Castillo de Molina de Aragón

Nombre: Castillo de Molina de Aragón

Localidad: Molina de Aragón

Provincia: Guadalajara

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Ruina consolidada

Visita: Horarios

Localización: N40 50.761 W1 53.180

El castillo de Molina de Aragón, esta situada en el municipio del mismo nombre, asentada en la falda del monte que se eleva por encima de la población y el valle del río Gallo. El origen de esta fortaleza se remonta a un alcázar que levantaron los andalusíes sobre un antiguo castro celtibérico entre los siglos X y XI, y en el que situaron su residencia los reyes que gobernaban esta taifa. El historiador árabe Ibn al-Atir habla del «caíd Ibn Galbun» como defensor de Córdoba ante su ataque por parte de Alfonso VII de Castilla. Este caíd Ibn Galbun, evidentemente, se ha relacionado con el Abengalbón del Cantar de mio Cid, de quien se dice que «tiene» a «Molina» y se le describe como amigo y colaborador en empresas bélicas del Cid delCantar, con el título de «alcaide».

Situado en un lugar estratégico para dominar los caminos entre Aragón y Castilla, fue lugar de disputas, hasta que definitivamente fue arrebatado a los andalusíes por Alfonso I de Aragón en el año 1129, que lo entregó a la familia de los Lara. Desde esta fortaleza los Lara gobernaron en el territorio y la villa de Molinahasta finales del siglo XIII. Luego pasó a ser señorío de los reyes de Castilla al casarse doña María Lara con Sancho IV de Castilla. Durante casi dos siglos mantuvo cierta independencia de sus señores, y la villa de Molina a medida que fue haciéndose más grande fue más cuidada por sus señores, que fueron añadiendo elementos al castillo, hasta que finalmente la quinta señora, doña Blanca de Molina, acabó de darle el tamaño y el aspecto actual.
Es el castillo más grande de los que quedan actualmente en Guadalajara, situado en una ladera que domina el valle, posee una muralla exterior, con numerosas torres de defensa, que rodea el perímetro y que protege la fortaleza propiamente dicha. El castillo interior llegó a tener ocho torres, de las que se conservan restos de dos y otras cuatro en buen estado. Estas torres están comunicadas por un adarve almenado. El acceso principal posee un arco de medio punto con una torre a cada lado.(1)
  • Torre y Puerta del Reloj, acceso al recinto exterior.
  • Puerta de Hogalobos.
  • Iglesia de Sta. María del Collado.
  • Puerta de Caballos.
  • Torre de Veladores.
  • Torre de Armas.
  • Torre del homenaje o de Dña. Blanca.
  • Puerta del Campo.
  • Acceso al recinto interior.
  • Torre Cubierta o de los Caballeros.
  • Puerta de la Traición.
  • Marcas de cantero.
  • Otros signos lapidarios.
Castillo de Molina 7
La fortaleza dispone de dos recintos: el exterior o albacara de grandes proporciones, 80×40 m., defendido por diversas torres almenadas y el interior, donde se alza el castillo con seis torres, cuatro en buen estado o restauradas.

El recinto exterior dispone de cinco puertas de acceso: la de la Traición al norte, la de Caballos al sur, la del Campo al este y las puertas de la Torre del Reloj y Hogalobos al oeste. Además de estas existen otras en la muralla que rodeaba la ciudad medieval, como las de Medinaceli, Baños, Valencia y del Puente.

El acceso al recinto exterior de la fortaleza se efectúa por la puerta de la torre del Reloj y al interior, después de atravesar el patio de armas, por la puerta situada en la torre de Veladores en el lado suroeste del recinto interior; junto a esta se encuentran alineadas la torre central o de las Armas y la torre del homenaje o de doña Blanca en el sureste. En la muralla norte se halla la torre Cubierta o de los Caballeros.

