Torreón de Álvar Fáñez

On by Pedro Mª Vargas

Nombre: Torreón de Álvar Fáñez, Torreón del Cristo de la Feria
Localidad: Guadalajara
Provincia: Guadalajara
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Torreón
Estado: Bueno
Visita: Libre
Localización: N40 38.115 W3 10.205

Se sitúa en lo que era el extremo suroeste de la muralla, encajonado en el barranco del Coquín, muy cerca del alcázar y junto al palacio del Infantado, y a su pie hoy se encuentra el parque de la Huerta de San Antonio, diseñado siguiendo la traza de un jardín árabe. Actualmente se encuentra en su interior un centro de interpretación en torno al origen del escudo de la ciudad.

Este vano se abría en el flanco occidental de la ciudad, en el barranco de San Antonio. En él los cronistas y tradiciones quisieron ubicar el acontecimiento histórico de la entrada de ese héroe castellano en el momento de la reconquista de Guadalajara; aunque, con toda seguridad, la torre conservada vino a sustituir a la omeya preexistente. La referencia documental más antigua que identifica una puerta con el nombre del capitán castellano se remonta a abril de 1174, año en que el rey Alfonso VIII cedió unos baños circa “portam albaro fanez” a Cerebruno, obispo de Toledo.

Por su ubicación –a ella no llegaba ninguno de los caminos principales–, tenía un carácter secundario y fue operativa hasta que estuvieron en uso los cementerios de las comunidades musulmana y judía al otro lado del barranco.

En su sustitución, en 1617 y después de un parcial derrumbe ocurrido en septiembre de 1598, se abrió otra más diáfana que, unos metros más arriba –frente al convento de San Antonio–, prescindía del acceso quebrado y en fuerte pendiente que caracterizaba a la de Álvar Fáñez. Después de 1617 la torre pentagonal se convirtió en ermita del Cristo de la Feria. De este oratorio, instalado en la planta baja de la torre puerta, aún queda en el hueco del espolón la impronta del ábside y bóveda de yeso de la capilla mayor. Con este nombre que mantuvo hasta 1847, año en que fue cedida a la Academia de Ingenieros para establecimiento penitenciario.

No obstante los ingenieros militares no acometieron ninguna obra de reconstrucción, como tampoco las necesarias para transformarlo en calabozo como se pretendía en origen, ni se realizó obra alguna de restauración; de hecho, en enero de 1858, se desplomó en parte quedando su estabilidad más que amenazada. Así permaneció hasta después de su declaración como Monumento Histórico-Artístico en 1921, para luego, a finales de esa década y tras el incendio de la Academia –acaecido en 1924–, ser protagonista de una muy necesaria intervención dentro del programa de obras destinadas al realojo provisional de las aulas.

Entonces se consolidaron las fábricas en el arranque de sus flancos, donde la pérdida de material era alarmante –colocando nuevos mampuestos y sillares– y se reconstruyó la gola –es decir, la fachada que mira a la ciudad, totalmente hundida–; desfigurando, ya para siempre, la traza original de la puerta. Para ello, se cerró el torreón en su planta baja –colmatándose en parte el terraplén que ascendía hasta los muros del Infantado–, se remató con sillares el perfil roto de los bordes de los flancos y, en la planta superior, se consolidó el arco monumental de ladrillo con una artística cancela de hierro. También en esta planta se cerró el hueco que, sobre el arco de acceso, albergaría el sistema de cierre de deslizamiento vertical y se reconstruyó la bóveda que cubría la estancia; pero, incomprensiblemente, se omitió la reparación de la cubierta.

Cuarenta años después, en 1986, se acometería un nuevo proyecto de restauración bajo la dirección del arquitecto Domingo Torcal. En esta ocasión los trabajos se dirigieron, en el interior, a realizar varias catas arqueológicas que determinaron el firme original – en fuerte pendiente– y las distintas alteraciones de su nivel; y al exterior, a rematar la castillería de la cubierta –reconstruyendo los matacanes y sus gorroneras–, a recolocar los sillares y mampuestos perdidos y a levantar dos arcos superpuestos de dovelas calizas para recuperar y resaltar el hueco de ingreso en el flanco septentrional.

Es necesario anotar la diferencia que se aprecia en el tratamiento de las fábricas del flanco meridional con respecto a los otros que constituyen el baluarte. Así, mientras que toda la obra es de mampostería con sillares en las esquinas, aquí los mampuestos aparecen regulados por hiladas de ladrillo en toda la longitud del muro.

En el interior, una vez perdida la bóveda de separación, se ha colocado un forjado ligero que permite recuperar la estructura en dos estancias superpuestas y contemplar la techumbre que cubre la planta superior. Esta se resolvió con una bóveda baída de aristas constituida por hiladas concéntricas de ladrillo a sardinel en el área cuadrangular y otra de similar aparejo en correspondencia con el trazado triangular del espolón.

Además de la planta y alzados publicados en 1846, existen otros planos de este baluarte, uno realizado en 1847 por Joaquín Ferrer (Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército) y otro que acompañaba la escritura de solicitud de un terreno anejo a la torre fechado en 1877 (Archivo Municipal). En todas las representaciones se ha omitido la gola, al igual que en el dibujo que en 1896 publicara Juan Diges; esta particularidad –unida a la morfología actual de la puerta de Álvar Fáñez– ha permitido identificarla como una torre albarrana.

Entre 2003 y 2006, se efectuaron otras intervenciones con la finalidad de incorporar el monumento al circuito turístico de la ciudad. Para ello, se colocó un forjado ligero que divide las dos plantas de la puerta; así, en la primera, se desplegó un equipamiento de paneles interpretativos y, la baja, se acondicionó para poder proyectar y visualizar un audiovisual que explica la génesis del escudo de Guadalajara.

Fuente

La Puerta de Álvar Fáñez o del Cristo de la Feria y el recinto amurallado de Guadalajara / Pedro José Pradillo y Esteban. – 2014.


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