Castillo de Peña Negra

 

 

Nombre: Castillo de Peña Negra, Castillo de Peñas Negras, El Padastro

Localidad: Mora

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

 

Tipología: Castillo

Estado: Vestigios

Visita: Libre

Localización:

 

La Crónica de Alfonso VII (ed. 1997: 109-110) relata los sucesos ocurridos en la comarca de Mora entre 11 38 y 1139:

«Pero después de algunos años el rey Azuel (al-Zubair ben Umar) de Córdoba, Avenceta, rey de Sevilla, y los demás reyes y príncipes, tras reunirse una gran multitud de caballeros y peones que había en el territorio de los agarenos, llegaron de nuevo a las ciudades de Toledo, causaron muchos estragosy muchos males en Escalona y en Alamín y tomaron el castillo llamado Mora por negligencia de Munio Alfonso. Fue negligencia, digo, puesto que no lo tenía protegido con hombres y alimemos como convenía, y por esto lo tomaron los musulmanesy lo fortificaron con hombres valientes y provisiones.

Y los ejércitos de los moabitas y de los agarenos, cuando venían al territorio de Toledo o a sus ciudades, no demoraban nada allí excepto el combate de un solo día y de una sola noche, regresaban inmediatamente a su territorio por miedo al emperador y por los guerreros que habitaban en Avila, Segovia y toda Extremadura y por esto regresaban sin combatir.

Por su parte el emperador, al oír que Mora había sido tomada, marchó allí, construyó frente a Mora otro castillo mejor y mas firme, llamado Peñaa Negra, lo guarneció con caballeros, peones muy aguerridos y provisiones y lo entregó a un jefe militar cuyo nombre era Martín Fernández, quien diariamente hacia la guerra a los que estaban en Mora, hasta que el emperador l0 tomó. Pero después que los musulmanes tomaron Mora, Munio Alfonso se avergonzó y durante muchos días no se atrevió a presentarse ante el emperador, sino que se expuso a un gran peligro y con amigos guerreros de Toledo, Guadalajara, Talavera, Madrid, Avila, Segovia y otras ciudades no dejaba de hacer la guerra diariamente en el territorio de los moabitas y de los agarenos, hacia numerosísimas matanzas, incendios y saqueos, luchaba con muchos príncipes y caudillos de los moabitas y de los agarenos, los vencía y mataba y tomaba sus despojos».

De los diversos episodios que relata la Crónica de Alfonso VII se desprende que el nuevo castillo que en las inmediaciones de Mora erigió el Rey hacia 1139 ó 1140, y al que se nombra como de «la Piedra Negra», se trata de un verdadero padrastro- (un obstáculo, impedimento o inconveniente ‘que estorba hace daño en una materia. Tercera acepción de la palabra en el D.R.E.L.. Lo que términos fortificación, adquiere el significado de un castillo que «se sitúa en un punto dominante y a una distancia más o menos corta de hostigamiento desde el que puede combatirse a una posición, castillo o plaza, situada a una cota inferior> (MoRA-FIGUEROA, 1994: 153).

En el caso que tratamos, no cabe duda que el nuevo castillo de Piedra Negra que construye Alfonso VII, en una posición «mejor y mas firme» que el preexistente de Mora, hay que situarlo en la cota más alta del que hemos denominado como el Cerro de los Castillos, en su parte más meridional y, por tanto, contraria a la del cerro del Castillo de Mora, que se localiza al norte.

Para una mejor y más clara identificación del padrastro, la propia Crónica de Alfonso VII dice que el castillo de la Piedra Negra tiene como sobrenombre el de la Peña Cristiana. Es decir, que se sitúa en una peña o piedra de color negro, que podría derivar de los sombríos riscos de cuarcita constitutivos del cerro. Y para una definitiva diferenciación de los dos castillos situados a uno y otro extremo de un mismo cerro -el de los Castillos-, la misma Crónica contrapone el sobrenombre – la Peña Cristiana- de la nueva fortificación real con el nombre de la preexistente: La de la (Peña) Mora (Crónica del Emperador Alfonso VI, ed. 1997: 116-118).

