Castillo de Peña Alba

Nombre: Castillo de Peña Alba

Localidad: Carreña

Comunidad: Principado de Asturias

Tipología: Yacimiento arqueológico

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N43° 18.714′ W4° 50.679′

En Asturias también hubo castillos en la Edad del Hierro, consistentes en torres situadas en lugares de difícil acceso, protegidas por fosos si bien institucionalmente tales castillos prerromanos eran muy diferentes de los medievales.

Las causas de la aparición o, mejor, retorno de estas construcciones defensivas en la Edad Media, fueron la fragmentación del territorio peninsular y la debilitación del podér central o superior. Lo mismo que el cese de su construcción o utilización específica tuvo, a su vez, por causas la unificación politica y territorial y el robustecimiento del poder rear. En este orden de cosas existe cierto paralelismo entre la Edad del Hierro y la Edad Media y entre la Epoca Romana y la Edad Moderna. Durante la Edad del Hierro, la población asturiana agrupada en tribus y gentilidades, se vio en la necesidad de protegerse particularmente en sus poblados y castillos; mas, tras la conquista rómana, el Imperio se encargó de esta función y las fortalezas se tornaron in ŭtiles. Con la llegada de los bárbaros y la Edad Media, al encontrarse otra vez la población insegura, se amurallaron ciudades y pueblas y se erigieron los castillos.

Cara sur de Peña Alba Croquis del castillo

Para el conocimiento de los castillos medievales asturianos existen dos clases de fuentes principales: escritas y arqueológicas.

Entre las fuentes escritas, pueden contarse los diplcimas cróriicas medievales, la epigrafía, la heráldica y toda clase de documentos y obras literarias. En este aspecto, Asturias es una región española privilegiada, pues para época tan lejana como los primeros siglos de la Reconquista, cuenta con una abundante documentación procedente de la cancillería real y de los monasterios, aparte de las crónicas cristianas y musulmanas. En tales fuentes, los castillos aparecen generarmente bajo las denominaciones de castrum, castellum o sus derivados. Pero no estará demás apuntar que tales voces poseen también otras acepciones, para no sufrir efectos de espejismo, como les ha ocurrido a algunos escritores regionales por desconocer que, a veces, estos vocablos aluden a sitios donde existen restos prerromanos y otras que, empleadas en sentido figurado, se refieren a ciertos accidentes topógráficos como picos, periascos y roquedales.

La arqueología podría informarnos sobre los castillos asturianos en muchos aspectos, pero aun no se ha ocupado de ellos. Estos llegaron a nuestros tiempos en estado diverso. Integros, ninguno. Los mejor conservados, como el de Priorio, restaurado con poca fidelidad histórica, maltrechos. De la mayoría no, quedan más que ruinas o vestigios, si no es que desaparecieron casi totalmente, como los de Noreria, Oviedo, Tineo, y otros. Las causas inmediatas de la ruina de los castillos fueron varias. Algunos ya habrán sido destruídos en las contiendas medievales. Otros, por disposición real para atajar las rebeliones de la nobleza. Los más en tiempos modernos por abandono al, cesar la razón de su existencia.

Torre  Sur Torre Norte

El examen de los restos de los castillos medievales asturianos permite distinguir entre ellos, de conformidad con lo expresado, castillos en sentido estricto, torres y atalayas, y casas fuertes. A diferencia de los castillos propiamente dichos, que constan de varias edificaciones o de una sola con varias dependencias y elementos defensivos, las torres, aunque contasen a veces con algún complemento para su defensa, no consistían más que en un edificio turriforme, valga la redundancia; al igual que las atalayas en las que es condición esencial su situación en puntos dominantes. Hay que ariadir que de cada clase de construcción defensiva, no existe en Asturias un tipo único sino varios, cuya cronología y distribución sería interesante determinar. En términos generales, deberá suponerse que en el transcurso del milenio medieval, hubo en Asturias, como en todas partes, cierta evolución en la técnica y en la tipología de los fuertes defensivos. Pero estos son aspectos cuya develación está reservada a la arqueología.

Sin embargo de lo expuesto, no hemos de contemplar los castillos medievales como simples construcciones defensivas cuyas características materiales agotan el objeto de su conocimiento, sino como determinantes de complejas instituciones que condicionaban muchas actividades y manifestaciones de la vida regional en los tiempos de su vigencia. De aqui la importancia del estudio de los castillos para la historia de la Asturias, medieval.

Vista aérea de la torre Interior de la torre, fábrica de mampostería

Peña Alba es, como indica su nombre, una peña blanca, con restos de un castillo, situada sobre Carreria, capital del concejo de Cabrales. Constituye un contrafuerte del macizo que accidenta la vertiente derecha del río Casario, afluente del Cares, que cae verticalmente al Sur del pueblo de Carreria sobre el cauce del río. Tiene 402 metros de altitud sobre el nivel.del mar, unos 250 metros de elevación sobre el río y 70 sobre el collado que lo une al macizo por su lado meridional. Su parte superior es un periascal calizo con una pequeña explanada.

El castillo estuvo emplazado en dicha explanada, en cuyo borde meridional, sobre el collado, existen restos de una torre, de la que se conservan sus muros hasta una altura de dos metros por el interior. Es de planta rectangular de 4 por 4,50 metros de lado aproximadamente y muros de unos 90 centimetros de espesor, construidos con sillares cuadrados asentados con argamasa de cal. En su lado oriental, por el exterior, se deja ver entre las zarzas un zócalo en la base del muro, de la misma estructura que éste.

