaban del Reloj, Cabras, Mogalobos, Ruedas, Baño, Río, Chorro, Valencia y Calatayud o Real.

Sus muros están aprovechados en algunos edificios modernos y son interrumpidos por el paso de la carretera que va por el norte de la población.

Al final de las calles Larga y Samaria, camino de la ermita de la Soledad se encuentra el torreón de Medinaceli, construido para proteger la puerta del mismo nombre. Siempre estuvo aislado, ya que nunca se concluyó la muralla que debería haberlo unido con el resto del recinto fortificado. Su planta es rectangular y presenta construcción similar a la Torre de Aragón, con sillares de piedra rodena en esquinas. En la parte superior hay un amplio arco apuntado de estilo gótico.

Lienzos aislados de muralla del antiguo cerco pueden verse a lo largo de la calle de la armería al pie de las llamadas Peñas de Santa Hibrada, y algunos restos ya muy recompuestos en las paredes que separaban las huertas de Adarve.

Cerca del Reloj, y a un lado de la carretera, asombra ver el grueso de las murallas que allí existen volados con pólvora por los franceses en 1810, y que permanece inclinados y compactos sin que el estrépito y violencia de la explosión consiguiera destrozarlos en pequeños trozos.

Al pie de la Torre del Reloj, puede observarse también una obra de los tiempos del dominio de los romanos o quizás de más remota antigüedad, en los peñones que sirven de base a aquella y a las murallas. Estos peñones están cortados a pico y formando escalones para ascender a otras fortalezas, que los siglos hicieron desaparecer y sobre los que en la Edad Media se edifico toda la inmensa obra de fortificación que se admira en la actualidad.

Aún pueden verse restos de estas antiguas murallas y torreones a la entrada de lo que llaman el barrio Judío, la puerta Ahogalobos y la torre de Medina, cerca del puente romano, aunque quedan escasos restos, algunos de ellos aprovechados en algunos edificios modernos.

Fuente

www.aache.com

 

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com
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