Exactamente el padrastro de Piedra Negra/Peña Cristiana se levantó en la cota 965, en una posición 19 m más alta que la del castillo de Mora. De muy dificil acceso, se sitúa en un espacio no muy amplio, cabalgando entre las peñas y hendiduras de la roca, en el que aún hoy en día son perfectamente visibles los restos de varias estructuras defensivas y diversos muros y paredones que permitieron ampliar y acomodar el terreno para hacer posible una más o menos estable ocupación humana.

A este respecto y abundando en la identificación de los restos defensivos situados en el cerro de la cota 965 con el padrastro de Piedra Negra construido por Alfonso VII, la documentación bajomedieval es también muy clara pues a dicho cerro – ya sin ninguna función militar, como más adelante se verá- se le denomina como de Malvecino. Topónimo muy común en diversos lugares de Castilla y que no es otra cosa que el apelativo popular con el que la memoria local recuerda una posición que en un momento, casi siempre indeterminado, ejerció de padrastro. Dicho topónimo de Malvecino, en el caso concreto de Mora, se ha mantenido hasta hoy en día entre las personas de mayor edad.

Por otro lado, el interés de los restos arquitectónicos que constituyeron el padrastro de la Peña Negra, además de los históricos para con él mismo y para con la vecina fortaleza de Mora, reside en que es una de las escasísimas construcciones de la zona de la que se conoce de forma muy precisa cuando se levantó (año 1140) y cuando se mandó derribar (año 1224). A ello se añade su corta vida – alrededor de ochenta y cinco años-, con lo que, cualquier investigación que se pueda hacer sobre los restos y materiales aún existentes en lo alto del cerro se constituiría en punto de referencia para el conocimiento de diversas características de los modos y sistemas de construcción en la región, a caballo de los siglos XII Y XIII.

A lo largo del cerro de Malvecino, ajustándose e integrándose perfectamente en la casi absoluta angostura del espacio se encuentran los vestigios de lo que fue el padrastro de Piedra Negra. Desde una cota superior domina perfectamente el castillo de Mora, que se sitúa a sus pies.

Este padrastro, considerado como palatium en la Crónica de Alfonso Vil, estaba formado por dos pequeños conjuntos. En la parte más septentrional se distingue un pequefto recinto fortificado en tomo a dos torres de planta cuadrangular situadas a norte y sur, y en la que destaca la más meridional por donde se realizaba el acceso al castillete (Iám. 14). En el extremo sur del cerro, a una distancia de unos 15 m, se localizan los restos de lo que fue una torre aislada del recinto anterior, a modo de atalaya, que vigilaba el acceso principal al cerro por el sur y una posible agrura secundaria.

Los restos que aún quedan en pie de la obra de Alfonso Vil revelan de forma muy precisa el sistema de construcción de la época. Se presenta el llamado aparejo «toledano» , formado por cajones con hiladas de mampostería careada de cuarcita irregular y encintada con verdugadas de ladrillo. Se alternan los tipos A y A l diferenciados por J. M. Rojas y R. Villa (1999) en el aparejo «toledano» , con lo que se podría remontar en algunas décadas dentro del siglo xrr la datación propuesta por estos autores para el subtipo A l. Una característica que no es frecuente que vaya asociada a estos dos tipos de aparejo, y que es posible observar en algunos de los paramentos conservados, es la existencia de cajones no corridos. Es decir, interrumpidos por machones de ladrillos, que quizás fueron colocados así con la finalidad de dar una mayor fortaleza a la torre por los operarios musulmanes o cristianos toledanos- que trabajaban al servicio del Emperador. Por lo que hoy día se puede ver, la orden dada por Fernando III de demoler el padrastro de Piedras Negras no fue cumplida en su totalidad, pues quedaron parte de sus paramentos en pie. Sin embargo, la labor realizada fue suficiente para impedir una hipotética ocupación estable de la fortaleza, que era lo que en último término se pretendía con el derribo.

La posible recuperación del lugar y la habilitación de sus accesos, no solo es importante para comprender los avatares en que se vio envuelto el castillo vecino, sino que las vistas que desde el cerro de Piedras Negras existen de los restos fortificados de Mora y la comarca son una experiencia arquitectónica y paisajística de primer orden.

