Castillo de Huerta de Valdecarábanos

Nombre: Castillo de Huerta de Valdecarábanos

Localidad: Huerta de Valdecarábanos

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N39° 51.971′ W3° 36.759′

Fue construido a finales del XII por la Orden de Calatrava, quienes conservaron bien el castillo hasta 1538 en que el regidor talaverano Álvaro de Loaysa compró la Encomienda de Huerta, desmantelando el edificio, que en 1575 ya estaba casi abandonado. En el siglo XVIII se le describe como sin puertas, madera ni techo y sin rejas.

Su planta es de forma hexagonal y muy alargada (60 metros por 15) conforme al cerro donde se asienta, y con extremos en curva. Tuvo dos recintos exteriores al principal y un foso, y quedan indicios en su centro de un aljibe, o quizá la entrada a un subterráneo, no explorado.

Se encuentra en estado de ruina avanzada. Fue vendido y abandonado del todo a finales del siglo XIX, y parte de sus piedras fueron llevadas a Huerta de Valdecarábanos para construir el cementerio municipal.

Fuente

www.castillosnet.org

Alcazar de Toledo

Nombre: Alcazar de Toledo

Localidad: Toledo

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Alcazar

Estado: Bueno

Visita: Horarios

Localización: N39° 51.481′ W4° 01.227′

El Alcázar de Toledo se encuentra cimentado sobre roca granítica en el promontorio más alto de Toledo, dentro de las murallas de la ciudad, pero, a la vez, dominando a ésta. Está en el extremo este de Toledo, próximo al puente de Alcántara y al hospital de Santa Cruz (hoy Museo Arqueológico) y a unos pocos metros de la plaza de Zocodover.

Gracias a su estratégica ubicación, el Alcázar representa un resumen de los principales episodios de nuestra historia nacional, pues ha sido escenario tanto de aventuras medievales como testigo de guerras del siglo XX. Se trata, por tanto, de un edificio más valorado por su historia que por su arquitectura, lo cual resulta lógico si se tiene en cuenta todas las reconstrucciones que ha sufrido a lo largo de su dilatada historia.

La ocupación permanente del lugar tiene lugar en tiempos de la dominación de los romanos, cuando, en el siglo III d. C., construyeron, en la cima de la colina, un ‘pretorio’ con guarnición militar permanente.

En el año 568, creció considerablemente la importancia de la ciudad de Toledo, debido a que el rey Leovigildo establece en ella la capitalidad política del reino visigodo, lo que dio origen a una progresiva ampliación y reforzamiento del primitivo recinto amurallado romano.

Ya en el 711, a causa de la invasión de España por los árabes, y, más tarde, por la serie de luchas que mantuvo Toledo frente a los emires de Córdoba, la incipiente fortaleza alcazareña, denominada por aquel entonces al-Hizan o Alfizén, fue objeto de sucesivas destrucciones y reconstrucciones. Destacan las obras ordenadas por el emir Abd-al-Rahman II en el año 836, complementadas por sus sucesores, de las que se conserva en la actualidad el arco original que enmarcaba el acceso por el ángulo sudoriental.

Pero fue a lo largo de su etapa medieval cuando el Alcázar se trasformaría en autentica fortaleza, creciendo y consolidando su estructura. En 1085,  la ciudad de Toledo fue tomada y anexionada a los territorios del reino de Castilla (de los que fue capital a partir de 1087) por las fuerzas castellanas dirigidas por el rey Alfonso VI, quien, tras conquistar la plaza, mandó reedificar el Alcázar para su utilización como morada real, al tiempo que reforzó su fortificación para prevenirse del peligro almorávide. Posteriormente, los sucesivos monarcas, Alfonso VII, Alfonso VIII, Alfonso IX y Fernando III, la fueron ampliando y reforzando. Pero fue sobre todo en el siglo XIII cuando Alfonso X ‘el Sabio’ la embelleció, dotándola de su forma actual de cuadrilátero reforzado en sus ángulos por torres cuadradas, dando origen así al primer alcázar con esta forma. De esta época data su fachada oriental hacia el puente de Alcántara, la cual está dotada de matacanes.