Vista sur desde la torre Peña Alba de Poo de Cabrales

Joaquin Vilar Ferrán decia en 1921 que los restos de Perña Alba, que él denomina Cueto de Alba, eran de un castillo de los romanos. Lo mismo que mis informantes del lugar de Asiego, situado en lo alto de la vertiente opuesta, quienes ariaden que el castillo de Perialba se comunicaba subterráneamente con el del Tárano que existió sobre dicho lugar.

Los restos del castillo de Peña Alba de Carreria fueron reconocidos por el autor, acompañado de don José Alonso González, el 6 de julio de 1965.

Fuente

José Manuel González F. Valles. Vestigios de siete castillos medievales asturianos

Castillo de Soberrón

Nombre: Castillo de Soberrón

Localidad: Soberrón

Comunidad: Principado de Asturias

Tipología: Torre

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N43° 23.383′ W4° 45.245′

En Asturias también hubo castillos en la Edad del Hierro, consistentes en torres situadas en lugares de difícil acceso, protegidas por fosos si bien institucionalmente tales castillos prerromanos eran muy diferentes de los medievales.

Las causas de la aparición o, mejor, retorno de estas construcciones defensivas en la Edad Media, fueron la fragmentación del territorio peninsular y la debilitación del podér central o superior. Lo mismo que el cese de su construcción o utilización específica tuvo, a su vez, por causas la unificación politica y territorial y el robustecimiento del poder rear. En este orden de cosas existe cierto paralelismo entre la Edad del Hierro y la Edad Media y entre la Epoca Romana y la Edad Moderna. Durante la Edad del Hierro, la población asturiana agrupada en tribus y gentilidades, se vio en la necesidad de protegerse particularmente en sus poblados y castillos; mas, tras la conquista rómana, el Imperio se encargó de esta función y las fortalezas se tornaron in ŭtiles. Con la llegada de los bárbaros y la Edad Media, al encontrarse otra vez la población insegura, se amurallaron ciudades y pueblas y se erigieron los castillos.

Para el conocimiento de los castillos medievales asturianos existen dos clases de fuentes principales: escritas y arqueológicas.

Entre las fuentes escritas, pueden contarse los diplcimas cróriicas medievales, la epigrafía, la heráldica y toda clase de documentos y obras literarias. En este aspecto, Asturias es una región española privilegiada, pues para época tan lejana como los primeros siglos de la Reconquista, cuenta con una abundante documentación procedente de la cancillería real y de los monasterios, aparte de las crónicas cristianas y musulmanas. En tales fuentes, los castillos aparecen generarmente bajo las denominaciones de castrum, castellum o sus derivados. Pero no estará demás apuntar que tales voces poseen también otras acepciones, para no sufrir efectos de espejismo, como les ha ocurrido a algunos escritores regionales por desconocer que, a veces, estos vocablos aluden a sitios donde existen restos prerromanos y otras que, empleadas en sentido figurado, se refieren a ciertos accidentes topógráficos como picos, periascos y roquedales.

La arqueología podría informarnos sobre los castillos asturianos en muchos aspectos, pero aun no se ha ocupado de ellos. Estos llegaron a nuestros tiempos en estado diverso. Integros, ninguno. Los mejor conservados, como el de Priorio, restaurado con poca fidelidad histórica, maltrechos. De la mayoría no, quedan más que ruinas o vestigios, si no es que desaparecieron casi totalmente, como los de Noreria, Oviedo, Tineo, y otros. Las causas inmediatas de la ruina de los castillos fueron varias. Algunos ya habrán sido destruídos en las contiendas medievales. Otros, por disposición real para atajar las rebeliones de la nobleza. Los más en tiempos modernos por abandono al, cesar la razón de su existencia.

El examen de los restos de los castillos medievales asturianos permite distinguir entre ellos, de conformidad con lo expresado, castillos en sentido estricto, torres y atalayas, y casas fuertes. A diferencia de los castillos propiamente dichos, que constan de varias edificaciones o de una sola con varias dependencias y elementos defensivos, las torres, aunque contasen a veces con algún complemento para su defensa, no consistían más que en un edificio turriforme, valga la redundancia; al igual que las atalayas en las que es condición esencial su situación en puntos dominantes. Hay que ariadir que de cada clase de construcción defensiva, no existe en Asturias un tipo único sino varios, cuya cronología y distribución sería interesante determinar. En términos generales, deberá suponerse que en el transcurso del milenio medieval, hubo en Asturias, como en todas partes, cierta evolución en la técnica y en la tipología de los fuertes defensivos. Pero estos son aspectos cuya develación está reservada a la arqueología.

Sin embargo de lo expuesto, no hemos de contemplar los castillos medievales como simples construcciones defensivas cuyas características materiales agotan el objeto de su conocimiento, sino como determinantes de complejas instituciones que condicionaban muchas actividades y manifestaciones de la vida regional en los tiempos de su vigencia. De aqui la importancia del estudio de los castillos para la historia de la Asturias, medieval.(1)

La tradición asegura que los ro­manos, para batir a los difíciles astures, construyeron allí un «castillo roquero», aunque mas bien era un torreón de planta circular, del que todavía quedan vestigios arqueológicos, construído en mampostería.

