Palacio fortificado de Galiana

On by Pedro Mª Vargas

 

Nombre: Palacio fortificado de Galiana
Localidad: Toledo
Provincia: Toledo
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Palacio
Estado: Bueno
Visita: Contacto
Localización: N39 51.918 W4 00.302

El palacio fortificado de Galiana se encuentra a las afueras de la ciudad de Toledo,  río arriba, en la llamada Huerta del Rey. El edificio que conocemos hoy en día como Palacio de Galiana se corresponde casi con total seguridad con la almunia del rey de la Taifa de Toledo al-Ma´mun (1043-1075), cuyos verdaderos palacios regios se asentaban en la zona donde hoy se sitúa el Convento de Santa Fe. Tras la conquista cristiana pasó a denominarse almunia real o Huerta del Rey -nombre que aún conserva. El primitivo edificio islámico sufrió grandes y sucesivos destrozos por causas diversas, entre las que destacan -debido a su situación el la vega extramuros de la ciudad fortificada- las incursiones de ejércitos almohades y almorávides en los siglos XI y XII, o también de tropas cristianas que allí acamparon en 1212 para hacer frente a los almohades.

Pero según parece el edificio original no fue completamente destruido de modo que el palacio mudéjar que ha llegado hasta nuestros días utiliza en gran medida la estructura de la edificación islámica, de tal forma que la obra mudéjar fechada en el siglo XIII -a la que siguió probablemente otra posterior en el XIV- consistió básicamente en la reparación de los lienzos más deteriorados y, sobre todo, en labores decorativas entre las que destacan yeserías, zócalos y arquillos de ventanas.

Todo ello se deduce de la observación detallada de la planta del edificio, típicamente islámica, compuesta por salas de recepción conectadas con una espaciosa alberca y todo ello rodeado de jardines. Las fuentes documentales islámicas citan a Ibn Wafid y a Ibn Bassal como diseñadores de los jardines, y nos hablan del célebre “salón de la noria” o maylis al-na´ura, cuyo repetitivo sonido se asemejaría al de una camella que ha perdido a su cría.

Esta gran noria se reflejaba en el agua de la alberca, la cual se conserva en nuestros días y que estuvo en uso hasta 1603 según Salazar de Mendoza que cita textualmente “unas casas viejas que tienen un estanque de agua por patio, a quien el vulgo ignorante llama los Palacios de Galiana”.

La propiedad del Palacio de Galiana pasó en 1385 al Convento de Jerónimos de la Sisla por donación del rey Juan I. Los monjes venden el edificio en 1394 a Beatriz de Silva -esposa de Alvar Pérez de Guzmán-, fecha en la que debió hacerse la segunda reforma mudéjar pues se conservan escudos de los Silva y de los Guzmán en la yeserías.

Pero lo que convierte a este lugar en un emplazamiento legendario y de bellísimas evocaciones es la leyenda que narra los amores de Carlomagno con Galiana, la hija del rey musulmán Galafre. La leyenda tiene su origen en el cantar de gesta francés denominado Mainet o Mainete.

En él se narra, al contar la llegada de Mainet con sus franceses a Toledo -Mainet es el nombre que toma el joven Carlos para vivir de incógnito en Toledo, donde va desterrado- que el rey moro los hospedó “en su alcázar menor, que llaman agora los palacios de Galiana, que él había hecho muy ricos a maravilla, en que se toviese viciosa aquella su hija; e este alcázar o el otro mayor eran de manera hechos que la infanta iba encubiertamente de uno al otro cuando quería”. Se refería pues a los verdaderos palacios regios, hoy Convento de Santa Fe.

La leyenda tuvo un arraigo extraordinario en Toledo, y como el gran Ramón Menéndez Pidal explicara en 1932 al analizarla en detalle, ello no es extraño dado el importante contingente de franceses llegado a Toledo con Alfonso VI en la Reconquista pues llegaron a ser el tercer grupo de población más numeroso en Toledo -“Castellanos, Mozárabes atque Francos” según rezan los fueros de la ciudad- ocupando un barrio entero denominado Arrabal de los Francos entre Zocodover y la Catedral, siendo muy probable que ese cantar de gesta fuese escrito en Toledo, como Pidal trató de demostrar.