Desaparecida definitivamente la amenaza musulmana tras la caída del reino nazarí de Granada en manos de los Reyes Católicos, el 1 de enero de 1492, el Alcázar acrecentaría su función de morada regia. A partir de esta época, el Alcázar adquirió gran importancia en la vida política, social y cultural de España, pues fueron muchos los reyes que lo habitaron y muchos también los nobles, guerreros distinguidos y mujeres ilustres que pasaron por sus estancias a lo largo de su dilatada historia.

Una etapa conflictiva por la que hubo de pasar la fortaleza fue la que tuvo lugar durante el levantamiento en armas de comuneros (1520-23), cuando el Alcázar se convirtió de nuevo en objeto de disputa, siendo controlado, en un primer momento, por las fuerzas leales a Carlos I y, posteriormente, por los comuneros. Derrotados finalmente los comuneros en la batalla de Villalar el 23 de abril de 1521, sus jefes, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron ejecutados. Además, fue desde el Alcázar desde donde María Pacheco, viuda del comunero Juan Padilla, dirigió la defensa de Toledo contra las tropas imperiales, que habían puesto cerco a la ciudad. Resistió la viuda el asedio durante tres meses, de donde logró huir antes de que sus seguidores rindiesen la plaza.

Acabada la revuelta, la estancia del emperador Carlos I en el Alcázar con motivo de la convocatoria de Cortes en 1925 inclinó su decisión de agrandarlo y apartarlo definitivamente como mansión regia, adaptándolo a la altura de sus imperiales circunstancias, para lo cual encargó las trazas iniciales a su principal arquitecto, el toledano Alonso de Covarrubias, que empezó su remodelación hacia 1536. Covarrubias se encargó de la fachada norte, a la cual añade un portal plateresco, y, luego, será el arquitecto Villalpando quien desarrollará su trabajo en el patio central y en las escaleras.

Las obras fueron continuadas por su hijo Felipe II, quien encarga la continuación de las mejoras de la construcción a Juan de Herrera, que concibe la fachada sur de estilo churrigueresco e introduce su estilo en la decoración general del edificio. La fachada oeste es de estilo renacentista, y la este, medieval, con tres torreones cilíndricos y defensa almenada.

En 1561, Felipe II decide trasladar la Corte a Madrid, por lo que el Alcázar pierde su función de sede regia y comienza así una larga etapa de abandono y progresiva decadencia. A mediados del siglo XVII, se tiene constancia de que el edificio sirvió como cárcel y, posteriormente, como cuartel para la caballería.

Tras la muerte de Carlos II, acaecida en 1700, su viuda, Mariana de Nieburg, fue la última persona de estirpe real que llega a utilizar el Alcázar como residencia.

Fuente y mas información

EL ALCÁZAR DE TOLEDO. BOSQUEJO HISTÓRICO. Marina Lucía Ramírez Albarracín

Torre de los Diablos

Nombre: Torre de los Diablos

Localidad: Toledo

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Yacimiento arqueológico

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N39° 51.179′ W4° 01.125′

En el yacimiento del Cerro del Bú contemplamos dos fases de ocupación: un prehistórica  (2.0000 a.c) y otra medieval (s. X). Ocupado inicialmente durante la Edad del Bronce, y en el creció un extenso poblado asomado al río tajo en un punto concreto: el paso a la otra orilla.

Este gran poblado, único en la comarca, debió instituirse como centro de referencia para otras aldeas y poblados menores del entorno. Fue abandonado de forma gradual al final de la Edad del Bronce, trasladandose sus habitantes al otro lado del río, en el peñón de la actual ciudad de Toledo.