El en verano de 2018 me encaminé en la busca de Castillo de Soberrón, una pequeña aventura, ya que los posibles senderos de acceso, se encuentran ocultos tras un inverno y primavera lluviosa en el norte peninsular. Conseguí llegar hasta la cima (cota 455) mas alta del cordal, gracias a las veredas del ganado, aunque me fue imposible acceder a la la peña donde estubo ubicada la torre. El año que viene lo volveré a intentar de nuevo.

Fuente

1 José Manuel González F. Valles. Vestigios de siete castillos medievales asturianos

Castillo del Pico Jana

Nombre: Castillo del Pico Jana, Picu’l Rey, Picu Las Torres

Localidad: Peñamellera Baja

Comunidad: Principado de Asturias

Tipología: Yacimiento arqueológico

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N43° 20.436′ W4° 34.078′

EL PICU JANA: UN ENCLAVE ESTRATEGICO EN EL ORIENTE DE ASTURIAS

El interés por el estudio de los restos arqueológicos del Picu Jana no es sólo el de su análisis individualizado co­mo una fortificación más, sino, y sobre todo, aquel que se deriva de su probable relación con otros enclaves de­fensivos del oriente de Asturias. Se enmarca, por tanto, en una investigación más ambiciosa que tiene por objeto el estudio de una línea estratégica, de un sistema defensi­vo, en sentido amplio, articulado entre los ríos Sella y De­va que comprende las torres de Picu Rales, Picu Soberrón y Picu Las Torres.

Nuestra investigación, paralizada en este momento, se inició con una primera prospección visual del conjun­to de las cuatro torres (Alvarez Estrada, F. y Moure Ferreiro, J.A., 1985) y ha continuado con la excava­ción completa del Picu Las Torres, en Llovio, y con una primera campaña de excavación en el propio Picu Jana.

El Picu Jana, también llamado “Picu’l Rey” o “Picu las Torres”, está situado en la Sierra de Cuera, entre las poblaciones de Narganes y Alevia, en el concejo de Peñamellera Baja. Con una altura de 608 metros sobre el nivel del mar, constituye el punto más elevado del extremo orien­tal de la Sierra del Cuera.

Excelentemente situado (sus coordenadas son 43° 20’ 35” N y 0o 53’ 10” W, de la hoja 32, Llanes, del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico y Catastral de Espa­ña, Ed. de 1943), domina la zona costera desde el concejo de Llanes hasta Comillas, incluidas las rasas prelitorales y litorales, y la cuenca media y baja del río Deva, que lo bordea por las laderas Sur y Este, hasta su desembo­cadura.

En las primeras prospecciones visuales que realiza­mos en el yacimiento observamos la existencia de una construcción de forma oval de unos 45 m. x 20 m. En el interior de este pequeño cinturón se apreciaban los restos de dos estructuras turriformes situadas en los ex­tremos NE y SO que apuntaban a una forma cuadra­da, aunque su estado de conservación (prácticamente están arrasadas, en particular la situada en el ángulo NE) no nos permitió determinar sus dimensiones. Am­bas fueron construidas con sillarejo de caliza de peque­ñas dimensiones, escasamente trabajado y unido con mor­tero de cal.

La torre situada en el ángulo NE domina toda la plata­forma costera, desde Llanes a Comillas, y desde la propia Sierra del Cuera hasta el mar; mientras que la situada en la punta SO lo hace sobre el valle que forma el cauce me­dio del río Deva, controlando el paso hacia el desfiladero de La Hermida y hacia Cabrales, cuya confluencia se en­cuentra en Panes.

La existencia de dos fosos en la ladera Oeste, la de más fácil acceso, confiere a este enclave, de carácter fundamen­talmente estratégico y de vigilancia, una impronta de­fensiva que se explícita en estos elementos de fortifica­ción.

El tercer elemento importante y llamativo es la existen­cia de un aterrazamiento de piedra, a modo de pequeña escalera, en el exterior del lienzo Sur del cinturón que en­globa a las dos torres. En su construcción, al igual que en el resto de las estructuras, se utilizaron sillares de cali­za de tamaño mediano, de factura más cuidada que la utilizada en las dos torres, sin que aparentemente se ob­servaran vestigios de utilización de algún tipo de mor­tero.

Vista desde la localidad de Nargana Pico Jana

En superficie recogimos varios fragmentos de cerá­micas medievales a las que atribuíamos una cronología entre los siglos XI y XIII dada su similitud con las apa­recidas en los niveles correspondientes a esa época en las excavaciones realizadas en la Catedral de Oviedo bajo la dirección de D. Emilio Olávarri y con otras cerámi­cas del área cántabra (Boñigas Roldán, R., 1986).

La existencia de estos elementos en el Picu Jana nos llevó a pensar en la posible relación de este enclave con otros núcleos estratégico-defensivos del oriente de Asturias (Picu Rales, Picu Soberrón y Picu Las Torres), en el sentido de que todos ellos podrían configurar un sistema defensivo articulado para esta zona. Por lo que se refiere a su situación y emplazamiento presentan una uniformidad clara; aparecen en zonas elevadas, en general cumbres escarpadas que dominan los valles de los ríos importantes de la zona. Las estructuras defen­sivas son sencillas y endebles: un pequeño cinturón amu­rallado y pequeños fosos en las laderas de fácil acceso. En todos los casos los topónimos ofrecen similitudes evidenciando connotaciones de carácter militar y forti­ficado (Las Torres, Picu Castiellu) y, en general, están rodeados de leyendas que se refieren a su origen regio o a la “época de los moros” (Picu Jana = Picu’l Rey, Picu Las Torres = Picu’l Rey…). Por último, también es semejante la ordenación del espacio interno, marca­do con la construcción de dos torres relacionadas, ex­cepto en el caso de Soberrón, encerradas en un recinto amurallado.

