Castillo de Jarque

Nombre: Castillo de Jarque

Localidad: Jarque

Provincia: Zaragoza

Comunidad: Aragón

Tipología: Castillo

Estado: Ruina consolidada

Visita: Exterior

Localización: N41° 33.286′ W1° 40.598′

Por noticias documentales sabemos que el lugar ya existía un pequeño castillo en 1118 con el nombre de Siarchum o Siarq, en el que Alfonso I ‘El Batallador’ dona a Lope Juan de Tarazona las localidades de Aliaga, Pitarque, Jarque (‘Siarg’), Abeja, Galve y Alcalá de la Selva. En 1285 pertenecía a Guillén de Alcalá, defensor de la frontera de Tarazona por orden de Pedro III, formando parte de los Luna transformandolo en residencia señorial, hasta 1382. Posteriormente pasó a depender de los Urrea y más tarde de los condes de Aranda, transformandolo de nuevo.

El castillo se alza sobre un pequeño espolón rocoso de la ladera del cerro conocido como «La Atalaya», delimitado por el lado oeste por un pequeño barranco donde se localizan restos de diversas edificaciones que pudieron albergar pajares o bodegas. Para poder asentar la espectacular mole de la fortaleza, se creo una fortaleza de piedra y argamasa, formando una falsa meseta de más de 700 metros cuadrados de superficie donde se situa el castillo. La planta es ligeramente trapezoidal y conserva restos de paño de muralla que oscilan entre los 28 y 34 m. de largo.

Los torreones aún conservan restos de las almenas que recorrían todo el perímetro de la fortaleza, rematadas en punta y similares a las que presentan otros castillos de la zona como el de Aranda de Moncayo.

La fachada principal es la del muro norte. En ella existe un zócalo de piedra de sillería perfectamente escudrado, tanto en el recorrido del lienzo como en sus flancos abaluartados, de considerable altura y sobre él se dispone la mampostería con el mismo aparejo que en el resto del castillo, incluídos los dos torreones mencioados del lado sur. A los pies de esta fachada se asienta la población.

Se accede al castillo por el muro norte cuyo talud conserva los restos de una escalera que desemboca en la puerta rematada con un arco ligeramente apuntado por dovelas de piedra. C. Guitart apunta la sugerente posibilidad de que en este arco se encontrase el escudo labrado en piedra de los Luna, igual al que se conserva en una de las puertas de la villa.

Su interior se encontraba colmatado con los restos de los materiales del castillo que habían caido cayendo a lo largo de los años, en especial casi todo el muro norte y el muro este que habían desaparecido, alcazando una profundidad de hasta 3 metros. En los paños oeste y sur existen restos de numerosos vanos con diferentes funciones (saeteras, ventanas, etc.) de una forma bastante aleatoria lo cual, como apunta C. Guiart, nos da una pista sobre su reconversión de construcción puramente militar en residencia señorial.

Dentro del castillo se aprecian los restos de lo que pudo ser la primitiva construcción de origen musulmán, sobre todo en el muro de la torre sureste y la esquina noroeste, consistentes en muros de tapia de tierra sin calicostra, reforzados con argamasa y yeso, en los que aún se puede apreciar las improntas o mechinales de las agujas que sujetaban las maderas de los encofrados, técnica que segun C. Guiart «es muy habitual en los castillos y las murallas de África». Esto nos muestra la existencia de dos fases constructivas: la primera en torno al siglo XI que quedo «envuelta» por la actual fábrica en el siglo XIV.

Entre los años 1985 y 1986 debido al avanzado estado de ruina del castillo y el peligro que suponía el posible desplome de la esquina noroeste, se realizaron una serie de intervenciones de urgencia. La más significativa fue la construción de un «contrafuerte» de hormigón para sujetar los muros en peligro.

Durante las obras de consolidación, al vaciar los rellenos del interior, han aparecido los restos de su última configuración, formada por un patio central porticado con una escalera de acceso al nivel superior y una serie de estancias a su alrededor con muros gruesos y de una altura importante.

Fuente

Panel informativo