Situado en lugar estratégico que le permite ejercer control directo en un punto de paso por el río hacia el norte de la Meseta. Los caminos medievales, herederos de los romanos, aún conservaban un trazado que ponía de relieve la importacia de este espacio de tránsito, y que ya existían desde época prehistórica.
En el periodo andalusí, se levanta una fortificación, no demasiado grande pero con dos recintos amurallados dotados de torres-contrafuertes, al poco de proclamarse el califato (siglo X). Durante los siglos VII al X, Toledo mantuvo una actitud rebelde hacia el centro de poder político establecido en Córdoba. La ciudad fue sitiada repetidas ocasiones para sofocar los levantamientos. El cerro del Bú ofrecía una posición ventajosa sobre la ciudad para ejercer cierto control militar y del paso por el río.
La intervención arqueológica en el Cerro del Bú ha tenido como objetivo profundizar en el conocimiento de los restos que en él se han conservado.
Los únicos restos de la ocupación bajomedieval del Cerro se han conservado en la muralla este. Para la construcción de cabañas o chamizos desmontaron parte de la muralla hasta conseguir una superficie mas o menos plana que sirviera para resguardo y almacenamiento de aperos y enseres.
 Plataforma superior del cerro. Ocupación medieval
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Las habitaciones que pertenecen al fortín andalusí, son  de planta rectangular y tienen accesos independientes desde el patio, y cumplian funciones de almacén y alojamiento del guarnición al cargo. Al pié de la puerta mas septentrional hemos encontrado numerosas tejas (con restos de pintura roja) que pudieron fomar parte de un tejadillo que la protegiera.
Al oeste de la plataforma superior, la superficie de la roca fue regularizada hasta quedar allanada para servir como patio o zona abierta. Hacia el este, el fuerte desnivel que presenta el terreno hizo necesario que se levantaran pequeños muros de piedra que les permitiera abancalar y aterrazar la parte mas orientar. En la roca se pueden distinguir agujeros de plantación de vides, cuando sirvió de majuelo durante la ocupación bajomedieval del Cerro.
El recinto superior tiene planta triangular y está cerrada por todos los laterales, aprovechando la roca del cerro para la cimentación de las estructuras. Este espacio cuenta con un amplio patio y dos pequeñas habitaciones tectangulares adosadas a la cara interna de la muralla en el extremo noroeste.

La construccón de la fortificación en el siglo X se realizó con la expanación mínima imprescindible para que la nueva edificación tuviera cierta perdurabilidad. El desmonte que se realizó para la nueva cimentación apenas afectó a los restos del poblado de la Edad de Bronce que se encontraba a mayor profundidad.

Supuso la explanación del cerro desde la plataforma superior hasta media ladera, afectando a los restos del poblado prehistórico. En la mitad inferior de la ladera las cimentaciones andalusíes nos alcanzaron a la totalidad de los restos de las cabañas prehistóricas, conservandose gran cantidad del asentamiento sepultado bajo las tierras originadas tras los derrumbamientos de todas estas construcciones. Las murallas muestran una fábrica poco cuidada, con piedras dispuestas en tongadas sin carear, que buscan solo la horientalidad (sin conseguirlo en muchos casos, como ocurre en la muralla del recinto inferior), lo que confirma lo apresurado de su construcción.

Los trabajos de reconstrucción que se han realizado han reproducido la técnica constructiva empleada en las murallas andalusíes. Se han respetado la disposición en tongadas imitando su disposición y el barro que las traba.

Las murallas de los recintos de la fortificación andalusí fueron dotadas de torreones cuadrangulares que, además de contribuir a la defensa del lugar, también sirvieron de contrafuertes para reforzar la estabilidad de la construcción.

El carácter efímero del amurallamiento andalusí supondría a corto plazo problemas estructurales que debieron ser resueltos  con la construcción de torreones que ayudaran a sostener la estructura. Hacia el oeste, los afloramientos de granito facilitaron el apoyo del cerramiento del recinto superior sin ncesidad de estos torreones resultaron imprescindibles para su estabilidad, dotándose en algunos casos con refuerzos de piedra al pie de los mismos.

