Muralla del Monasterio de Piedra

 

Nombre: Muralla del Monasterio de Piedra
Localidad: Nuévalos
Provincia: Zaragoza
Comunidad: Aragón
Tipología: Muralla
Estado: Bueno
Visita: Libre
Localización: Torre  N41° 11.603′ W1° 47.073′, Muralla  N41° 11.472′ W1° 46.772′

El Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Piedra fue fundado en 1195, edificado en un área doblemente inestable, ya que se asienta sobre un centro militar preexistente, en un lugar elevado y, mantiendo su sentido de plaza militar construida en una zona que no perdió su valor estratégico, pues era fronteriza con el Islam al Sur y con Castilla al Occidente. Al estar más expuesto a ataques e incursiones de castigo fue necesaria la construcción de un buen recinto amurallado.

Combinando el uso de documentos y restos materiales se reconocen cuatro fases constructivas. La primera es el castillo Malavella, anterior a la fundación de la abadía, obra interesante de la arquitectura militar de mediados del siglo XII, que el rey Alfonso II donó a los monjes que lo usaran como punto de partida a la hora de construir la abadía.

Del castillo que los Malavella tuvieron en este lugar se sabe muy poco, aunque quedan evidencias de haber tenido una torre puerta, apenas reconocible, a la altura del mandatum y restos con abovedamientos de cañón en la cillería y el pasadizo de conversos.

La clave central de la sala capitular del Monasterio de Piedra, construida entre 1195 y 1218, está decorada con un relieve que representa un emblema heráldico en cuyo campo figura un castillo con dos torreones almenados, cubiertos con tejado a cuatro aguas, unidos entre sí por un lienzo de muralla recto en el que se abre una puerta en arco de medio punto. Este primitivo emblema del Monasterio de Piedra parece indicar que, en su origen, este castillo poseía dos torres fortificadas protegiendo una puerta, cosa común a toda la arquitectura militar del siglo XII en las áreas fronterizas de Aragón.

La presencia del escudo de las dos torres permite relacionar este emblema con el del señorío de Piedra cuando estaba en manos de la familia Malavella. Cuando los cistercienses de Piedra se hicieron con este señorío, mantuvieron el emblema asociándolo a un báculo.

Frente a la escasez de documentos y restos materiales para interpretar el castillo Malavella, tenemos bastantes más recursos documentales y materiales para estudiar el recinto amurallado y la torre puerta.

Durante los siglos XIII y XIV los monjes de Piedra vivieron sujetos al relativo peligro que se desprendía de vivir en un lugar “desierto”, expuesto al ataque musulmán y al ataque de los ejércitos castellanos y sin poder invocar rápidamente a la protección del rey. La construcción de un buen recinto defensivo se hizo absolutamente necesaria. Constaba, de una cerca amurallada, jalonada de torreones cilíndricos y presidida por una torre puerta bastante monumental.

La segunda fase es contemporánea de la fundación de la abadía y debe datarse en el primer tercio del siglo XIII. A esta segunda fase debe corresponder el trazado del recinto amurallado externo y la monumental torre puerta. La muralla y las torres mantienen un uso plenamente militar y estratégico.

La tercera fase corresponde a inicios del siglo XV y es la adaptación de la torre puerta a diversos usos litúrgicos al serle añadido un balcón manifestatorio para exhibir el Sacro Dubio de Cimballa, la más importante reliquia que tuvo el monasterio en la Edad Media.

La cuarta fase es la consolidación y reconstrucción de la cerca murada en el primer tercio del siglo XVII, época en que fueron sustituidos los pendones de tela con los emblemas por escudos labrados en piedra, asumiendo, una serie de valores políticos y simbólicos nuevos.

La torre puerta es quizá la obra más atrayente y singular del Monasterio de Piedra y una de las torres más hermosas del reino de Aragón, está construida en buena piedra caliza surada y porosa entre dorada y rojiza por su contenido ferruginoso, bien escuadrada en sillares, aproximadamente isódomos, dispuestos a soga y tizón, unidos entre sí con argamasa de cal hidráulica. Frente a ella existe una pequeña plaza cuadrada al lado de la que estaban las eras donde se trillaba (hoy espacios urbanizados), dominando un campo yermo.

Es la única torre desarrollada en altura de todas las que se disponen jalonando el recinto amurallado y se ajusta perfectamente a la planta cuadrada mientras las demás torres son cubos cilíndricos. Se trata de un robusto edificio fortificado, imponente por su altura que se ajusta a planta cuadrada, de 5,5 metros de lado y algo más de 15 metros de alto. La torre protege la que durante siglos fue la única puerta que daba acceso al recinto monacal, desarrollada en forma de arco de medio punto. Esta puerta da acceso a un pequeño pasillo cubierto con bóveda de medio cañón corrido en posición axial, es decir, en eje con el arco de la puerta. Algunos estudiosos, como Vicente de la Fuente y Sarthou Carreres, piensan que la torre puerta es un resto de la antigua fortaleza de los Malavella, anterior a la construcción del monasterio, pero tal cosa se ha puesto en duda y los documentos no acaban de aclarar si es o no parte conservada del castillo Malavella. Martínez Buenaga considera la torre puerta de Piedra un edificio anterior a 1195. Con mucha libertad se la llama “castillo de los moros” en algunas guías de viaje poco rigurosas, lo que ocasiona cierta confusión con el yacimiento de época almohade emplazado en Piedra Vieja.