Bibliografía

Los Castillos y Palacios de Mora de Toledo. Manuel Retuerce Velasco Pedro Iglesias Picazo

 

Castillo de Mora

Nombre: Castillo de Mora, Castillo de Mora la Vieja, Castillo de Peña Mora

Localidad: Mora

Provincia: Toledo

Comunidad: Castilla La Mancha

Tipología: Castillo

Estado: Ruina

Visita: Libre

Localización: N39 40.944 W3 43.864

 

El castillo de Mora se yergue sobre un alto y áspero cerro rocoso, largo y estrecho, a unos 3 kilómetros al este de la localidad de Mora. Es un importante e histórico castillo, quizá el más fuerte de toda la provincia de Toledo por su situación roquera, y que sirvió de eficaz defensa de Toledo y su tierra en los azarosos días del rey Alfonso VII. Fue construido en el siglo XII por orden de éste rey, siendo su alcaide Munio Alfonso, jefe de la milicia toledana que desde él lucho reiteradamente contra los almorávides, quienes lo apresaron en una emboscada enviando su cabeza a Córdoba y su cuerpo a su esposa.

Este castillo sustituyó al otro anterior, árabe y del que no queda nada, situado probablemente en el casco urbano de la villa, muchísimo menos fuerte que el actual y varias veces conquistado y perdido.

Fue dado como dote por Alfonso VIII a su esposa Leonor de Inglaterra, y cedido poco después a la Orden de Santiago, junto con la villa, formando una encomienda. Siguió siendo de la Corona pero se cedió su tenencia, aunque no su propiedad, a Don Francisco de Rojas, señor de Mora y Layos. Tras de servir de prisión de Estado varias veces por su gran seguridad, se dice que aquí estuvo preso César Borgia, fue donado al Ayuntamiento de Mora.

El castillo de Mora es de planta irregular y se alza sobre un alto y áspero cerro rocoso, largo y estrecho, que resulta inexpugnable por el oeste, donde se abre un curioso postigo por el que se puede bajar desde el castillo a través de un pozo que tiene una escalera de caracol, y de la que hoy apenas quedan tres peldaños.

El recinto principal cuenta en su centro con la torre del homenaje, que lo divide en dos partes, hoy incomunicadas. También en el recinto principal hay restos de una atalaya en el sur, y en el norte, al final del alargado patio, restos de otra torre. La mayor parte de la zona este del recinto principal está separada del patio de armas del segundo recinto por un estrecho foso excavado en la roca. En la muralla que separa los dos recintos hay un postigo que debió tener un puente levadizo, pues está abierto sobre dicho foso.

La torre del homenaje es de planta cuadrada y tuvo al menos dos pisos. En su lado este estuvo la puerta, de la que hoy sólo queda una escalinata.

El recinto exterior está formado por un patio de armas alargado limitado por un antemuro con varias torres, del que quedan escasos restos. Este recinto posee una puerta al norte, abierta sobre grandes peñascos, y otra puerta más pequeña al sur, cerca de la escalinata que conduce al primer recinto. En la plaza de armas hay una entrada a un túnel, hoy tapado, que conducía a las estancias subterráneas.

Al sur, el ‘buque’ que forma el alargado castillo termina en una atalaya.

Aunque el conjunto estaba muy destruido y sus materiales originales posiblemente hayan sido reutilizados en otro lugar, al menos los de sillería, en los últimos años la Asociación del castillo de Peñas Negras ha estado trabajando en su recuperación a través de un Plan Director, y según informa Martín Lázaro, vicepresidente de la Asociación Castillo de Peñas Negras, las campañas de recuperación van viento en popa, varias escuelas taller han pasado ya por él y la Junta de Comunidades se ha comprometido a que haya una próxima edición de esta escuela.

La torre del homenaje está en plena restauración, y se pueden realizar visitas concertadas al castillo y a la localidad de Mora.

Bibliografía

www.castillosnet.org

Castillo de Mora y de Peñas Negras. Diferencias

Cortesía de Pedro Casas

Cortesía: Un dron en la mochila