La muralla se construyó en tramos escalonados para adaptarlos a los desniveles del cerro para poder contar con una superficie sobre la que asentar el tapial.

Las murallas de construteron con zócalos de piedra de poco de 1 m de altura, y una anchura de 1,70 m sobre la que levantaban encofrados de tapial (solo conservados en el lateral oeste de la muralla).

Los torreones, que en muchos casos se adosan a la cara exterior de la muralla, sirvieron para sostener su fábrica en las zonas de la ladera mas inclinadas. Por este motivo, solo hay una torre en el flanco oeste y cuatro en el este.

Fuente
Carteles informativos
 

Castillo de Monreal

Nombre: Castillo de Monreal, Castillo de Carabanchel, Castillo de la Vega

Localidad: Dosbarrios

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Ruina

Visita: Libre

Localización: N39° 49.677′ W3° 32.740′

El castillo de Monreal se encuentra situado en un cerro a las afueras de la localidad de Dosbarrios, siendo su construcción fechada entre los siglos XI y XIII. Ya en 1205 se documenta su existencia, con el nombre de Caravanchiel, cuando Alfonso VIII lo cedió a la Orden de Santiago para completar su línea defensiva al sur del Tajo. Al amparo de la fortaleza nació un pueblo que ya existía en 1214 con iglesia propia, acogido al fuero de Ocaña y que cambió su nombre por el de Monte-Reyal.

En el siglo XIV fue cedido con la vega aneja a él al pueblo de Dosbarrios por el comendador santiaguista. Despoblado el caserío, ya en el XV, quedó abandonado el edificio, del que en el XVIII se podía ver aún la plaza de armas y el foso. (1)

Los castillos de Monreal, Oreja, Alboer y Alharilla formaron parte de la línea defensiva que los Almohades poseían en Toledo para defenderse de los avances cristianos, donde fueron constantes de forma alternativa sus conquistas y reconquistas.

La línea defensiva en estas latitudes estaba formada por las fortalezas de La Guardia, Monreal y Huerta de Valdecarábanos.

La posición privilegiada y estratégica donde se encuentra la fortaleza, se divisa el resto de la provincia de Toledo hacia el sur, y podríamos decir que también parte del norte de Ciudad Real. Militarmente, poseer este castillo daba una gran ventaja para poder controlar la zona.

 En 1809, durante la batalla de Ocaña contra los franceses, el brigadier José Zayas se sostuvo en la plaza de Monreal. Tras la toma de Ocaña por los soldados de Girard y de Desolles, Zayas tuvo que retirarse con sus tropas, retrocediendo ordenadamente hasta Dosbarrios, donde los franceses los apresaron y quemaron la villa. (2)

Era de planta casi triangular, para adaptarse al cerro donde se asienta. Quedaba hasta hace poco una torre semicircular, medio derruida, dos naves alargadas y una entrada en codo, cubiertas con bóvedas, así como un aljibe.

Su estado es de ruina avanzada, quedando un masijo de escombros, debido a que sus piedras fueron arrancadas para la construcción de una gran casa de labranza en la vega inmediata. (1)

Fuente

1 www.castillosnet.org

2 www.exprimehistorias.wordpress.com

 

Castillo de Peña Negra

Nombre: Castillo de Peña Negra, Castillo de Peñas Negras, El Padastro

Localidad: Mora

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N39° 40.750′ W3° 43.755′

La Crónica de Alfonso VII (ed. 1997: 109-110) relata los sucesos ocurridos en la comarca de Mora entre 11 38 y 1139:

«Pero después de algunos años el rey Azuel (al-Zubair ben Umar) de Córdoba, Avenceta, rey de Sevilla, y los demás reyes y príncipes, tras reunirse una gran multitud de caballeros y peones que había en el territorio de los agarenos, llegaron de nuevo a las ciudades de Toledo, causaron muchos estragosy muchos males en Escalona y en Alamín y tomaron el castillo llamado Mora por negligencia de Munio Alfonso. Fue negligencia, digo, puesto que no lo tenía protegido con hombres y alimemos como convenía, y por esto lo tomaron los musulmanesy lo fortificaron con hombres valientes y provisiones.