Nuestra intervención arqueológica, iniciada con la ex­cavación en Llovio del Picu Torres, se inscribe en la línea de determinar la existencia de este sistema articulado en la zona oriental asturiana.

El Picu Jana posee unas características morfológicas que lo convierten en el enclave básico para el conoci­miento de este sistema. De una parte, contamos con la existencia de un aterrazamiento de piedra en la parte ex­terior del cinturón amurallado con una configuración aparentemente distinta a la de las dos torres, tanto por el tratamiento y dimensión de los sillares empleados en su construcción, como por la aparente ausencia de mor­tero en la fábrica de las escaleras, lo que nos llevó a pensar en dos momentos de construcción: uno medie­val en el que se han construido las dos torres, fecha­das por la cerámica, y otro anterior que corresponde a las escaleras.

De otro lado, la toponimia parece haber “fosilizado” esos dos momentos. En este sentido, Fernández Ochoa (Fernández Ochoa, C., 1982, p. 320), siguiendo a la doc­tora Bobes (Bobes, C., 1960, 1961), alude a la “existencia de ciertos establecimientos de carácter religioso como Fano (Gijón), Fana (Colunga) y Pico Jana (Narganes, Peñamellera Baja) referidos a fanum=Templo”, lo que vendría a reforzar nuestra hipótesis inicial, con un posible origen romano.

Torre SO

El Picu Jana ha sido objeto de algunos trabajos a mediados de este siglo. En 1951 J. Carvallo presentó una comunicación al II Congreso Nacional de Arqueolo­gía, celebrado en Zaragoza, en la que relacionaba este enclave con otros castros y túmulos de Cantabria, atri­buyéndoles una cronología prerromana, tomando co­mo base su parecido a los castros gallegos (Carvallo, J., 1952, p. 303-308). Calderón de la Vara excavó parcial­mente esta fortaleza en 1948, y en 1971 publicó unas notas sobre su actuación (Calderón, V., 1968-71, p. 105-6). En ellas asigna al Jana un origen celta, y señala su im­portancia como “atalaya o punto de observación y vi­gilancia”. Más adelante añade: “los restos de una construcción que afecta forma triangular, se ven en el centro del castro”; nosotros solamente hemos podido observar una serie de manchas de argamasa sobre un afloramiento natural en el centro de la cima, pero la existencia de un Vértice Geodésico en ese punto no nos permite hablar con seguridad de una tercera cons­trucción.

Las labores propiamente arqueológicas fueron diseña­das para atender a dos cuestiones fundamentales: la natu­raleza del yacimiento, su cronología medieval y una posi­ble construcción anterior y la articulación de este estable­cimiento dentro del sistema defensivo al que hemos aludi­do antes.

El primer problema a resolver fue el de comprobar si existía alguna relación estructural entre la torre situada en el ángulo SO y la muralla que rodea toda la plata­forma del pico, dado que el arrasamiento de la torre no permitía diferenciarlas. Una vez excavado el área pudimos comprobar el carácter exento de la torre y que su cons­trucción se había realizado independientemente de la mu­ralla, a la que sólo aparece unida por el talud de los mu­ros Este y Norte, cuya función es la de asegurarlos y protegerlos.

La torre posee una planta irregular, que tiende al rec­tángulo, con ángulos distintos en cada una de las esqui­nas. Las dimensiones, tomadas en el habitáculo interno son las siguientes: Lienzo Norte = 215 cm„ Lienzo Este = 321 cm., Lienzo Sur = 208 cm., Lienzo Oeste = 217 cm.

Son unas dimensiones muy reducidas, en comparación con las que tienen las dos construcciones del Picu Las Torres de Llovio (Alvarez Estrada, F. y Moure Ferreiro, J.A. 1989); este tamaño nos lleva a pensar que seguramen­te responden a una ocupación no permanente, bien adaptada, sin embargo, a la función de vigilancia y se­ñalización. La construcción descansa directamente so­bre el lecho de caliza, sólo preparada por una débil ca­pa de cascotes y argamasa, lo que explica la necesidad de construir un talud para mantener la torre.

La relación entre la muralla y las torres interiores apa­rece mucho más diáfana en la torre situada en el ángulo NE del Jana. Aquí torre y muralla aparecen relacionadas en dos puntos: a) el lienzo Norte de la torre se superpone al trazado de la muralla, b) una plataforma de cimenta­ción une el trazado de la muralla con el muro Este de la torre.

Torre NE

Un sector importante para conocer la naturaleza de la fortificación era analizar el espacio delimitado por la muralla en la zona en la que fueron construidas las esca­leras.

Hay que destacar, en primer lugar, que no existe una evi­dencia clara de que la muralla, en este sector, tuviera un trazado rectilíneo en su cara interna (lam. 3). Es pre­maturo hacer una afirmación definitiva sobre este tra­mo; hay que apuntar, no obstante, que los hallazgos de cerámicas abundan sobre la capa de argamasa depo­sitada sobre la roca madre, en el espacio en forma de “U” que aparece diseñado entre los afloramientos y los primeros sillares importantes que se conservan “in situ”. Este dato nos hace pensar en que el relleno que existe corresponde a una etapa posterior a la construcción de la muralla, afirmación que mantenemos como hipó­tesis hasta tanto se pueda observar en correspondencia estratigráfica con otro sector. Parece claro que ha ha­bido un relleno desde las escaleras hacia el interior del espacio delimitado por la muralla, buscando el contac­to con los afloramientos naturales, y que esta prepara­ción acabó formando un pasillo al nivel de esos aflo­ramientos. Se puede observar cómo desde el perfil ex­terior de la muralla se han ido colocando grandes silla­res asentados con argamasa aparentemente sin seguir un trazado rectilíneo, para buscar el contacto con la ro­ca madre mediante un relleno de piedra menuda y ar­gamasa. En este relleno han aparecido abundantes res­tos de concha de ostra y una mandíbula de animal con restos de argamasa utilizados como aglutinante.

