Palacio fortificado de la Aljafería

Nombre: Palacio fortificado de la Aljafería
Localidad: Zaragoza
Provincia: Zaragoza
Comunidad: Aragón
Tipología: Palacio
Estado: Bueno
Visita: Horarios
Localización: N41° 39.390′ W0° 53.816′

El Palacio de la Aljafería es uno de los monumentos más emblemáticos de Aragón. Reconocido internacionalmente por sus valores artísticos, este conjunto también destaca por haber sido uno de los escenarios clave en la historia y en la vida política de esta Comunidad Autónoma.

La edificación más antigua que hoy se conserva del conjunto es la Torre del Trovador, cuyos pisos inferiores datan del siglo IX y que fue integrada en el palacio musulmán levantado en el siglo XI por los Banu Hud, monarcas de la Taifa zaragozana. Este palacio es considerado en la actualidad como una de las cimas del arte hispanomusulmán. Tipológicamente, el conjunto se inspiró en los palacios omeyas del desierto del siglo VIII, rodeándose por un recinto amurallado de planta cuadrada con lienzos reforzados mediante torreones ultrasemicirculares. En el interior, el eje central en dirección Norte-Sur, alberga las construcciones residenciales del palacio taifal, de gran belleza ornamental. Allí se localiza el patio de Santa Isabel, de planta rectangular, a cielo abierto, con albercas en sus lados cortos y un pórtico que lo rodea precediendo las estancias. En el lado Norte se disponen los espacios más relevantes, como son el Salón de los Mármoles o Salón del Trono y a ambos lados dos estancias cuadradas a modo de alcobas reales. Esta zona destacaba por su exhuberancia ornamental, aunque en la actualidad se conserven fragmentos aislados, y también por la utilización del arco mixtilíneo, característico de la Aljafería. En el flanco oriental del pórtico Norte se encuentra el pequeño oratorio que estuvo destinado al uso exclusivo del monarca y su corte. Su planta es de formato cuadrado que en altura se convierte en octogonal y en uno de sus lados, orientado hacia el sureste, se abre en arco de herradura el nicho del mihrab. Del oratorio original se conserva en su primera planta una rica decoración a base de arcos mixtilíneos, ataurique y un friso con una leyenda cúfica y por encima de éste, una galería de arquillos lobulados con restos de decoración pictórica.

Después de la conquista de Zaragoza por Alfonso I en 1118, el palacio fue reformado en numerosas ocasiones. La mayoría de los restos de época medieval que han llegado hasta nuestros días datan del reinado de Pedro IV el Ceremonioso en el siglo XIV. Se localizan en las plantas baja, intermedia y superior y corresponden con la parte mudéjar del conjunto. La puerta de ingreso al palacio desemboca en el patio de San Martín desde donde se accede a la iglesia mudéjar dedicada al mismo santo. En el lado Sur del patio de Santa Isabel se localiza la sala de San Jorge y en el Norte la sala baja del palacio mudéjar cubierta por un espectacular alfarje ornamentado con motivos heráldicos. En el sector Norte, sobre el palacio musulmán se ubican tres estancias pertenecientes al palacio de Pedro IV como son la sala que lleva el nombre del propio monarca, la alcoba de Santa Isabel y la planta superior de la Torre del Trovador.

Los Reyes Católicos levantaron su palacio entre 1488 y 1495 sobre el ala norte del conjunto islámico, destruyendo parte del palacio medieval así como la cubrición de la mezquita. En la nueva ampliación se funden distintos estilos artísticos que van desde el gótico final hasta el renacimiento, pasando por el mudéjar de espléndida calidad, en lo que se ha venido denominando como “estilo Reyes Católicos”. Para acceder a las estancias principales de este palacio del siglo XV se realizó la escalera noble que desemboca en la galería o corredor superior. En este punto nos encontramos frente a la puerta del Salón Dorado o Salón del Trono, a partir del cual se distribuye el resto de las estancias del palacio. El elemento más destacado del salón es su impresionante techumbre de madera tallada, dorada y policromada, compuesta de vigas y traviesas decoradas con lacerías que en sus intersecciones forman estrellas de ocho puntas. Generan treinta casetones profusamente ornamentados en su interior con el yugo y las flechas, emblemas de los monarcas Fernando e Isabel, con motivos vegetales y con unas llamativas piñas colgantes, cuyo simbolismo se relaciona con la fertilidad y la inmortalidad. Bajo el artesonado discurre una galería de arcos conopiales y en su parte inferior se dispone en un friso una inscripción latina con caracteres góticos que exalta las virtudes y hazañas de los Reyes Católicos. En torno al Salón Dorado se disponen la sala de los pasos perdidos, compuesta por tres pequeñas habitaciones, la sala de Santa Isabel, la sala de deliberaciones y la sala de Pedro IV. Todas ellas poseen magníficas techumbres decoradas con diferentes motivos geométricos y vegetales, estando siempre presentes el haz de flechas de la reina Isabel y el yugo con el nudo gordiano y la frase “tanto monta” del rey Fernando.