Y los ejércitos de los moabitas y de los agarenos, cuando venían al territorio de Toledo o a sus ciudades, no demoraban nada allí excepto el combate de un solo día y de una sola noche, regresaban inmediatamente a su territorio por miedo al emperador y por los guerreros que habitaban en Avila, Segovia y toda Extremadura y por esto regresaban sin combatir.

Por su parte el emperador, al oír que Mora había sido tomada, marchó allí, construyó frente a Mora otro castillo mejor y mas firme, llamado Peñaa Negra, lo guarneció con caballeros, peones muy aguerridos y provisiones y lo entregó a un jefe militar cuyo nombre era Martín Fernández, quien diariamente hacia la guerra a los que estaban en Mora, hasta que el emperador l0 tomó. Pero después que los musulmanes tomaron Mora, Munio Alfonso se avergonzó y durante muchos días no se atrevió a presentarse ante el emperador, sino que se expuso a un gran peligro y con amigos guerreros de Toledo, Guadalajara, Talavera, Madrid, Avila, Segovia y otras ciudades no dejaba de hacer la guerra diariamente en el territorio de los moabitas y de los agarenos, hacia numerosísimas matanzas, incendios y saqueos, luchaba con muchos príncipes y caudillos de los moabitas y de los agarenos, los vencía y mataba y tomaba sus despojos».

De los diversos episodios que relata la Crónica de Alfonso VII se desprende que el nuevo castillo que en las inmediaciones de Mora erigió el Rey hacia 1139 ó 1140, y al que se nombra como de «la Piedra Negra», se trata de un verdadero padrastro- (un obstáculo, impedimento o inconveniente ‘que estorba hace daño en una materia. Tercera acepción de la palabra en el D.R.E.L.. Lo que términos fortificación, adquiere el significado de un castillo que «se sitúa en un punto dominante y a una distancia más o menos corta de hostigamiento desde el que puede combatirse a una posición, castillo o plaza, situada a una cota inferior> (MoRA-FIGUEROA, 1994: 153).

En el caso que tratamos, no cabe duda que el nuevo castillo de Piedra Negra que construye Alfonso VII, en una posición «mejor y mas firme» que el preexistente de Mora, hay que situarlo en la cota más alta del que hemos denominado como el Cerro de los Castillos, en su parte más meridional y, por tanto, contraria a la del cerro del Castillo de Mora, que se localiza al norte.

Para una mejor y más clara identificación del padrastro, la propia Crónica de Alfonso VII dice que el castillo de la Piedra Negra tiene como sobrenombre el de la Peña Cristiana. Es decir, que se sitúa en una peña o piedra de color negro, que podría derivar de los sombríos riscos de cuarcita constitutivos del cerro. Y para una definitiva diferenciación de los dos castillos situados a uno y otro extremo de un mismo cerro -el de los Castillos-, la misma Crónica contrapone el sobrenombre – la Peña Cristiana- de la nueva fortificación real con el nombre de la preexistente: La de la (Peña) Mora (Crónica del Emperador Alfonso VI, ed. 1997: 116-118).

Exactamente el padrastro de Piedra Negra/Peña Cristiana se levantó en la cota 965, en una posición 19 m más alta que la del castillo de Mora. De muy dificil acceso, se sitúa en un espacio no muy amplio, cabalgando entre las peñas y hendiduras de la roca, en el que aún hoy en día son perfectamente visibles los restos de varias estructuras defensivas y diversos muros y paredones que permitieron ampliar y acomodar el terreno para hacer posible una más o menos estable ocupación humana.