Según los antiguos cronistas el alcázar llegó a tener ocho torres, pero sólo cuatro quedan hoy en pie y en relativas buenas condiciones, todas ellas comunicadas entre sí por un adarve protegido de almenas. En la parte media de la colina aparecen las tres que se encuentran frente a la ciudad: la torre del centro es la de las Armas, la que mira al sudoeste, frente al coso, la de Veladores, y la que forma vértice de un ángulo entre la torre Cubierta o de los Caballeros, al norte, y la de las Armas se la llama torre del homenaje o de doña Blanca. En estas torres, que poseen algunos subterráneos abovedados, se abren balcones y ventanas, en los que se marco rudimentariamente el arte arquitectonico propio del siglo XIII.

Entre estas cuatro torres y otras tres más caídas ya por los años y las guerras se encuentra la gran plaza de Armas, con edificios a propósito para acuartelar varias compañías de soldados. Los espacios entre las torres están unidos por fortisimas murallas almenadas. En su muro norte estaba adosado el palacio de los condes, y en la parte sur se encontraban las caballerizas, cocinas, habitaciones de la soldadesca, cuerpos de guardia y calabozos.
El recinto externo de la fortaleza, lo que podríamos denominar albácar de la alcazaba, o campo de armas, es muy amplio. En tiempos de doña Blanca albergaba un barrio entero, en el que se incluía la llamada cueva de la Mora. Alrededor del conjunto había un profundo foso con algunos puentes levadizos.

Desde la torre Cubierta (llamada así porque se ha constituido su cresta por tejado moderno), y en dirección al barrio de la Soledad, el terreno va descendiendo bastante, y sobre él hay una muralla, interrumpida por varios torreones, ya en ruinas, entre los que se destaca una de tipo árabe, de construcción anterior al resto.

Luego la muralla se inclina hasta la torre del Reloj, castillete avanzado que, al arruinarse, fue restaurado en parte para colocar el reloj de la población. Desde esta torre y en trozos amurallados de distintas épocas abarcando una gran extinción de la ladera meridional siguen las murallas hasta volver a enlazar con la torre de los Veladores.

En lo más alto del cerro se levanta la torre de Aragón, una torre que es por si sola una fortaleza, y que se mantenía conectada al castillo principal a través de una coracha subterránea en zigzag, cuya traza aún se observa hoy perfectamente.

El recinto exterior del castillo contaba de cuatro puertas de acceso: la del Campo, la actual Torre del Reloj, la de La Traición, situada en el murallón norte y la del Puente levadizo. (2)

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Fuente
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1 Artículo obtenido del artículo de Wikipedia Castillo de Molina de Aragón en su versión del 24 de agosto de 2016, por varios autores bajo la Licencia de Documentación Libre GNU
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Torre de Aragón

Nombre: Torre de Aragón

Localidad: Molina de Aragón

Provincia: Guadalajara

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Torre

Estado: Bueno

Visita: Exterior

Localización: N40 50.867 W1 53.143

Es una torre de planta pentagonal alta y fuerte, con varios pisos, rodeada por recinto rectangular de murallas. Estaba unida al castillo o alcazaba por un camino cubierto o coracha subterránea, en zigzag, cuya traza aún se observa hoy perfectamente.(1)

Es uno de los edificios más altos que se levantan en la Edad Media castellana, 30 metros mide desde el nivel del suelo hasta la terraza. Con los sistemas de ataque practicados en la época de su construcción, aquel bastión era inexpugnable. A pesar de diversas batallas y ataques sufridos, nunca ningún ejército pudo conquistar la Torre de Aragón.(2)

Construida, sobre un primitivo castro celtíbero, dominante del valle del río Gallo por los árabes, que en ella fundamentaron la esencia de un reino taifa, pero con su personalidad propia. A mediados del siglo XI, cuando el Cid Campeador pasa por aquellas alturas, en su camino desde Burgos hacia Valencia, le recibe Abengalbón, rey moro de Molina, y le alberga en su castillo-palacio, posiblemente en esta misma torre.

Tras la reconquista del territorio, por parte del rey aragonés Alfonso I el Batallador, y de su paso a pertenencia de la familia Lara, que aquí fundamentan su señorío, en la primera mitad del siglo XII, esta torre sería reconstruida.

