Yacimiento Camesa Rebolledo

Nombre: Yacimiento Camesa Rebolledo
Localidad: Camesa. Rebolledo
Comunidad: Cantabria
Tipología: Yacimiento arqueológico
Estado: Vestigios
Visita: Horarios
Localización: N42° 53.240′ W4° 09.506′

Entre los pueblos de Camesa y Rebolledo, a pocos kilómetros de Mataporquera, late el pulso de un antiguo asentamiento romano enterrado y que la arqueología está sacando a la luz: se trata de los yacimientos arqueológicos de «El Conventón», situado en Rebolledo, y el de «La Cueva», en Camesa. Sus orígenes se vinculan con el asentamiento próximo de la Legio IV Macedonica tras las guerras cántabras (29-19 a.C.) y con la calzada romana que unía Pisoraca con Portus Blendium y que se bifurca en las inmediaciones del yacimiento. También se relacionan con un castro cántabro y con un campamento romano. Más importante, si cabe, es su vinculación, aún por determinar, con Octaviolca, asentamiento aún por localizar y situado —según la placa I del Itinerario de Barro— a 10 millas romanas (unos 15 kilómetros) de la ciudad romana de Julióbriga. Sin embargo, su historia está aún por discernir.

En el yacimiento romano-medieval de «El Conventón» se puede visitar una edificación que superaba los 1.000 m² de superficie útil, situada al borde de una antigua calzada romana. Presidía un barrio situado a las afueras del hipotético asentamiento de Octaviolca.

Se trataba de una villa romana, es decir, una gran residencia señorial en el campo, propiedad de un notable o patricio del lugar. Sin embargo, se mantienen aún muchas incógnitas sobre la identidad de este edificio y sobre su relación con el entorno. Se sabe que por aquí pasaba una calzada, pues se hallaron tres fragmentos de un miliario, una señal que indicaba distancias en millas. Se colocó durante el reinado del emperador Trajano Decio (249-251 d.C.) en un momento muy cercano al de la caída en desuso de la villa. La presencia de la vía en las inmediaciones ha hecho pensar en una mansio (mansión), es decir, un establecimiento hostelero al borde del camino, a modo de mesón. Efectivamente, la existencia de las termas podría apoyar esta hipótesis, sin embargo no parece que tenga acceso externo, ni se han hallado caballerizas, amplias cocinas, ni mostradores, etc. La identificación como villa resulta por tanto la hipótesis más verosímil, pero queda por dilucidar si se trató de una gran casa rural o una residencia peri urbana, una lujosa morada señorial en las inmediaciones de un núcleo de población grande, de una ciudad.

El tamaño del edificio, los paramentos de pinturas murales que decoraron uno de sus corredores y las termas prueban la condición adinerada de sus propietarios. Un sistema de calefacción por hypocaustum, mediante aire procedente de un horno (praefurnium) y que circulaba bajo el suelo, permitió crear este «balneario privado».

Todo un ala del edificio se consagró al placer del baño y el masaje. Bañeras con agua caliente (caldarium), templada (tepidarium) y fría (frigidarium), sauna de vapor (laconicum) y vestuario (apodyterium) en salas independientes, permitían disfrutar del placer del agua mientras el sol de la tarde entraba por las ventanas. Las dependencias termales de la villa son de época Flavia (finales del siglo I d.C.) y distintas ampliaciones de los siglos II y III d.C. El agua de la piscina fría salía por un canal de evacuación que circulaba por la planta baja de la torre. Allí se ubicó la letrina, el aseo que se limpiaba al vaciar la piscina.

El entorno que ocupó la villa romana perduró desde el siglo I hasta mediados del siglo III de nuestra era; posteriormente se abandonó, coincidiendo con el comienzo de la decadencia del Imperio Romano y la crisis del siglo III.

Tres siglos después de haberse abandonado la villa romana y su entorno, una nueva población —en época visigoda— reaprovecha en parte el edificio y crea en torno al ala termal una necrópolis de tumbas de fosa. De este modo, el destino del lugar quedaba marcado por muchas centurias: al menos hasta el siglo XII tumbas de laja y sarcófagos se multiplican. El escaso número de sarcófagos y el lugar privilegiado donde se enterraron —dentro de la iglesia o en la entrada— evidencia hasta qué punto los notables del lugar constituían una minoría social.

La necrópolis se concentraba en torno a una iglesia altomedieval de planta y ábside rectangulares, de estilo prerrománico, de la que sólo queda la planta. Ésta mostraba una sola nave con un pavimento de tosco empedrado. Debajo, el terreno estaba poblado de enterramientos pero también se halló un nivel de ocupación medieval con restos que indican que allí se vivió, en el siglo VII.

Un gran centro de 1.300 m² protege los vestigios arqueológicos y permite al visitante realizar la visita guiada y señalizada, disfrutando de una visión panorámica excelente. Además, el centro ofrece un amplio espacio de exposiciones donde tienen cabida la arqueología y el patrimonio de la zona.

Fuente

Artículo obtenido del artículo de Wikipedia Yacimiento arqueológico de Camesa-Rebolledo en su versión del 4 enero 2017, por varios autores bajo la Licencia de Documentación Libre GNU.