Según Menéndez Pidal, el nombre de Galiana no corresponde a ninguna mujer en concreto sino que hace referencia a la Vía Galliana, es decir, el antiguo camino romano que unía Toledo con las Galias -Francia- arrancando en los mencionados palacios regios para salir de la ciudad por la Puerta de Perpiñán y el Puente de Alcántara, y que pasaba por Guadalajara y Zaragoza hasta cruzar los Pirineos en el Summo Portu (Somport) de Canfranc.

De hecho, ya en el siglo XII los palacios regios de lo que hoy es Santa Fe eran conocidos por este nombre como prueba un documento de 1210 del rey Alfonso VIII que en el que se lee que “dize que es aquel que dizen aver sido Palacios de Galiana, dentro de los muros de Toledo”. Otros muchos documentos de los siglos XIII y posteriores vuelven a mencionar los palacios con esta denominación.

Pero es en el siglo XVI cuando tal vez por las modificaciones en estos palacios convertidos en conventos y por el arraigo de la leyenda carolingia de Mainet se menciona por vez primera a la almunia real o Huerta del Rey, también junto a la senda Galiana, como Palacios de Galiana.

Así, Luis del Mármol, en 1573 escribe que Galafre, al celebrar las bodas de Galiana y Carlos, “porque los christianos no entrassen en Toledo, mandó hazer en la propia Güerta unos palacios que oy día llaman los palacios de Galiana”.

El recuerdo de los ingenios árabes presentes en esa almunia, donde algunos autores ubicaban las clepsidras de Azarquiel y las albercas que se llenaban o vaciaban en ciclos perfectos de 29 días según los meses lunares, o la cúpula o qubba por la que se deslizaba el agua creando maravillosos reflejos hicieron acrecentar su fama legendaria.

Durante los siglos XVI y XVII esa leyenda seguía muy presente en la vida cotidiana castellana hasta el punto de ser mencionada por Cervantes en la segunda parte del Quijote en su capítulo LV:
“¡Válame Dios todopoderoso! -decía entre sí-. Esta que para mí es desventura, mejor fuera para aventura de mi amo don Quijote. Él sí que tuviera estas profundidades y mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana, y esperara salir de esta escuridad y estrecheza a algún florido prado”

Para terminar de demostrar que el Mainet fue escrito en Toledo, Menéndez Pidal hizo un soberbio descubrimiento toponímico. En el poema épico medieval se dice que el combate de Mainet con Bramante, en el que el francés se apodera de la legendaria espada Durendart, ocurre en Val Salmorial, junto a Toledo. Pidal indagó fuentes diversas y halló que en el siglo XVI Pedro de Alcocer al hablar de esta leyenda decía que “Carlos hizo armas con Bramante en el lugar que agora llaman Balsalmorial, dos leguas y media desta cibdad”, y que Pedro Salazar de Mendoza en el XVII contaba que “Lo del moro Bradamante y las armas que hizo en el Valsalmorial, entre Olías y Cavañas, ni lo digo ni lo creo.”.

Pues bien, Pidal recorrió los alrededores de Toledo en 1932 y halló varios lugares de terrenos salados llamados salmoriales, de entre los que destacó como posible ubicación del pasaje del Mainet uno llamado Dehesa de Navarreta. Esa dehesa está situada en un hondo, en el término de Magán, y en la que hay salmoriales, a dos leguas y media de Toledo, conforme la distancia señalada por Pedro de Alcocer. Sin duda, una preciosa labor de investigación sobre el terreno ocho siglos después de haberse descrito en un cantar de gesta.

También en el Palacio de Galiana se localiza otra leyenda, la de la Mano Horadada, que cuenta cómo estando Alfonso VI alojado como huésped de Al-Ma´mun en esta almunia, escuchó una conversación del rey árabe con sus ministros sobre cuál era el flanco más débil de la ciudad. Alfonso se hizo el dormido y Al-Ma´mun quiso asegurarse de ello, por lo que en voz baja para no despertarle pero suficientemente alta para que lo oyera si se hacía el dormido pidió que le trajeran plomo fundido. Le acercaron el metal hirviendo y logró no inmutarse hasta que le derramaron el plomo, momento en el que gritó de dolor por el agujero que ello le provocó en la mano que tenía extendida. Al-Ma´mun quedó tranquilo pensando que no les había escuchado, pero según la leyenda, poco después Alfonso entró a la ciudad por ese flanco.

Fuente

www.toledoolvidado.blogspot.com.es


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