A este respecto y abundando en la identificación de los restos defensivos situados en el cerro de la cota 965 con el padrastro de Piedra Negra construido por Alfonso VII, la documentación bajomedieval es también muy clara pues a dicho cerro – ya sin ninguna función militar, como más adelante se verá- se le denomina como de Malvecino. Topónimo muy común en diversos lugares de Castilla y que no es otra cosa que el apelativo popular con el que la memoria local recuerda una posición que en un momento, casi siempre indeterminado, ejerció de padrastro. Dicho topónimo de Malvecino, en el caso concreto de Mora, se ha mantenido hasta hoy en día entre las personas de mayor edad.

Por otro lado, el interés de los restos arquitectónicos que constituyeron el padrastro de la Peña Negra, además de los históricos para con él mismo y para con la vecina fortaleza de Mora, reside en que es una de las escasísimas construcciones de la zona de la que se conoce de forma muy precisa cuando se levantó (año 1140) y cuando se mandó derribar (año 1224). A ello se añade su corta vida – alrededor de ochenta y cinco años-, con lo que, cualquier investigación que se pueda hacer sobre los restos y materiales aún existentes en lo alto del cerro se constituiría en punto de referencia para el conocimiento de diversas características de los modos y sistemas de construcción en la región, a caballo de los siglos XII Y XIII.

A lo largo del cerro de Malvecino, ajustándose e integrándose perfectamente en la casi absoluta angostura del espacio se encuentran los vestigios de lo que fue el padrastro de Piedra Negra. Desde una cota superior domina perfectamente el castillo de Mora, que se sitúa a sus pies.

Este padrastro, considerado como palatium en la Crónica de Alfonso Vil, estaba formado por dos pequeños conjuntos. En la parte más septentrional se distingue un pequefto recinto fortificado en tomo a dos torres de planta cuadrangular situadas a norte y sur, y en la que destaca la más meridional por donde se realizaba el acceso al castillete (Iám. 14). En el extremo sur del cerro, a una distancia de unos 15 m, se localizan los restos de lo que fue una torre aislada del recinto anterior, a modo de atalaya, que vigilaba el acceso principal al cerro por el sur y una posible agrura secundaria.

Los restos que aún quedan en pie de la obra de Alfonso Vil revelan de forma muy precisa el sistema de construcción de la época. Se presenta el llamado aparejo «toledano» , formado por cajones con hiladas de mampostería careada de cuarcita irregular y encintada con verdugadas de ladrillo. Se alternan los tipos A y A l diferenciados por J. M. Rojas y R. Villa (1999) en el aparejo «toledano» , con lo que se podría remontar en algunas décadas dentro del siglo xrr la datación propuesta por estos autores para el subtipo A l. Una característica que no es frecuente que vaya asociada a estos dos tipos de aparejo, y que es posible observar en algunos de los paramentos conservados, es la existencia de cajones no corridos. Es decir, interrumpidos por machones de ladrillos, que quizás fueron colocados así con la finalidad de dar una mayor fortaleza a la torre por los operarios musulmanes o cristianos toledanos- que trabajaban al servicio del Emperador. Por lo que hoy día se puede ver, la orden dada por Fernando III de demoler el padrastro de Piedras Negras no fue cumplida en su totalidad, pues quedaron parte de sus paramentos en pie. Sin embargo, la labor realizada fue suficiente para impedir una hipotética ocupación estable de la fortaleza, que era lo que en último término se pretendía con el derribo.

La posible recuperación del lugar y la habilitación de sus accesos, no solo es importante para comprender los avatares en que se vio envuelto el castillo vecino, sino que las vistas que desde el cerro de Piedras Negras existen de los restos fortificados de Mora y la comarca son una experiencia arquitectónica y paisajística de primer orden.

Fuente

Los Castillos y Palacios de Mora de Toledo. Manuel Retuerce Velasco Pedro Iglesias Picazo