La Cava de Garcinarro

Información
Nombre: La Cava de Garcinarro, El Corral de los Moros, El Castillejo
Tipología: Oppidum
Localidad: Garcinarro
Estado: Yacimiento arqueológico
Provincia: Cuenca
Visita: Información
Comunidad: Castilla La Mancha
Localización: N40° 14.627′ W2° 45.783′
Mapa
Historia y descripción

La Cava es un yacimiento arqueológico multifásico de 12 hectáreas de extensión que tuvo su primero ocupación hace 4.000 años, durante la Edad del Bronce (entre el 2.500 y el 1.000 a.C.) cuando los asentamientos en la Península Ibérica se caracterizaron por levantarse sobre cabezos o colinas de difícil acceso, muchos de ellos con fortificaciones. La Cava se ubica en lo alto de un cerro cuyo frente occidental resulta casi inaccesible, conformando una excepcional línea defensiva desde la que se puede controlar visualmente una amplia zona, con la Sierra de Altomira al fondo, y dominar el paso natural que unía el interior con la Submeseta sur, lo que fue una de las principales vías de comunicación peninsular. Durante las segundas excavaciones realizadas en 2015 se encontraron restos de la muralla y otras estructuras.(1)

De casi ocho hectáreas, se convirtió, como dicen los expertos, “en una serie de cápsulas del tiempo”. Cuando las han abierto, los arqueólogos han desenterrado el más espectacular edificio íbero que se conoce: una edificación completa de tres estancias y de más de tres metros de altura. “Hasta donde sabemos, y seguimos investigando, no conocemos nada igual. Pensemos que habitualmente lo que solemos descubrir en este tipo de yacimientos son restos de muros realizados con piedras o adobes, que en raras ocasiones superan el metro de altura”, explica el director de las excavaciones, Miguel Ángel Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. Mar Juzgado, arqueóloga del equipo de Valero, añade: “Desconocemos lo que vamos encontrar en esta campaña, porque no hay nada igual con qué compararlo”.

A principios de esta década, el entonces alcalde de Garcinarro, Antonio Fernández Odene, insistía una y otra vez ante las Administraciones en que a las afueras de su pueblo “había algo”. Nunca obtuvo una respuesta hasta que Valero se fijó en aquel extraño punto que aparecía en la carta arqueológica (documento secreto donde se señalan los posibles yacimientos de una zona) y le prestó atención. Comenzaron las excavaciones en 2014 y la sorpresa fue mayúscula: un batiburrillo de culturas que habían ocupado un cerro estratégico de las comunicaciones norte-sur del centro peninsular, sobre un cortado de más de 60 metros de altura.

Cazoletas

En una planicie superior adyacente al yacimiento arqueológico, hay un campo de unas 8.000 cazoletas, pequeñas cavidades de distintos tamaños horadadas por el hombre en la roca, que son consideradas grabados rupestres del mismo periodo. Este paraje tiene la mayor concentración de España, seguido de Galicia, con solo 500, aunque por ahora se desconoce cuál era su utilidad, aunque su presencia refuerza la hipótesis del santuario, pues posiblemente formaban parte del ritual de ofrendas de sus habitantes, por ahora los arqueólogos no han sabido determinar cuál era su utilidad.

Estancias

Durante la Edad del Hierro (400-450 a.C.), en época celtíbera, cuando se construyó la parte más importante del yacimiento. Las primeras excavaciones e investigaciones dirigidas entre diciembre de 2013 y mayo de 2014 por el arqueólogo Miguel Ángel Valero, sacaron a la luz la acrópolis retallada en la roca y, en concreto, un monumental edificio singular tripartito datado en el siglo IV a.C. Está formado por tres estancias cuadrangulares de unos 40 metros cuadrados, independientes pero comunicadas entre sí por un pasillo también retallado y con un parapeto en la parte de poniente que lo separa del precipicio. Gracias a su talla prácticamente inalterada a lo largo de 2.500 años y al óptimo estado de conservación de los objetos encontrados, los investigadores creen que posiblemente estas salas fueron utilizadas como lugares de culto, almacenamiento y sacrificio en lo que probablemente fuera un gran santuario.

La entrada a cada una de ellas, en algunos casos escalonada, se sitúa en el lado oeste, buscando una intencionada orientación solar, hecho que cobra mayor relevancia en la estancia localizada al sur, la de mayores dimensiones y posiblemente destinada al culto. En esta, durante la puesta de sol del 30 de abril —cuando los celtas celebraban la Fiesta de Beltane—, la franja de luz que penetra por la puerta de acceso cuadra exactamente con el altar situado frente a ella (ver Actividades).(1)

El interior de las salas está rodeado de hornacinas y piletas y en los suelos se distinguen varios hogares y hasta las huellas de una mesa.(2)

Ha esta estancia se accedía a través de una puerta pétrea con dintel y su muro sur estaba presidido por una gran hornacina de más de un metro de altura. El dintel posiblemente estaba agujereado en su centro, y a través de esta hendidura los rayos inundaban la sala e incidían sobre la hornacina, donde los íberos pudieron colocar alguna divinidad. Posiblemente, un movimiento sísmico provocó la caída del dintel, que cayó por el enorme cortado que bordea el río de la Vega y que protege el edificio por el norte. Los arqueólogos creen que lo encontrarán. (2)

Fosos

En la parte más baja del yacimiento se descubrió dos fosos de 70 metros de largo y unos 7 en su parte más elevada, posiblemente de carácter defensivo.

Contenedores y hogares

Un siglo más tarde esta construcción fue abandonada, posiblemente a causa de un terremoto, y no fue reutilizada hasta época romana y después visigoda, como un lugar de recogimiento de los eremitas vinculados al cercano Monasterio Servitano de Cañaveruelas. En la parte superior se han encontrado contenedores y hogares con cenizas pertenecientes a esta época y, dado que no vaciaron el contenido de las estancias y dejaron todo el estrato de materiales in situ, estas han servido como una cápsula del tiempo. Además, se ha documentado en las estancias que contaban con mayor cota de alzado exhumado, una nueva ocupación a principios del siglo XX, como zona de hábitat asociada al cobijo agrícola.

En las últimas de 2019 han aparecido nuevas construcciones de época íbera en la parte superior, junto a los restos de la Edad del Bronce. Según los arqueólogos probablemente fueron utilizadas para el almacenamiento, dados los numerosos restos de cerámica y otros objetos encontrados, aunque sus moradores posiblemente se llevaron otros tantos con ellos cuando se marcharon.(1)

Bibliografía

1 www.lacavagarcinarro.com

2 www.foroxerbar.com