La secuencia estratigráfica que resultó en este sector es la siguiente:

  • Un nivel superficial de potencia variable; se trata del tapiz vegetal, con raíces y algunos fragmentos de cerá­mica.
  • Un nivel de piedra suelta, de tamaño mediano, con tierra de coloración negruzca.
  • Un nivel de relleno de piedra menuda, con abun­dantes restos de argamasa, con una coloración más cla­ra debido a la argamasa y con abundancia de cerámi­ca.
  • Un nivel de afloramiento de caliza de montaña.

En la zona externa de la muralla, a la altura de las esca­leras, la intervención arqueológica nos permitió contras­tar dos aspectos fundamentales: 1) que las escaleras, esto es, el aterrazamiento, fue construido y compactado con mortero, hecho que demuestra la homogeneidad de todo el conjunto y que parece eliminar la posibilidad de un momentó constructivo anterior al de época medieval, y 2) se trata de un sector fértil no sólo en cerámica, sino también en materiales metálicos, especialmente puntas de hierro.

La producción material que nos ha ofrecido la primera campaña de excavación en el Picu Jana está compuesta esencialmente por cerámica. No es extraño teniendo en cuenta que los asentamientos medievales asturianos exca­vados presentan equipamientos arqueológicos muy limi­tados; con más razón esa pobreza se manifiesta en cen­tros de ocupación como el que nos interesa ahora, cuya naturaleza estratégico-defensiva no exige un equipamien­to muy abundante y además debemos suponer que su ocu­pación no fue permanente.

Foso Vista superior del castillo

Hay que señalar que el estudio de la cerámica de esta primera campaña no nos ha permitido establecer relacio­nes unívocas entre grupos de materiales y niveles estratigráficos. Los rasgos más sobresalientes de la cerámica del Jana son los siguientes: 1) predominio de la utilización del torno bajo en la elaboración de las piezas, 2) no hay pre­dominio de un ambiente específico de cocción, manifes­tándose un equilibrio porcentual entre las cocciones oxi­dantes y las reductoras, 3) la tipología de las piezas es di­fícil de establecer teniendo en cuenta el escaso tamaño de los fragmentos aparecidos; están representadas las formas de olla, con diámetros en torno a los 15 cm. Destaca la ausencia de vertederas y pitos, que podría ponerse en re­lación a las formas de jarra, aunque esta se halla repre­sentada con un tipo de cuello alto y recto, y 4) existe una gran variedad de técnicas decorativas que abarcan los motivos pintados, estriados e incisos, con claro predo­minio de decoración estriada. Llama la atención el con­traste que existe entre la calidad y variedad de las decora­ciones y la escasa presencia de fragmentos significativos (Bordes, cuellos, asas, bases y pitos), hecho relacionable con la persistente depredación de la que fue objeto este yacimiento.

La cerámica pintada está representada únicamente por un fragmento. Se trata de una pieza cocida en un ambien­te oxidante. La decoración consiste en una sucesión de tra­zos de color ocre dispuestos oblicuamente respecto al eje de giro de la pieza. La presencia de este tipo de decora­ción es problemática; su aparición en las producciones ce­rámicas de los yacimientos medievales en el oriente de As­turias es muy limitada (un fragmento en el Picu Las To­rres, dos fragmentos en Tina Mayor). En otro momento relacionábamos su aparición en esta zona por la proximi­dad a Cantabria; sin embargo, la creciente presencia por­centual de esta decoración en la zona de Villaviciosa, y el hecho de que aparezca siempre relacionada siempre con piezas decoradas con estriado vertical, típico de Asturias, abre la posibilidad a que se pueda hablar de un desarrollo propio en nuestra región (Fernández Conde, J., 1989, 183-187). Es aventurado atribuirle una cronología preci­sa, pero por aproximación al área cántabra se la puede si­tuar entre el siglo XI y fines del siglo XII (Matesanz Vera, P., 1987).

La cerámica con decoración en estrías o peinada es la más frecuente en el Picu Jana. Presenta una gran varie­dad de subtipos, pero no es posible determinar, de momen­to, una relación directa entre ciertos tipos decorativos y las cocciones, ni tampoco entre éstos y las formas de so­porte. Sólo en un caso puede seguirse esa relación; corres­ponde a un tipo de decoración de peinado horizontal muy fino, asociado en todos los casos a ambientes de cocción oxidantes. Esta forma de asociación ya aparecía definida en la producción del Picu Las Torres de Llovio, aunque aquí la decoración alcanzaba también a piezas con coc­ción reductora con postcocción oxidante.

El estriado horizontal también aparece en cerámicas gri­ses, pero a diferencia de las anteriores poseen una sección de púa más ancha.