Sin embargo, desde el punto de vista técnico, el tallado de la piedra coincide con la técnica constructiva de la parte de la iglesia abacial que fue consagrada en 1218 (la cabecera) y se aleja mucho del sillarejo torpemente escuadrado de los restos del castillo Malavella, identificados en la parte que corresponde al actual pasillo de los conversos y la cillería. La conclusión inevitable es que la cronología de la torre puerta debe ser retrasada al primer tercio del siglo XIII, pero con fuertes pervivencias de los modelos arquitectónicos románicos ya que sus arcos son de medio punto y las bóvedas que forman sus cubriciones son de medio cañón corrido (es decir, sin arcos fajones) en posición axial en el hall de entrada y en posición transversal en los pisos superiores, detalle que singulariza esta construcción y que constituye una excepción interesante dentro de la arquitectura militar, puesto que lo más habitual es que las dos bóvedas superiores estén edi cadas en la misma orientación que las inferiores. Por su situación, dominando los valles con excelente visibilidad, podría pensarse que, pudo ser, en su origen, una atalaya o, cuanto menos, cumplir la misma función. “Cristóbal Guitart, buen conocedor de este tipo de construcciones, fecha la torre puerta entre los siglos XIII y XIV. Esta cronología sería, además, coherente con la propia fábrica de la muralla y, sobre todo, con su sentido militar, teniendo en cuenta la fuerte rivalidad que se genera en ese momento en esta parte de la frontera con Castilla”. Martínez Buenaga afirma que: “la arquitectura cisterciense fue capaz, en base a su pragmatismo, de adoptar ciertas fórmulas y técnicas góticas, pero sin renunciar a un modelo de construcción que sigue anclado en la tradición, sobre todo como consecuencia de la importante contribución de mano de obra local”. Esta afirmación en la que se admiten las pervivencias románicas en la arquitectura cisterciense, es común a otros muchos autores y puede ser aplicada no sólo a la torre puerta.

La torre tiene tres plantas de altura y está coronada con una terraza almenada que desagua por canalones volantes de piedra, adornados con cabezas de animales y mascarones, toscamente labrados y hoy tan desgastados que son casi irreconocibles. La segunda planta deja volar un enorme balcón amatacanado doble, soportado por tres ménsulas y dos arcos trilobulados. Es difícil saber si el matacán fue construido también en el siglo XIII. El origen de los matacanes debe buscarse en la transformación de los cadalsos de madera del siglo XI y XII a material pétreo e ignífugo. En este caso el matacán carece de funcionalidad defensiva real, pues, aunque está construido sobre la puerta, desde allí no se puede disparar a un hipotético enemigo con un ángulo correcto en el tiro. La función militar de estos matacanes ha de ser descartada, pues todo parece indicar que los matacanes de piedra son puramente simbólicos y sustituyen a otros más antiguos de madera que tuvieron verdadero carácter defensivo en fecha ignota, posiblemente en ocasión de la reconstrucción de la cerca en 1600 o, más probablemente, en algún momento a nales del siglo XIV o inicios del XV, pues los arquillos del matacán son trilobulados y parecen obra bajomedieval algo tosca. El matacán sin función bélica serviría como imagen externa del poder y prestigio de la abadía. Este detalle parece confirmarse en el significativo hecho de ser el balcón donde se colgaba el pendón real en los días de esta mayor y cuando el abad impartía justicia, sentenciaba un delito o lanzaba el anatema de excomunión contra algún súbdito. El pendón constituía un símbolo indudable de la protección que los monarcas daban al monasterio. La torre puerta recibe el nombre de torre del homenaje porque era el lugar en el que se enarbolaba el pendón de Aragón que señalaba el patronato regio ejercido sobre el cenobio. El balcón tenía, por último, una importante función litúrgica, pues servía para exponer el Corpus Christi y el Sacro Dubio de Cimballa en ocasión de sus respectivas celebraciones. Ocasionalmente se usaba como conjuratorio contra tormentas, pestes, enfermedades y otras calamidades. En consecuencia, su presencia en la torre puerta debe ser estudiada dentro de lo que podríamos denominar balcones manifestatorios litúrgicos, sin que por ello la torre pierda nada de su aire militar. El balcón debió ser construido en relación con el milagro del Sacro Dubio de Cimballa.

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