Probablemente fuera el rey don Ramiro de Aragón quien iniciara esta construcción, con idea de fortificar y dominar el paso de su reino al de Castilla, pues sólo con ese edificio bastaba para sus fines. Pero con seguridad sería el primer conde, don Manrique, y desde el momento -año 1129- de su asentamiento defini­tivo como señor de Molina, comenzó a levantar torres y murallas.

Sus descendientes, los condes don Pedro, don Gonzalo y doña Blanca, se dedicaron a reforzarlo e ir completando detalles. Esta última, quinta en la lista de los señores molineses, puso su energía bien patente en mu­chas actividades de la ciudad del Gallo. Fundó templos y construyó mo­nasterios. Peleó cuando hizo falta y no cejó en la tarea de engrandecer a Molina y su territorio por todos los medios a su alcance.

El elemento superior de la fortaleza, la torre de Aragón, auténtica torre albarrana de este alcázar, fortín singular por sí mismo, es lo más antiguo de todo el castillo. De planta pentagonal, apuntada hacia el norte, guarda tres altos pisos unidos por escalera y coronados por terraza almenada. Se rodea por un recinto externo de alto murallón, y se comunicaba con el castillo por una sinuosa coracha o túnel, ya hundido y hoy con visos de trinchera. La silueta inmensa, coloreada de rojizos sillares en cada una de sus múltiples esquinas, de este alcázar medieval, es un estandarte magnífico que puede llevar la tierra molinesa como explicativo de su historia.

Su capacidad defensiva es pareja a la función de vigía. Es curioso señalar que su planta pentagonal no se corresponde con su interior, que tiene cuatro paredes. Esto significa que el fragmento de torre que mira al norte-nordeste, el que apunta hacia Aragón, y que está peor defendido por tener frente a sí las llanuras de la Sexma del Campo, está construido en forma de proa, muy macizado y por lo tanto resistente a los bombardeos.

La torre, hoy convertida en “Centro de Interpretación” del conjunto de la alcazaba, se rodea de un alto muro que la convertía en “donjon” de estilo francés. Se penetra a ese recinto interior, que puede recorrerse en todo su trazado, descubriendo además elementos aparecidos durante la restauración: niveles salvados mediante escaleras de piedra, subida al adarve almenado, horno para cristal, acequias talladas y otros curiosos detalles que nos hablan claramente de la historia de la torre, en la que fueron protagonistas los Lara, pero que también sufrió avatares durante las guerras fronterizas con Aragón, en la Guerra de la Independencia, que fue ocupada por el ejército de Napoleón, y en las guerras carlistas.

El interior, al que se accede hoy por su auténtico portón de entrada, aunque en épocas de guerra solo podía entrarse a través del orificio abierto en el primer piso, por medio de escalas móviles de mano, es un delirio espacial, por el asciende, entramada en madera, la escalera que con sus 78 escalones nos permite subir a la terraza.

Fuente

1 www.castillosnet.org

2 www.herreracasado.com

Muralla de Molina de Aragón

Nombre: Muralla de Molina de Aragón
Localidad: Molina de Aragón
Provincia: Guadalajara
Comunidad: Castilla La Mancha
Tipología: Muralla
Estado: Bueno
Visita: Libre
Localización: N40 50.691 W1 53.343

El origen de la fortaleza de Molina de Aragón es el alcázar que los árabes levantaron sobre un antiguo castro celtibérico, y en el que situaron la sede de los reyezuelos del territorio taifa molinés. Sus jefes, como Hucalao, Aben hamar y Abengalbón, resuenan en algunas crónicas árabes de la época. Este último fue gran amigo del Cid Campeador, alojando al guerrero burgalés en sus caminares de exilio entre Castilla y Valencia.