Es abundante la producción de cerámicas con decora­ción de estrías verticales o ligeramente oblicuas sobre pas­tas cocidas en ambiente reductor. Es una decoración am­pliamente difundida por Asturias, la más típica, sin du­da, y ha sido hallada en los contextos arqueológicos más variados. La cronología atribuible a estas piezas es alto- medieval y no parece razonable, en este momento, en el que los estudios de cerámica están comenzando en Astu­rias, precisar mucho más.

La decoración en retícula es una de las mejor represen­tadas dentro de la producción cerámica del Jana; una re­tícula formada por el cruce de estrías horizontales con otras verticales u oblicuas. Este tipo decorativo tiene también una gran difusión; aparece en la fortaleza de Peñe Manil en Cebia, Cangas de Onís (Martínez Villa, A. y Requejo Pagés, O., 1985, p. 332-346) y en el Picu las Torres, aun­que en esta última fortificación su presencia es residual dentro de la producción global, siendo mucho más nume­rosa la combinación de estrías horizontales y verticales que no llegan a cruzarse. El horizonte altomedieval define la presencia de este tipo de decoración, aunque está clara su prolongación hasta el siglo XIII en el ámbito leonés (Gu­tiérrez González, J.A. y Benéitez González, C., 1989, p. 221).

Aterrazamiento de piedra en la ladera norte

La decoración de acanaladura también está representa­da en el Picu Jana. Se trata de un único fragmento, reali­zado en una atmósfera oxidante, sobre una pasta muy gra­nulosa y con numerosos desgrasantes. No está muy claro si ha sido confeccionada a torno alto.

(c) Un tercer grupo decorativo está formado por cerá­micas que presentan ungulaciones, combinadas con ban­das decoradas con un estriado horizontal y por incisiones aplicadas sobre el cuello de la vasija. Este tipo de decora­ciones incisas es poco representativo de Jana y, contraria­mente a lo que ocurría en el Picu Las Torres donde las in­cisiones se aplicaban generalmente en las asas, se reservan a los cuerpos de las piezas. En esta línea, hay que destacar que las asas, en general de cinta, aparecen sin decorar. Por último en el apartado de las formas se puede afirmar que las bases son en todos los casos de forma plana.

Un segundo grupo de materiales aparecidos en el Picu Jana está compuesto por elementos metálicos. Se trata de un conjunto de cinco puntas de hierro, de sección cuadra­da, de 1 cm. de lado con un extremo afilado.

Como conclusiones provisionales podemos adelantar los siguientes puntos:

La configuración natural del pico basta por sí misma para explicar su función básica de vigilancia, ya que com­bina el control estratégico sobre el litoral del oriente astu­riano con el control de los pasos hacia el interior como ya hemos señalado más arriba. Esta situación natural se complementa con la construcción de dos torres en las es­quinas NE y SO que inciden en los espacios litoral e inte­rior que se pretende abarcar.

A este carácter estratégico se le ha querido dotar de una impronta defensiva con la construcción de la muralla y de los dos fosos en la ladera Oeste, la de más fácil acceso. Estos elementos no constituyen por sí mismos una barre­ra defensiva importante, pero se complementan con lo abrupto y escarpado del pico, resultando esta combina­ción un asentamiento prácticamente inexpugnable.

Hay que destacar que la obra de fábrica busca siempre una adaptación al medio físico; ello explica las distintas soluciones constructivas por las que han optado en la mu­ralla. en este sentido, se explica la construcción de las es­caleras por el interés en salvar el gran escarpe de la ladera sur del pico.

Nuestra hipótesis inicial que contemplaba la posibili­dad de un establecimiento anterior al medieval parece resuelta. En efecto, el topónimo Jana y el tratamiento cons­tructivo de las escaleras nos llevaron a pensar en una ocu­pación romana. Sin embargo, el estudio de este sector de la muralla ha revelado un tratamiento uniforme para todo el conjunto; la utilización de argamasas compac­tando los sillares y la aparición de cerámica en los tra­mos de las escaleras redunda en el carácter medieval del conjunto. Por otra parte, el equipamiento arqueológico, sobre todo cerámica, presenta un aspecto claramente me­dieval.

Un elemento a considerar es el de la relación del Picu Jana con el Picu Las Torres de Llovio, ya excavado por nosotros en 1986 y 1987. El primer hecho destacable es la similitud morfológica de ambos conjuntos, tanto en la con­cepción del espacio, como en la relación de las estructuras construidas (dos torres enmarcadas en un cinturón amu­rallado). La búsqueda de la máxima adaptación al medio físico no basta para explicar este hecho; creemos que es la naturaleza eminentemente defensiva y de vigilancia lo que mejor explica esta semejanza.

En esta misma línea, y por lo que se refiere a la produc­ción de cerámica hay que apuntar varios datos: 1) las for­mas básicas están constituidas por el binomio olla-jarra, 2) las decoraciones incisas son en los dos casos las más frecuentes y en ambas está presente la modalidad más es­pecíficamente asturiana de estrías verticales, y 3) el hori­zonte de Jana presenta un acusado predominio del uso del torno bajo en la elaboración de las piezas, frente a la ela­boración mayoritaria con torno alto en el Picu Las Torres de Llovio, lo que parece indicar un espacio cronológico más antiguo, más propiamente altomedieval para el Picu Jana.

