Fortines de Pinto

Información
Nombre: Fortines de Pinto
Batalla: Jarama
Localidad: Pinto Bando: Nacional
Zona: Arroyo Culebro
Tipología: Nidos de metralladoras, trincheras, refugios, pozo de tirador, observatorios, fortines de artillería…
Provincia:
Estado: Yacimiento arqueológico
Comunidad: Madrid Visita: Libre
Mapa
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Historia y descripción

El dos de Noviembre de 1936, la Guerra tocaba las puertas de Pinto. La casualidad había querido que fuera precisamente esa efeméride: un Día de Difuntos. Sin duda, un gesto macabro del Destino que premonizaba lo que deparaba el futuro.

Fueron días terribles aquellos de noviembre de 1936. El recién creado Ejército Popular de la República trataba vanamente de detener el avance de las tropas franquistas. Lo había intentado en Seseña cuatro días antes, pero sus tanques habían sido detenidos por un ingenio que los españoles tuvimos el dudoso honor de inventar: la bomba incendiaria, que más tarde rebautizarían otros como “cóctel Molotov”.

Aquel lunes dos de noviembre el ejército franquista traído desde África parecía imparable. Algunos incluso dijeron que invencible. Los muros de la Ciudad Universitaria de Madrid se ocuparían de desmentirlo apenas una semana después.

Para Pinto, sin embargo, ya era demasiado tarde. Entre las brumas de la mañana dos grupos de siluetas atravesaban sigilosamente las calles del pueblo: los legionarios se infiltraban por la calle Torrejón, los regulares marroquíes lo hacían por el camino del cementerio. Comenzaba de esta manera una ocupación que transformaría para siempre Pinto: durante los dos años y medio siguientes en nuestra localidad se concentrarían, vivirían y lucharían miles de combatientes que habrían de decidir la Guerra en los campos de batalla de Madrid. Lo harían directamente desde Pinto unos meses después, en una ofensiva que pronto se transformaría en un hito de la Historia bélica, una cruenta batalla que tomaría su nombre de un río.

El 24 de enero de 1937 amanece bajo una lluvia torrencial. Las tropas franquistas forman en las calles de Pinto en medio del aguacero: está a punto de desencadenarse una gran ofensiva. El General Varela, al mando de la operación, ha instalado su puesto de mando en la Torre de Éboli: un observatorio formidable para supervisar el avance y dirigir el fuego de la artillería. Sin embargo esa mañana la cortina de lluvia es tan densa que impide toda visibilidad. A pesar de ello, se ordena el avance. En vanguardia van quince tanques Panzer I. Detrás de ellos, los Tabores de Regulares de Ifni-Sáhara y de Alhucemas –los mercenarios “moros” que tanto pavor provocaban entre la población civil-. Su objetivo: tomar al asalto Cabeza Fuerte. Allí, en las posiciones que conservan los republicanos, esperan el Sargento Moreno y sus hombres armados con una ametralladora. Contemplan angustiados el avance del enemigo. A su pelotón, encuadrado en la 48ª Brigada Mixta, se le había encomendado defender este importante vértice.

Sin embargo, no llegan siquiera a disparar sus armas. Desde sus trincheras pueden ver como hombres y caballos del enemigo se hunden en el barro hasta las rodillas, y sus carros de combate, al intentar escalar la pendiente del promontorio, patinan y se atascan en el terreno gredoso de sus laderas. Peor aún es la situación de las pesadas piezas de artillería que se hunden profundamente en los campos de labor pinteños. A los franquistas no les queda otro remedio que posponer la ofensiva. Entre los olivos de la cumbre de Cabeza Fuerte, el sargento Moreno respira aliviado. Por unos días, la lluvia ha dado una tregua a la República.

Para el día 6 de Febrero de 1937 el tiempo ha mejorado: ya no llueve y los campos pinteños han empezado a secarse. La tregua que dio la lluvia hace unas semanas ha llegado a su fin. La Brigada franquista al mando del Coronel Ricardo Rada comienza también su avance desde Pinto. En vanguardia, como ocurriera en la operación fallida del día 24 de enero, van 15 tanques Panzer I al mando del Capitán José García. Detrás de ellos, tres batallones de infantería. Hay concentrados en los pueblos de Pinto y Valdemoro más de 20.000 hombres. El plan de operaciones franquista es ambicioso: avanzar hasta la orilla del río Jarama, cruzarlo y, una vez afianzada la cabeza de puente, proseguir hasta Alcalá de Henares y cerrar el cerco sobre Madrid.