El territorio molinés fue conquistado a los árabes por Alfonso I el Batallador de Aragón, en el año 1129. La disputa del territorio, elevado y frío, despoblado casi por completo, pero estratégico en el dominio de los caminos entre Aragón y Castilla, quedó finalmente para Castilla, y su señorío fue entregado en régimen de behetría a la familia de los Lara.

Estos magnates constituyeron en Molina de los Caballeros un fuerte núcleo poblacional al que concedieron un Fuero, promulgado en el año 1154 por su primer conde, don Manrique de Lara. Se creó un poderoso Común de Villa y Tierra, organización propia de la Castilla meridional, cuya cabeza territorial era Molina, sede del señorío, de las instituciones, de los representantes, del mercado, etc., y protegida por una muralla que fue creciendo a partir de la segunda mitad del siglo XII.

El gobierno de los Lara sobre el territorio y la villa de Molina duró hasta finales del siglo XIII. Luego pasó a ser señorío de los reyes castellanos por la boda de su señora, doña María con Sancho IV.

Las fortalezas molinesas, que han permanecido a lo largo de los siglos muy entero y sin necesidad de restauraciones especialmente llamativas, fueron protagonistas de múltiples batallas, tanto en la Edad Media como en la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas.

Además de haber servido de refugio al Empecinado, y sufrido un incendio violento toda la ciudad en 1810 por orden del general francés Roquet, en 1875 el castillo molinés tuvo que soportar el asalto y destrucción de parte de sus murallas por una fuerte columna de carlistas comandada por el general Vallés. Tras haber servido de cuartel durante todo el siglo XIX, la fortaleza de Molina quedó vacía desde principios de nuestro siglo.

A partir del enorme recinto exterior de la alcazaba de Molina, la muralla se fue extendiendo para abarcar la ciudad que progresivamente aumentaba hasta el río Gallo, partiendo de la torre del Vigía cercana a la torre del Reloj, siguiendo por el llamado Castil o Castillo de los Judíos, y descendiendo hasta la puerta del Baño para llegar a la antigua casa de la comunidad del Señorío.

Varias puertas daban acceso a la población. Fueron destruidas en el último tercio del siglo pasado y se denominaban del Reloj, Cabras, Mogalobos, Ruedas, Baño, Río, Chorro, Valencia y Calatayud o Real.

Sus muros están aprovechados en algunos edificios modernos y son interrumpidos por el paso de la carretera que va por el norte de la población.

Al final de las calles Larga y Samaria, camino de la ermita de la Soledad se encuentra el torreón de Medinaceli, construido para proteger la puerta del mismo nombre. Siempre estuvo aislado, ya que nunca se concluyó la muralla que debería haberlo unido con el resto del recinto fortificado. Su planta es rectangular y presenta construcción similar a la Torre de Aragón, con sillares de piedra rodena en esquinas. En la parte superior hay un amplio arco apuntado de estilo gótico.

Lienzos aislados de muralla del antiguo cerco pueden verse a lo largo de la calle de la armería al pie de las llamadas Peñas de Santa Hibrada, y algunos restos ya muy recompuestos en las paredes que separaban las huertas de Adarve.

Cerca del Reloj, y a un lado de la carretera, asombra ver el grueso de las murallas que allí existen volados con pólvora por los franceses en 1810, y que permanece inclinados y compactos sin que el estrépito y violencia de la explosión consiguiera destrozarlos en pequeños trozos.

Al pie de la Torre del Reloj, puede observarse también una obra de los tiempos del dominio de los romanos o quizás de más remota antigüedad, en los peñones que sirven de base a aquella y a las murallas. Estos peñones están cortados a pico y formando escalones para ascender a otras fortalezas, que los siglos hicieron desaparecer y sobre los que en la Edad Media se edifico toda la inmensa obra de fortificación que se admira en la actualidad.

Aún pueden verse restos de estas antiguas murallas y torreones a la entrada de lo que llaman el barrio Judío, la puerta Ahogalobos y la torre de Medina, cerca del puente romano, aunque quedan escasos restos, algunos de ellos aprovechados en algunos edificios modernos.

Fuente

www.aache.com