 

Bibliografía

BOHIGAS ROLDAN, R.: Yacimientos arqueológicos medievales del sector central de la Montaña Cantábrica. A.C.D.P.S., Santander, 1986.
ALVAREZ ESTRADA, F y MOURE FERREIRO, J.A.: “Torres de vigilancia en la costa Oriental Asturiana”. I. C.A.M.E., Huesca, 1985.
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Fuente

Fernando Alvarez Estrada, J. A. Moure Ferreiro. EL PICU JANA: UN ENCLAVE ESTRATEGICO EN EL ORIENTE DE ASTURIAS

 

 

 

Castillo de Alcolea de las Peñas

Nombre: Castillo de Alcolea de las Peñas

Localidad: Alcolea de las Peñas

Provincia: Guadalajara

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Desaparecido

Visita: Libre

Localización: N41° 12.556′ W2° 47.005′

Alcolea de las Peñas es un municipio localizado al norte de la provincia de Guadalajara, junto al límite con la vecina provincia de Soria. La localidad de Alcolea de las Peñas, ha estado ocupado desde la prehistoria, ya que está documentado el asentamiento humano al menos desde el Calcolítico. Durante la Alta Edad Media va a tener un protagonismo significativo al formar parte de la frontera media de Al-Andalus. En las fuentes documentales de la época aparecen referencias a varias de las algaradas o razzias sobre este territorio por parte de los reinos cristianos, además Alcolea de las Peñas es un municipio localizado al norte de la provincia de Guadalajara, junto al límite con la vecina provincia de Soria. La localidad de Alcolea de las Peñas, ha estado ocupado desde la prehistoria, ya que está documentado el asentamiento humano al menos desde el Calcolítico. Durante la Alta Edad Media va a tener un protagonismo significativo al formar parte de la frontera media de Al-Andalus. En las fuentes documentales de la época aparecen referencias a varias de las algaradas o razzias sobre este territorio por parte de los reinos cristianos, además de enfrentamientos bélicos llevados a cabo en la frontera, muchas de ellas recogidas en la Crónica Silense, que derivan a su vez de una obra anterior, la Chronica de Sampiro.

Dentro de este contexto surge el aprovechamiento de la eminencia rocosa de Alcolea como punto fortificado, cuya función sería la de controlar el paso del valle del río Alcolea, itinerario secundario para alcanzar el valle del Henares, dejando de lado los puntos fortificados más importantes como Riba de Santiuste y Atienza, pues se trata de uno de los pocos pasos que permiten cruzar la sierra en sentido norte- -sur, esquivando el control de estos otros enclaves. Atienza, que según rezan las fuentes fue centro del poder andalusí en esta época, habría de ejercer el control de todos los pasos del entorno, sirviendo como primer  “cortafuegos” ante cualquier incursión norteña. Este control, y la posible dotación de estos enclaves, debió ser poco efectiva a juzgar por las diversas razzias antes comentadas.

El conjunto fortificado está localizado al este del casco urbano de Alcolea de la Peñas, configurándose como una eminencia de roca arenisca orientada hacia el valle del río Alcolea. Este punto fortificado, ofrece un alto nivel de control visual sobre el espacio circundante, al tiempo que supone un hito topográfico en el paisaje, ejerciendo su dominio sobre uno de los escasos pasos naturales de la sierra hacia el sur. La fortificación se compone de dos espacios diferenciados, uno exterior, localizado en la parte superior de la roca, y otro interior, horadado en el afloramiento de arenisca, bajo el primero.

Exteriormente se observa como todos los bordes de la roca han sufrido modificaciones para acentuar su verticalidad, lo que pone de manifiesto un objetivo predominantemente defensivo. En el ámbito de estas actuaciones sobre la roca encontramos en el lado oeste del conjunto un acceso escalonado orientado a la plataforma superior, que se interpreta como el ingreso primitivo, ya que el otro acceso existente, que es directo al espacio interior, se ha efectuado en época contemporánea. La plataforma superior del conjunto está caracterizada por la localización de diversos sistemas de apoyo de construcciones de  tipo perecedero, fundamentalmente huellas para el encastre de grandes postes distribuidos a lo largo de los bordes exteriores del afloramiento, fundamentalmente en su lado occidental. La función de estos postes sería la de servir como apoyos fundamentales de una empalizada de madera que, junto a otras obras construidas en mampostería, supondría elevar la capacidad defensiva del sitio. Los restos conservados de muros de mampostería son muy escasos, encontrándose los más antiguos sobre el borde este de la roca. Por otro lado también se conservan  modificaciones de la roca que han servido como cimentaciones para muros aparejados en mampostería. Además de las obras de compartimentación, tanto muros como empalizadas, cabría destacar en la superficie de la roca las “sendas” excavadas que permiten el tránsito por el borde exterior del conjunto. Además, una de estas sendas conduce al acceso histórico que comunica con el interior del conjunto fortificado.

El espacio interior se compone de dos niveles excavados en la roca, comunicados entre si por un corredor descendente. El nivel superior (Nivel 1) presenta una planta irregular compuesta de una gran estancia, desde la que parten varios pasillos: dos de ellos comunican este espacio con el exterior, mientras que un tercer pasillo desciende hacia el nivel inferior o Nivel 2, conocido como popularmente como “El Calabozo”. Este Nivel 2 está compuesto por una única estancia, de planta más regular y reducidas dimensiones, que presenta un único punto de luz, excavado en la pared de la estancia. De la misma manera, en el extremo opuesto, se abre un orificio en el suelo a modo de letrina.