Pinto es un hervidero de tropas, carros de combate, artillería y jinetes impacientes por lanzarse al ataque. A las 8 de la mañana dan comienzo las operaciones: desde Pinto parten los escuadrones de caballería seguidos por la infantería. Al mando, el Comandante Eduardo Sáenz de Buruaga –abuelo del periodista Ernesto Sáenz de Buruaga-. El avance de la caballería es arrollador. De poco sirven las trincheras excavadas por la 48ª Brigada Mixta frente a Pinto y cuyos restos todavía actualmente podemos encontrar. Los hoy en día bucólicos caminos de Los Almendrillos, de Valdeciervos, de La Loba, sirven entonces de corredores para la frenética galopada de la caballería. Los jinetes, en una de las últimas cargas de caballería de la Historia, llegan rápidamente a las inmediaciones del viejo caserío de Gózquez. Aquí empiezan los contratiempos para los atacantes. Batallones de infantería de la 23ª Brigada Mixta cierran el acceso apostados en unas lomas –donde hoy en día se siguen encontrando restos de munición de aquel combate-. La artillería franquista, que ha seguido a la brigada, y que ya se encuentra emplazada junto a las ruinas de la Casa del Platero, bombardea a los republicanos mientras la caballería desborda el caserón. Poco pueden hacer finalmente los hombres de la 23ª. Antes de darse cuenta, la Bandera de Falange de Marruecos ya ha ocupado Gózquez y comenzado el registro de los numerosos pasillos, salones y bodegas que esconde el gran caserón. En lo más profundo de una de estas bodegas, los falangistas toman prisioneros a once republicanos. No han tenido tiempo siquiera de replegarse. La Batalla del Jarama ha comenzado.

Tomando como eje el camino del Higueral, los franquistas toman el vértice Cabeza Fuerte sin encontrar apenas resistencia. La reducida y aislada guarnición republicana que lo defendía lo abandona precipitadamente.

Los franquistas siguen avanzando utilizando ahora como eje principal el camino de los Hornos (actual carretera al vertedero). Los soldados de la 48ª Brigada Mixta continúan retrocediendo y pierden sucesivamente las posiciones del Puerto de las Dos Caras y del arroyo de Pascual Domingo. Sin embargo se hacen fuertes en las trincheras que dominan el cruce con la carretera de Perales del Río a S. Martín de la Vega. Al llegar allí, a los hombres de la 48ª se les unen los de la 19ª Brigada Mixta.

El combate es durísimo a pesar de la abrumadora superioridad de los franquistas. Algunos soldados republicanos son arrollados por los tanques antes de abandonar sus puestos. Cuando no pueden aguantar más la posición, los republicanos se retiran, esta vez ordenadamente, hasta las casas del poblado de La Marañosa. Allí los combates continúan. Se lucha casa por casa. Las bajas son muy numerosas en ambos bandos. Entre las de los franquistas, cae herido en los campos de Pinto un alférez, de nombre Jaime Miláns del Bosch, que décadas más tarde protagonizaría la intentona golpista del 23-F. Al final del día, y con la ayuda determinante de la aviación, que bombardea y ametralla a los republicanos, los franquistas sofocan los últimos focos de resistencia del poblado. Para entonces, decenas de vidas se habían quedado ya para siempre en el camino de Pinto a La Marañosa.

7 de Febrero de 1937. El día anterior las tropas de vanguardia franquistas habían tomado el vértice Cabeza Fuerte en los primeros compases de la batalla del Jarama. Ahora, la unidad encargada de afianzar la importante posición y establecer en ella un centro de resistencia es el Tercio de Requetés “El Alcázar”. Sus miembros -voluntarios de ideología tradicionalista carlista ataviados con sus inconfundibles boinas rojas-, emplazan rápidamente una batería de 4 cañones Schneider 75/28 que desde este importante vértice batirían las líneas republicanas ubicadas frente a ellos. Además, reforzando la importante posición, colocan 2 cañones anticarro Pak 35/36 de 37 mm. Estos cañones de origen alemán -y ejemplo de la valiosa ayuda proporcionada por la Alemania Nazi al bando franquista-, tendrían como cometido frenar los ataques de los poderosos tanques republicanos T-26B de origen soviético. Sin embargo, en los días siguientes el Tercio “El Alcázar” tiene que trasladarse a La Marañosa donde detiene–a costa de altísimas bajas- los violentísimos contrataques republicanos en toda esa zona.

Otro grupo de voluntarios carlistas es entonces el encargado de sustituirles en Cabeza Fuerte: el Tercio de Requetés “Cristo Rey”. Es justo en el momento en que estos voluntarios juran bandera, el día 14 de febrero, cuando Cabeza Fuerte sufre un importante bombardeo artillero. Lo que en un principio no iba a ser más que una sencilla ceremonia, se transforma en cuestión de segundos en un infierno de explosiones. Así era el Jarama: una batalla en la que no se daba ni un momento de respiro a los combatientes.

Hoy en día, transcurridos 78 años desde entonces, se conservan en este hermoso paraje –el punto de mayor altitud de Pinto y con unas vistas espectaculares- cuatro imponentes fortines de hormigón y numerosas trincheras que nos permiten trasladarnos imaginariamente hasta esas fechas en las que los “boinas rojas” esquivaban las bombas entre los olivos de Cabeza Fuerte.

Todos los ejemplares de fortines están colocados en disposición divergente alrededor de la cota que defienden, ubicados a media altura. Cuentan con un cuerpo cuadrado grande, con acceso posterior en el que desembocaba directamente un ramal de la trinchera principal, rematado con un muro semiesférico frontal en el que se emplaza una gran tronera que abarca más de cien grados de amplitud. El interior es amplio, despejado y carece de banqueta para la ametralladora y de hornacinas para el material.

 

Bibliografía

www.lavozdepinto.com