Torreón del Baño de la Cava

 

Nombre: Torreón del Baño de la Cava
Localidad: Toledo
Provincia: Toledo
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Torreón
Estado: Bueno
Visita: Libre
Localización:  N39 51.486 W4 02.079

Es uno de los lugares de Toledo más fotografiado y cargado de leyenda. Así es llamado el torreón existente aguas abajo del Puente de San Martín, y que en realidad parece ser un antiguo puente de barcas o de madera, con varios accesos a diferentes alturas que servirían para acceder al río en las diferentes épocas del año independientemente del nivel que alcanzara el agua. Es un torreón cuya construcción actual es resultado de intervenciones cristianas sobre una antigua estructura árabe.

Es de origen árabe y lejos de lo que nos cuenta la leyenda fue en el s.XII estribo de un puente de barcas destruido a comienzos del s.XIII por las inundaciones, quedando todavía restos de obra en el río. En la entrada hay inscripciones árabes en un cipo de mármol que contiene un epitafio del s.XI. Es un pequeño torreón cuadrado de ladrillo y mampostería, de origen árabe. Antes de la construcción del Puente de San Martín, en la segunda mitad del siglo XIV, hubo un puente de barcas en el siglo XII, del que se conserva sólo esta cabecera. Estuvo protegido por una coracha que aún se conserva.

Las frecuentes brumas propiciaron el nacimiento de leyendas sobre los amores entre el último rey visigodo con la hija del gobernador de Ceuta, desencadenante de la invasión musulmana.

La Cava era el apodo con que era conocida una dama visigoda, Florinda, hija del conde D. Julián – encargado de la vigilancia del estrecho de Gibraltar-. Era costumbre que las hijas de los nobles viviesen en Toledo, en la corte. Florinda, bella como ninguna, y un poco “ligera de cascos”, tenía la afición de ir a bañarse completamente desnuda al río Tajo en un lugar próximo al palacio del rey D. Rodrigo, situado entonces cerca de la puerta del Cambrón y de lo que hoy es S. Juan de Los Reyes. Aun se conserva una especie de torreón, cerca del puente de S. Martín, donde se dice que se bañaba la Cava.

El caso es que D. Rodrigo la vio bañarse un día y prendado de su belleza consiguió “yacer con ella” bajo promesa de matrimonio. Luego, como el rey no cumplió lo prometido, Florinda se lo contó a su padre. El conde, enfadado con la actitud de su rey, dejó pasar a los musulmanes a la península, e incluso luchó a su lado junto con los hijos de Vitiza, el anterior rey, perdiéndose así el reino visigodo. Dice la tradición que D. Rodrigo murió haciendo penitencia como ermitaño y que D. Julián y los otros traidores fueron asesinados por los propios árabes que no se fiaban de ellos.

Pero …, ¿y la Cava?, ¿qué fue de ella. Pasaron los años, y los toledanos que vivían por la zona del puente de S. Martín empezaron a ver por las noches a una mujer desmelenada, con ojos de loca, que deambulaba junto al río, mirando sus aguas y pronunciando palabras incoherentes y gritos lastimeros. Cuando algún valiente se atrevía a acercarse a ella, echaba a correr y se perdía en las sombras de la noche. Un día desapareció y nadie volvió a verla.

Poco después empezaron a ocurrir cosas extrañas. Al atardecer, cuando el sol se ocultaba tras las colinas del otro lado del río, comenzó a verse una figura fantasmal, descarnada y seca, en lo alto del torreón del baño de la Cava, mirando hacia lo que fuera el palacio de D. Rodrigo. La figura emitía un grito terrorífico, el viento se agitaba como en una tempestad, y, de pronto, una nueva figura, ésta vestida de caballero con armadura, pero con la cabeza descubierta, aparecía en la torre del palacio. Los dos fantasmas se miraban y entonces era cuando el huracán rugía con más fuerza, la tempestad se desataba y el río se desbordaba inundando la vega. En los montes cercanos vivía un ermitaño, santo varón dedicado al ayuno y a la oración. Cierta noche, mientras dormía, se le apareció una figura semejante a la que los toledanos veían en el torreón, y le dijo: “Yo soy Florinda la maldita, Florinda la Cava, la hija impura del Conde D. Julián. Cuando me enteré de que España era presa de los hijos de Mahoma por mi pecado, me vine a vivir junto al lugar donde perdí mi honor. Allí estuve durante días hasta que caí muerta en el torreón maldito, y, allí está mi cuerpo sin sepultar. Por las noches llamo a voces a D. Rodrigo, cuya alma también pena por estos lugares, y juntos intentamos pedir perdón a Dios y a los hombres.

Ve allí y ayúdanos con tus oraciones”. A día siguiente, el ermitaño se dirigió al barrio del Arrabal y reunió una procesión de fervientes cristianos. Al anochecer, con una enorme cruz abriendo la comitiva y todos con teas encendidas detrás, se presentaron en el torreón. Nada más penetrar la cruz en el lugar, el cuerpo putrefacto de Florinda se levantó y se sumergió en el agua del río ante la admiración de todos. Cayeron de rodillas y rezaron sus oraciones. El lugar fue bendecido por el ermitaño y todos volvieron a sus casas. Nunca más volvieron a verse almas en pena por estos lugares. Aunque hay quien dice que desde el puente de S. Martín, las noches de luna, se ve una figura blanca brillar entre las oscuras aguas del Tajo, hacia la zona del torreón …>>

Fuente

http://acebo.pntic.mec.es

 

Pedro Mª Vargas

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