La adcripción cronología altomedieval para este conjunto se fundamenta tanto el topónimo Al-qula’ya, (diminutivo de al-qal’a, castillo o fortaleza), que relaciona este enclave con el periodo andalusí, documentado por las fuentes y otros hallazgos arqueológicos. También se puede fundamentar esta cronología en la razón de ser de esta fortificación en este lugar determinado, puesto que su clara funcionalidad se adivinaría obsoleta a partir de que esta zona dejara de ser fronteriza a partir de finales del siglo XI, al no existir a priori la necesidad de proteger y fortificar todos los pasos norte-sur y, en especial, un paso secundario como este.

En cuanto a su tipología y sus aspectos constructivos, como ocurre con todos los ejemplos de edilicia rupestre, es difícil hacer aproximaciones, puesto que la adaptación de la construcción a los recursos disponibles es crucial y condiciona enormemente la configuración de tipologías. Existen otros sitios de tipología similar localizados fundamentalmente en el Alto Aragón que, sin ser exactamente iguales, ya que carecen de fases subterráneas, presentan características análogas que apoyan esta aproximación cronológica.

Fuente

Enrique Daza Pardo. (2013): “La Cárcel de Alcolea de las Peñas (Guadalajara): un ejemplo de fortificación semirrupestre”

 

Castillo de Huete

Nombre: Castillo de Huete, Alcazaba de Wabda, Castillo de Luna

Localidad: Huete

Provincia: Cuenca

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización: N40° 08.866′ W2° 41.656′

El castillo de Huete, también denominado alcazaba de Wabda y castillo de Luna, es un castillo medieval, al noroeste de la ciudad española de Huete (Cuenca) y al oeste del barrio de Atienza de dicha localidad. Ocupa lo que fue un importante enclave geoestratégico desde el que se domina una amplia zona hasta la sierra de Altomira al oeste, desde el valle del Mayor hasta las alcarrias de Sacedón hacia el norte, la entrada hacia la serranía conquense al este y los primeros cerros de la Manchuela al sur.

Es un castillo de cerro, de tipo alcazaba y de planta rectangular muy alargado, siguiendo la forma de norte a sur del mismo cerro sobre el que se asienta. Para su construcción se utilizó piedra en sillarejo, quizás aprovechando también el material de la antigua ciudad romana de Opta (cerro Albaráñez). Se rodeó de quince torreones y se alzó un decimosexto intramuros. La torre sureste, restaurada en parte en el siglo XX, fue la mayor de la alcazaba con una altura de unos 12 metros y un diámetro de unos 22. Los muros que surgen de la torre principal ostentaron otras torres emirales (siglo IX) y califales (siglo X) menores, de unos 4 metros de altura y 3 de profundidad, formadas por tizones con talud de tres escalones en sus partes inferiores. De la torre situada al norte partiría la muralla con cinco torres que rodearía la población hasta enlazar con el extremo sur del castillo.

En su interior se asientan cinco silos y un aljibe de unos 25 m² de superficie dividido en dos compartimentos.

Restos de la Edad de Bronce hallados en la zona dan cuenta de un posible asentamiento prerromano en la zona. Claudio Ptolomeo citaba en su Geografía un asentamiento celtibero a la que denominó Istonium, siendo una de las posibles ubicaciones de este castro celtibero el cerro de Alvar Fáñez.

En el siglo VI a.c., los romanos situaron en su cima Julia Opta (en castellano actual, ‘recinto fortificado’ o ‘plaza fuerte’, dando constancia al carácter fortificado del asentamiento) del cual aún queda algún resto. Este asentamiento romano tuvo cierta importancia debido a la explotación del yeso especular, muy abundante en la comarca.

La decadencia de Roma lleva al gobierno a los visigodos a finales del siglo V d.c., que poco dejaron legado en la antigua Opta.

Ya en el siglo VIII los bereberes llegan a la antigua Julia Opta y sobre sus restos Al-Mutamid, rey taifa de Sevilla, funda en el siglo IX Wabda (en el castellano actual ‘río’ o ‘valle’, dando referencia al valle del río Borbotón hacia el que se extiende Huete) y se levanta la alcazaba sobre el cerro de Álvar Fáñez.

Es en 1150 -las crónicas de la época datan en el 19 de julio- cuando Wabda cae en manos cristianas de manos de las tropas del rey Alfonso VII de Castilla. Se daría entonces lugar a la ubicación actual de Huete, cuyo poder se disputarían los Castro y los Lara en 1164, recayendo la batalla en favor de los últimos. La alcazaba sufre reformas a lo largo de este siglo X y queda convertida en el castillo de la Luna. Todavía este castillo tendría un último cometido en 1174 cuando los almohades sitiaron a Huete en el castillo, donde el pueblo resistió produciendo así la huida de los sitiadores.

El desplazamiento al sur del frente de batalla entre los reinos cristianos y los musulmanes dejó en un segundo plano, por inutilidad, el castillo de Huete cayendo en el incipiente abandono en el cual se encuentra en la actualidad.

El castillo de Huete es de propiedad municipal y de acceso libre a través de un ancho camino que sale desde la parte más alta del barrio de Atienza y que concluye en la cima del cerro, donde se sitúa el monumento del Sagrado Corazón de Jesús asentado sobre un gran pilar realizado con piedras extraídas del propio castillo. Tan solo quedan algunos muros en pie, restos de la muralla que circundaba el pueblo y el torreón reconstruido en el extremo sureste, así como algunas dependencias en su interior correspondientes a silos, aljibe y canalizaciones.

Fuente

Artículo obtenido del artículo de Wikipedia Castillo de Huete en su versión del 26 de Mayo de 2018, por varios autores bajo la Licencia de Documentación Libre GNU.