Necrópolis La Tumba del Moro

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Nombre: Necrópolis La Tumba del Moro
Localidad: La Cabrera
Comunidad: Madrid
Tipología: Necrópolis
Estado: Bueno
Visita: Libre
Localización: N40 51.292 W3 37.994

La necrópolis La Tumba del Moro es un enterramiento cristiano medieval de posible origen visigótico. Entre 1991 y 1992 se llevaron a cabo diversos trabajos arqueológicos que nos descubrieron 8 tumbas de las cuales una es antropomórfica, excavada en un afloramiento de granito, y otras nueve de planta rectangular formadas por losas de granito y lajas de piedra de distinto tamaño. ha sido expoliada durante años por aficionados a la arqueología y furtivos han dañado seriamente el yacimiento y su entorno, a todo ello se suma el escaso interés de las autoridades locales.

Las sepulturas de planta rectangular presentan una clara homogeneidad tanto en su arquitectura como en sus elementos constructivos. Están formadas en sus lados largos por dos o tres bloques, en este caso de granito y en sus lados cortos, generalmente, por una laja, todo ello delimitando el propio espacio sepulcral. Se encontraron sólo 3 tumbas con cubiertas, de las cuales dos de ellas estaban formadas por dos losas de granito trabajadas diferenciando la cabecera del resto del cuerpo. Esta disposición de la cubierta resulta atípica-por lo que hemos podido comprobar hasta el momento-dentro de las necrópolis visigodas e hispano-visigodas. En la necrópolis de la Cabeza la mayoría de las sepulturas de tipo rectangular construidas con grandes lajas, presentan una cubierta compuesta de 1, 2, 3 o más losas con la única finalidad de cerrar el espacio sepulcral sin plantear, a simple vista, ninguna diferenciación del mismo. Con respecto a la tercera tumba con cubierta -la número VII-se trata del enterramiento infantil que dado su pequeño tamaño se realizó con una sola losa de granito.

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Las sepulturas V y VI responden a un tipo de enterramiento que en la bibliografía arqueológica se viene denominando con el nombre de “panteón familiar” 9. Se trata más bien, de una sepultura doble realizada con el fin de inhumar dos cuerpos pertenecientes, en un principio, a dos adultos. No es muy frecuente encontrar este tipo de sepultura en las necrópolis de época visigoda.

La sepultura VIII presenta una estructura en la cabecera compuesta por dos piedras planas de mediano tamaño dispuestas en paralelo y orientadas E-O. Ambas lajas están apuntaladas o sujetas por piedras de iqueño tamaño. La función de esta pequeña estructura anexa a la tumba nos permite quizá plantearnos una posible señalización de la misma. Las evidencias de señalización de tumbas en el caso de necrópolis visigodas e hispano-visigodas son escasas, algunos especialistas suponen que las tumbas estaban señalizadas con piedras amontonadas difíciles de definir durante una excavación.

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En nuestro caso podría tratarse de una estructura que albergara la base de una estela funeraria. Otra posible interpretación es que fuera un espacio delimitado para algún tipo de ofrenda. Son frecuentes los espacios abiertos y de pequeñas dimensiones alrededor de algunas tumbas, tanto en la cabecera como en los pies, y que contenían restos humanos, de animales y cerámicas. En nuestro caso, y de contener algún tipo de ofrenda, se trataría de una cerámica de reducidas dimensiones y que podríamos poner en relación con los fragmentos encontrados alrededor de esta estructura de la tumba VIII, aunque todo ello queda como hipótesis.

La presencia en el conjunto de una tumba excavada en la propia roca trastoca, a primera vista la homogeneidad del mismo, a esto añadimos que es poco frecuente encontrar este tipo de sepultura en un ambiente de la Antigüedad tardía. Las posibilidades de interpretación son principalmente dos: la tumba antropomorfa es contemporánea al resto de las sepulturas, o bien se trata de un elemento aislado con una cronología posterior al resto del conjunto funerario. Las tumbas excavadas en la roca han sido denominadas frecuentemente por los medievalistas “olerdolanas”, sin embargo este apelativo ciñe excesivamente tanto cronológica como tipológicamente este tipo de sepulturas y por ello se tiende actualmente a hablar de tumbas antropomorfas excavadas en la roca. Actualmente los investigadores están de acuerdo en situarlas cronológicamente en los siglos IX Y X”, pero empiezan a detectarse algunos ejemplos ya en época hispano-visigoda. Este hecho obliga a reconsiderar el momento de aparición de este tipo de inhumaciones. Existen varios casos de necrópolis por lo general de época hispano-visigoda, donde las sepulturas antropomorfas excavadas en la roca, se han podido documentar. Según los materiales encontrados en el interior de un grupo de tumbas, cuyo número se desconoce, esta necrópolis se ha fechado entre los siglos VI Y VIII, siendo el ejemplo más claro hasta la fecha de asociación de una población hispano-visigoda a este tipo de tumbas.

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Como ya se ha comentado la presencia de esta sepultura dentro del conjunto de la Cabeza, rompe, en un principio la homogeneidad del mismo, en sus aspectos formales e incluso en la distribución de la misma, pero no por ello dejamos de pensar que es posible que se trate de una sepultura de la misma época que el resto, teniendo en cuenta lo que se ha dicho precedentemente.

La disposición de la mayoría de las sepulturas se realiza alrededor de un espacio central. Las sepulturas que delimitan este espacio son la III, IV, V, VI, VII Y VIII, situándose las restantes, fuera de éste. Una de ellas -la número O-es la tumba excavada en la roca que se aleja de las demás con respecto él un punto central de este espacio. La ordenación de las sepulturas por grupos, formando calles de circulación y espacios, es común en los cementerios visigodos e hispano-visigodos, así como en los de tradición romana. En nuestro caso este espacio central libre, aunque es difícil de interpretar, podría estar destinado, o bien a un lugar de reunión, o bien responder a la organización de la circulación.

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La presencia de un conjunto funerario, cualquiera que sea, es siempre un factor determinante para la existencia de un grupo humano, que puede ser definido por las propias características de la necrópolis. En nuestro caso se trata de un pequeño conjunto funerario que, de ser las únicas tumbas, pudieron pertenecer a un grupo familiar o suprafami-liar con una economía de carácter rural. El carácter familiar o supra familiar de los pequeños conjuntos funerarios viene dado por los propios individuos inhumados, un ejemplo sería la posible relación existente entre la sepultura infantil número VII y la doble (números V-VI). En los grandes conjuntos cementeriales el carácter familiar de los grupos sepulcrales, puede ser también atestiguado. Aunque no descartamos que este pequeño núcleo sepulcral sea sólo una pequeña parte de una necrópolis mayor, las prospecciones realizadas tanto durante la realización de la carta arqueológica, como las acometidas durante nuestros trabajos no dieron ningún fruto para poder suponer una necrópolis de gran envergadura e incluso sobre los límites posibles del espacio funerario. No obstante, la presencia en el cerro de la Cabeza de un núcleo poblacional con una continuidad -tal y como apuntábamos precedentemente-desde la Edad del Hierro hasta época medieval, puede estar indicando un hábitat mayor que el hallado hasta el momento, aunque no se ha podido comprobar su relación con la necrópolis que nos ocupa.

Fuente y mas información

Excavaciones en el conjunto funerariao de época Hispano-Visigada de la Cabeza (La Cabrera, Madrid). G.1. Yáñez”M.A. López” G. Ripoll'” E.Serrano” S. Consuegra”


 

Pedro Mª Vargas

www.castillosdelolvido.com

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