En época moderna la Aljafería sufrió varias reformas que potenciarían el carácter defensivo del edificio. Del proyecto diseñado por el ingeniero Tiburcio Spanochi para Felipe II a finales del siglo XVI, se conserva únicamente el foso que rodea el conjunto. Posteriormente, en el último tercio del siglo XVIII, bajo el reinado de Carlos III, se levantaron una serie de edificaciones cuartelarias que todavía permanecen en buena parte en el tercio occidental del castillo, configurando en su interior el gran patio de armas.

Tras numerosas reformas, el Palacio de la Aljafería es la sede de las Cortes de Aragón, volviendo a retomar, de este modo, la importancia política de antaño adaptada a los tiempos actuales.

La construcción de la Aljafería se relaciona con el segundo monarca de la dinastía de los Banu Hud, Abu Yafar Ahmad ibn Sulayman (al Muqtadir), que reinó entre 1046 y 1082. De su nombre deriva la actual denominación del palacio: de Yafar vino al-Yafariyya, después Aliafaria y por último Aljafería. Sin embargo, en origen fue conocido como “Qasr al-Surur” o “Palacio de la Alegría”, y fue construido como quinta de recreo de los reyes de Taifas fuera de la ciudad musulmana, entre huertas y acequias.
No obstante, la parte más antigua del conjunto es la Torre del Trovador, construida como torre vigía y bastión defensivo a finales del siglo IX, durante el periodo gobernado por el primer Tuyibí, Muhammad Alanqar. Recibe este nombre a partir del drama romántico El Trovador de Antonio García Gutiérrez, cuya historia se supone que se desarrolla en esta torre de la Aljafería. En 1853 esta obra fue convertida en libreto para la ópera Il Trovatore de Giuseppe Verdi.

En 1118 Alfonso I el Batallador reconquista Zaragoza y a partir de entonces la Aljafería pasa a ser residencia de los monarcas cristianos. A lo largo de los siglos, éstos llevaron a cabo numerosas obras de ampliación y acondicionamiento en todo el edificio, sin llegar a constituir una unidad arquitectónica.
Uno de los periodos constructivos más fructíferos en la historia del monumento fue el reinado de Pedro IV el Ceremonioso, entre 1336 y 1387. Durante su mandato se realizan trabajos tan importantes como el palacio mudéjar que lleva su nombre y las capillas de San Martín y de San Jorge. Además, en esta época, la Aljafería fue el principal núcleo político de la ciudad.

En el año 1486, el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición se instala en algunas dependencias del palacio, principalmente en la zona del patio e iglesia de San Martín. Probablemente en esta época comenzó a utilizarse la Torre del Trovador como prisión. En 1706 la sede de este organismo se traslada dentro del núcleo urbano de Zaragoza.

En 1488 los Reyes Católicos inician la construcción de su suntuoso palacio sobre el ala norte del recinto islámico, creando así una segunda planta superpuesta a la del palacio musulmán. De este modo, los monarcas mostraban simbólicamente su supremacía sobre Al-Andalus. En los trabajos participó un equipo de artífices mudéjares encabezados por Faraig de Gali. Este maestro concertó junto a Mahoma Palacio y Brahem Muferrich la realización del espléndido artesonado del Salón del Trono en abril de 1493.

En el año 1591, Antonio Pérez, antiguo secretario del monarca Felipe II, fue trasladado desde la prisión del Justicia de Aragón a la de la Inquisición situada en el palacio de la Aljafería, actuando así en contra de la Justicia y de los fueros aragoneses. Esto dio lugar a la revuelta conocida como las Alteraciones de Zaragoza, ya que el pueblo consideró estas actuaciones como una violación del derecho foral por parte de Felipe II. Estos levantamientos y la huída de Antonio Pérez de la prisión tuvieron como consecuencias inmediatas la ejecución del Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, y de otros nobles afines a la revuelta, así como la limitación de los fueros aragoneses.

Entre 1592 y 1593 Felipe II se plantea la necesidad de fortificar el recinto de la Aljafería para evitar así en un futuro posibles levantamientos como el de 1591. El proyecto fue diseñado por el ingeniero Tiburcio Spanochi inspirándose en los fuertes o ciudadelas configurados según sistemas defensivos “a la moderna” que debían adaptarse a las nuevas tácticas militares como el uso de la artillería y de las armas de fuego. Se rodeó el conjunto por una barrera en talud con baluartes pentagonales en los ángulos y un amplio foso, que todavía hoy se conserva.

A partir del reinado de Fernando VI, el palacio se usa como cuartel permanente de tropas. En el último tercio del siglo XVIII y sobre todo durante el reinado de Carlos III se construyeron unas edificaciones carcelarias para la instalación de toda una serie de efectivos de artillería, caballería e infantería, así como áreas de almacenamiento y servicios auxiliares.

Fuente

www.patrimonioculturaldearagon.es